EL GEN DE LOS RAROS

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PALABRA DEL EDITOR AL LIBRO:  EL GEN DE LOS RAROS
Publicar un libro como EL GEN DE LOS RAROS no es solo un acto editorial, es también un gesto de complicidad con la literatura que desborda, que rompe moldes, que se alza indómita contra el bostezo y la pereza mental. Ernesto Fundora nos entrega un libro imposible de clasificar: un tejido de cuentos que arden con la extrañeza del barroco y otros laberintos, con la ironía de quien sabe mirar más allá de la apariencia y con la delicadeza feroz de un escritor que descompone el mundo en fragmentos para reescribirlo esta vez con la voz de los raros, de los que no se conforman, de los que viven con la herida abierta y la lucidez en llamas.
Como editor de Editorial Primigenios, creo en la fuerza de los libros que no se parecen a ningún otro, en las apuestas arriesgadas, en las escrituras que no caben en vitrinas ni se domestican en listas de mercado. Este es uno de esos libros: una constelación insólita de cuentos donde la imaginación y el rigor estético se dan la mano para ofrecernos un paisaje narrativo memorable.
En tiempos de monotonía y ruido, EL GEN DE LOS RAROS es un testimonio de que la buena literatura no pide permiso, no suplica asilo, irrumpe, sacude y se queda. Publicarlo es para nosotros un honor y también un acto de fe en la palabra que perdura, en la literatura como esa bestia rara que aún respira en mitad del caos.
RENÉ EDUARDO CASANOVA
Director de Primigenios  y escritor.
LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE  ERNESTO… FUNDORA
Alejandro González Acosta

La misma existencia de Ernesto Fundora supone un reto ontológico: ¿qué es? ¿poeta? ¿ensayista? ¿narrador? videoasta? ¿cineasta? … Y supongamos, concediendo sin aceptar, que lo resumamos todo en ese concepto que arranca desde el Renacimiento: un artista. Pero, inmediatamente surjen otras interrogantes: ¿es antiguo o moderno, atemporal o eterno? ¿clásico o barroco? Y a falta de una mejor aproximación, me atrevería a considerarlo aún más que barroco, y rebasando lo churrigueresco, pero contextualizado: el estilo que expresa (es decir, la manifestación de su personalidad mediante la escritura y la imagen) podría crear una clasificación especial para él, aunque él las desborda todas: es un artista rococó postmodernista.
La frondosa diversidad de los relatos que agrupa en este volumen, dan sólo una muestra aproximada de sus temas y motivos, pero no alcanzan todavía a compendiar su universo creativo, y aunque no podría decir que es un escritor “fácil”, me atrevo a prometer que aquel lector, más osado que curioso, que se sumerja en sus páginas, irá de sorpresa en asombro, y de pasmo en estupor.
Raro, en el tenor de la genética de sus personajes, Fundora sirve esta mesa con mucha audacia estética, aderezada por la impureza de sus vastas lealtades.