La Acrobacia del Salmón

https://www.amazon.com/acrobacia-del-salm%C3%B3n-Spanish/dp/B084QL2ZTB

Amago1ra edicion Ernesto Fundora Hdez

NOTA DE SOLAPA. Por: Juana García Abás.


 

La acrobacia del salmón evoca sucesivas pérdidas con la euforia del desastre necesario a la destinación. En este universo entrópico, donde el cambio requiere de catástrofe, la alegría esencial es fundamento. Tal como el salmón simbólico trasunta las violentas corrientes aferrado al ímpetu que le otorga la libertad de lo inevitable, el autor expresa la persecución de ciertas epifanías inéditas que asoman a la complejidad de la intuición. Como en un viaje hacia lo cabal de lo humano, el autor asoma el oído a cierta magnitud que le susurra y nos impele a culminar el avatar de la esencia rota que somos, desgarrados entre lo que se desea y lo que se alcanza, entre el placer y el deber, entre la utopía, la distopia y la eutopía. Soñamos lo que pretendemos, asumiendo la fe en verdades que aún solo asoman en el verbo desafiante; nadamos contra remolinos de hierros y yerros, y nos descabalamos al asumir la elevación humana del periplo, pero nadamos. El viaje del salmón culmina en sus aguas originarias. La acrobacia del salmón prefigura, con la paradoja del contraste, esa prometida tierra hasta hoy diferida por tempraneras representaciones. Gracias a una bizarra catarsis, Fundora nos lanza a remontar nuestras aguas primigenias, mientras con heurística ironía nos hace sonreír.

 

PRÓLOGO . Por Rafael Pinto.


Una tesis poderosa (y prodigiosa) atraviesa este poemario contundente de Ernesto Fundora Hernández. Desde la sugerente idea que le da título, hasta el dubitativo “fin” que nunca termina. Se trata de un canto a la resiliencia, a las pieles posibles de un mismo ser, o a la conveniente tragedia en la que dialogan siempre el haz y el envés de las cosas.


Aquí hay filosofía, sí, vestida de cualquier época y color, como cónyuge sin género de cada verso. Uno viene a divertirse con lo bello y lo sabio en el mismo acto. Son poemas como el tiempo, pacientes e implacables, “para dejar atrás, obsoleto, tanto rito inservible de los hombres”.


Puede que algún lector llegue buscando su poema de empatías y resulte atrapado en otro, mordaz, ineludible. Si ocurre, dese el permiso de traicionar. Descubrirá que el pecado apenas es un código.


Poesía para aquellos que ya han entendido que cambiar de aguas no es heroico, sino vital. Con varias dedicatorias en singular, pero una en mayúsculas, global, para el humano cotidiano de cada vida, aquel que arriesga, por su naturaleza (y por su voluntad) y puede convertirse incluso en “domador de azares”.


En eso y sólo en eso consiste la bendita arrogancia de este libro: La acrobacia del salmón.