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DONALD TRUMP, EL HOMBRE DEL MOMENTO.

Por Ernesto Fundora. www.efundora.com

Publicado en Facebook el 7 Febrero 2025.

Donald Trump es el hombre del momento. Sin lugar a dudas, ha puesto a comer de su mano a todos sus adversarios: Demócratas moldeados por Kissinger, Depp State arropado por Rothschild y Rockefeller, Cybercracia de Silicon Valley glorificando al rey de las tecnologías ( Elon Musk), como también al resto de los Jázaros sionistas e illuminati. Con gallardía y aquietados modales ha arrinconado al zar Vladimir Putin y al payaso Zelenski, y ha confrontado en magistral ajedrez al emperador Xi jinping. Nada de esto es poca cosa. De los califatos Árabes y petroleros ha recibido adoración y sojuzgamiento, el solo Bin Salman le promete inversiones de más de 600 000 millones en USA, a lo que Trump le riposta que debe esforzarse y elevar la suma; a México lo tiene de rodillas provocándole un acto de genuflexión al estilo 4T, acorralándolo entre el muro comercial y los carteles del narcotráfico. Al perverso Foro de Davos se lo pasó por el arco del triunfo de la mano del estrafalario Javier Milei, y al exguerrillero Petro lo obligó a reverenciar, como a Netanyahu lo hizo socio de la desgracia genocida más cruenta del mundo moderno y tradujo la limpieza étnica de Gaza en una promesa más del sueño americano. Con no menos temblorina ha puesto en jaque a Panamá, Siria, La unión Europea, Canadá, Groenlandia, en fin, todos tiemblan ante el aplomado azote de este senil-viril quien es ya, el ícono de la política moderna más mediático y sobresaliente de nuestra época, casi un mártir resucitado de varios intentos de asesinatos, algunos más hollywodenses que otros, pero a fin de cuentas, resultando en un posicionamiento del liderazgo global que impresiona sobremanera a cualquiera de los bandos o facciones en disputa. Ahora, la pregunta impostergable aquí sería. ¿Bajo esta intensidad, cuánto tiempo más podría durar este show?

Si metemos el bisturí a fondo en este asunto, detectamos que Donald Trump se encuentra atrapado en una encrucijada tan compleja que es digno de seguirle con atención, escrutinio y a la vez, con cierta clemencia. Fuerzas endógenas y exógenas lo acorralan sin piedad, como por ejemplo, liderar una nación unilateral e imperial, obedecer agendas como representante de una facción política que pretende recuperar el daño causado por el otro bando “demócrata” de la bicéfala política nacional, y también luchar con su propio ego exaltado, el cual habrá de domesticar más allá de sus propias camisas de fuerzas personales (su modelo sicológico y lastres familiares). En el plano internacional enfrenta un reacomodo general de todos los poderes, naciones, grupos geopolíticos, y por si fuera poco, esto va acompañado de una crisis profunda en la institucionalidad multinacional y en un reacomodo financiero en todo el planeta hacia una escala tecnológica cuántica.

 

En el imaginario de este político gruñón, no hay espacio para la delicadeza política, lo cual hace que todos sus procedimientos generen verdaderos tsunamis de opinión. En apenas unos días como presidente electo, su imagen ha sido lastimada por los medios que lo presentan como un ogro desmedido. Ya sabemos el precio que se paga al gobernar cuando no le caes bien a tus oponentes. Pero más allá del melodrama mediático fabricado sigilosamente por los amos del mundo, Trump tiene un efecto de credibilidad en su electorado. Sus simpatizantes mundiales, que son muchos, integran el sector demográfico de cristianos y obreros del rust bell y del anillo bíblico, más los patriotas QAnon a favor de restaurar la república y la paz mundial, es decir, le aplauden todos aquellos que sueñan con sacar del poder al viejo modelo jázaro, sionista, illuminati, algo que apenas este empresario newyorkino podrá conseguir en un ínfimo porciento, dado que las estructuras de dicha mafia están asentadas desde los años de la sobrevalorada Revolución francesa. Pero de igual manera, agradecemos su política de desgaste y demolición controlada a largo plazo, donde apenas Trump significará la punta de lanza u otra variación para un mismo tema.

 

Sin dudas, Trump es el hombre del momento. Su ebullición no deja indiferente a nadie, lo cual es parte de su ardid de marketing, ya que nos abrazamos a la percepción del hombre denodado que no se detiene en trabajar a toda maquina, removiendo el status quo. Pero con respecto de este tipo de personaje, este workaholic de la política, se deben tener todas las prudencias y todas las consideraciones, ya que nadie sabe dentro del macrodestino del planeta tierra, si a ciencias ciertas, viene capacitado para enderezar, al menos un poco, este viejo árbol torcido, o si ha sido enviado para terminar de precipitarlo hacia el despeñadero.

 

Apenas con una mirada de reojo me saltan muchas interrogantes que espero poder ir respondiendo en el curso de su primer año de gestión. Por ejemplo, ¿estamos ante un verdadero reformitas de la gobernanza estadounidense enfocado en recuperar de la podredumbre los aparatos de gobierno, o estamos ante un caballo de troya que nos entretiene y nos disuade de mirar hacia otros temas mas esenciales? Varias aureolas lo acompañan: su mesianismo casi celestial, su impetuosidad ególatra, su coctel ideológico, su sangre fría para ganar dinero, su vocación nacionalista, y su convicción de que USA es la tierra prometida y elegida por Dios, algo que evidentemente aprendió de sus aliados y macabros sionistas. En este aspecto, Trump carga con la devoción ciega hacia los mitos fundacionales Abrahamánicos que operan dentro del rango patriarcal judeocristiano. Siempre que se refiere a su etapa de segundo gobierno la reviste con el término de “etapa dorada”, con lo cual no podemos definir si se refiere a la recuperación del patrón oro en las arcas públicas y su prometido jubileo o si se muestra adherido a las profecías bíblicas de las escrituras sagradas. Y en esa disyuntiva, nos va engatusando por medio de la razón mercantil y la devoción teológica, matando así dos pájaros de un tiro, en ese secuestro sutil de los afectos populares.

 

Este señorón, conservador y heterodoxo, nos confiesa ser un buen creyente pero a la vez se comporta como un hereje. Sus hermanos de parroquia conforman una orgía nunca antes vista: presbiteros, evangelistas, masones, laicos, sionistas, jázaros, católicos, conservadores, liberales, transhumanistas, militares, en fin, la babilónica Babel encarnada hoy en Whashington DC. Recientemente nos sorprendió dando un carpetazo al genocidio Israelí en Gaza, concluyendo que se quedará con parte de ese territorio donde piensa construir un Nuevo Dubai, ciudad inteligente 6G con residenciales, hoteles, campos de golf y otras estravagancias que en mucho superan la condición de gueto en que la mantenian casi 2 millones de palestinos y otros semitas masacrados y obligados a aceptar una limpieza etnica. La formula está clara. Su yerno Jared Kushner debe estar susurrándole al oído que pacte un acuerdo con el destructor Netanyahu y que se convierta en el reconstructor de la tierra sagrada, bajo cuyas arenas y mares existen preciados yacimientos de petróleo, gas, agua y otros minerales imprescindibles para las industrias modernas. Y ya de paso, aplicar una demolición controlada regional hasta frustrarle la ruta de la seda que ha prefigurado China atravesando desde Shanghai hasta Lisboa. Por efecto dominó aprovechará también para poner en jaque a los irreductos persas-iranies. Como podemos concluir, aquí el factor humano queda relegado a una obsesión inmobiliaria y bursátil, y la dialéctica del destructor-constructor resuelve lo que nunca habría podido desenredarse ni en la ONU, ni en La Haya, ni en Ginebra, ni en el Vaticano, ni siquiera en la casa del mismísimo espíritu santo. Además, drenar un poco esa zona de “Palestinos terroristas” y otros movimientos jihadistas, tampoco viene mal para esta elite supremacista de blancos de ojos azules (Eskenazis), fanáticos al verdor de los campos de golf y enemigos del desierto.

 

Como verán, el hombre del momento tiene tantos frentes abiertos a la vez que resulta casi laberíntico escribir sobre su proyecto o agenda. Por otro lado es muy pronto aun para sacar conclusiones de sus políticas en cuanto a costo-beneficio, así que apostemos a la confianza y al beneficio de la duda. Por lo que vemos y nos promete, está trabajando denodadamente para construir un mejor porvenir. Pero pasa que, nuestras mentalidades estructuradas a partir de la ridícula dramaturgia de Hollywood, nos exige tenerlo clasificado como personaje bueno o como villano, todo lo cual resulta inapropiado ante un sujeto que tiene ambas caras. Según mi humilde hermenéutica, estamos ante un hombre dispuesto a negociar con Dios y con el diablo, con tal de salirse con la suya , realizar sus sueños y recargar sus cuentas de bancos. Todo lo demás son estímulos de apoyatura y migajas que le regalará al mundo y a su época. Queriendo responder si Trump aplica como un líder anti-sistema, convendríamos en que el mero hecho de estar vivo, si su cuerpo ocupa el trono todavía, si no lo han eliminado de un gatillazo, entonces se debe a que no resulta una pieza incomoda en el zapato de los amos del mundo, quienes ya le tomaron la horma y saben que se trata de un businessman dispuesto a negociarlo todo, más allá de los credos de fondo, incluso de las ideas del bien y del mal que retozan en su ecléctico imaginario. Yo veo a Trump como un sujeto interface, muy adecuado y oportuno, un commoditie mutante y exquisito entre la vieja mafia industrial-petrolera y la nueva mafia emergente de la tecnocracia cibernética. Y créanme que estas dos facciones, que se pugnan hoy por diseñar el destino humano, tienen más razones en común que discrepancias. Ambas son doradamente resbalosas y pragmáticas, transideológicas y devotas del dinero y del control. Para decirlo en lenguaje lunfardo, ambas dejaron sus corazones encerrados en sus cajas fuertes, resguardados por atentos robots. Yo quiero pensar que, por el contrario, Trump tiene en su gabinete futurista al amparo de Elon Musk, la custodia de la Cybercracia de Silicon Valley y Darpa, y que como resultado le estén asesorando, mínimamente, con análisis predictivos, de hacia dónde conducen sus pasos y sus órdenes impetuosas. Quiero soñar que la Ai (Inteligencia Artificial) le advierta del saldo favorable que le ofrecerán sus intempestivas políticas, o no.

 

Mucha gente anda preocupada y preguntándose qué pasará después de Trump con la democracia estadounidense, pero lamento tener que advertir que a estas alturas del vodevil sociopolítico, poco importa el devenir de una ficción compartida como una psicosis colectiva, ya que la democracia norteamericana hace mucho que fue hackeada por los propios que presumen ser demócratas pero que vendieron sus valores asquerosamente al deep state. No podemos hablar de democracia si todos los aparatos del poder están infiltrados, hackeados, penetrados, coartados, chantajeados, secuestrados por intereses de grupos y élites. La democracia ya venía mal herida, estaba enferma con metástasis y no podemos pedirle a Trump, con sus espasmos y exabruptos, que le provoque una sanación, porque Trump para lo que sirve es para ansanchar las arcas públicas y procurar que el dinero se quede en casa. Lo otro es tarea para humanistas, un don que Donald desconoce. En todo caso, frente a este portentoso revolcador del estatus quo, o se blinda la sociedad civil exigiéndole rendir cuentas minuto a minuto, o terminará adueñándose hasta del Capitolio. No olvidemos que los caudillos requieren de un contrapeso importante en la sociedad civil, velando, sufragando, transparentando, midiendo la vara al bote; de lo contrario, se sorprenderán en medio del naufragio en el mínimo instante en que dios cambie la vista hacia el lado oscuro de la luna. La crisis y podredumbre de la facción demócrata, hackeando y torturando los ideales democráticos de la nación, le puso una alfombra dorada a Trump para que hoy asistamos al desfile Truman Show de una incipiente dictadura caudillista, o de una forma centralizada y estatista de llevar el poder con ademanes típicos de la derecha, con rumbo fijo hacia la dictadura digital y el más absoluto imperialismo tecnocrático y transhumano. En estas dramáticas encrucijadas reside el gran peligro actual de dicha presidencia.

 

Del ateniense Pericles a la fecha, el espíritu democrático se ha marchitado con creciente insanía. Si miramos los últimos 40 años de América, varios fueron los jinetes del apocalipsis que trituraron el esplendor democrático. Las Dinastías Bush, Clinton, Obama y Biden se encargaron de que la democracia sobreviviera como un teatro o vidriera de encantamiento publicitario para ingenuos y superficiales. El asunto es tan frágil al punto de que nadie sabe a ciencia ciertas cual es el émbolo que hace subir y bajar las manos de senadores y congresistas, cuando aprueban o desechan una votación. Aceptando que el sistema viene mal herido, hemos de entender que Trump puede aportarle el tiro de gracia final, o reducir dicho teatro social a un roído telón de fondo. Dicen que la constitución norteamericana diseñada por los iluminados padres fundadores, es un instrumento regulador omnipotente, yo lo dudo. Porque las habilidades que enseña el diablo son sutiles.

 

Pero hay cuestiones más esenciales a dirimir en referencia al daño que Trump puede hacerle a ese “abuso de las estadísticas” llamado democracia. Si revisamos el discurso hipócrita, casi amanerado, con que sus predecesores demócratas enturbiaron la política pública a través del Deep State, no debería sorprendernos que, como reacción, hoy se traduzca esa expresividad en furia, rabia, abuso ejecutivo y priapismo, ya que una mayor parte de la tribu social reconoce que los buenos modales, burgueses y aristocráticos, acabaron con la paciencia y el nivel de vida de una base demográfica. Lejos de criticar o aceptar lo grotesco de ciertos comportamientos en el ejercicio de la presidencia actual, debemos aceptar una caída en los modales y en las formas de ejercer los cargos públicos, ante el hartazgo ciudadano por la corrupción del poder anterior. Nunca USA había tenido a un impedido mental en la Casa Blanca que saludara fantasmas y que enviase a Zelensky 100 000 millones de dólares que nunca llegaron a Ucrania. Biden fue la cereza en el pastel como una estocada intencional, para generar desconfianza en la estructura gubernamental y sugerir escalar USA hacia una futuro TECNATO Regional, que será, a fin de cuentas, la obra cumbre de esta era dorada Trump, pactada con el antiguo globalismo. Se requiere desgastar al estado-república para poder pasar a otra modalidad multinacional. Si se fijan, durante los años post-pandemia se ha hablado de separar Texas y Los Angeles del resto de la nación. Algo severo se traen entre manos. Entonces, por efecto pendular, ahora nos toca un Trump que habla y se siente el macho Alpha de la manada, que desenvaina su falocracia sobre nuestras catarsis, porque se aprovecha de nuestra frustración como un demo necesitado de excitación vigorosa. Y en eso entendamos que está operando un cambio de paradigma en las costumbres de una sociedad de castas que ha reproducido el peor vicio estamental de sus padres Europeos. Hablamos de un pueblo que en Trump reconoce a alguien que sintoniza desde el púlpito con su verdadero sentimiento de rabia nacional contra una casta abusiva del Deep state. Estamos ante una develación controlada que va a modificar las formas adecuadas o correctas de hacer política. Cuando vemos a Musk saludar como un nazi, nos está avisando simbólicamente de su próximo sistema de vigilancia y de control digital ciudadano, que en mucho se terminará pareciendo a las ciudades inteligentes de 15 minutos promovidas por el Foro de Davos, ese Think tank del demonio moderno. Al final, los métodos pueden cambiar, las retóricas pueden ser discrepantes , pero los fines son los mismos: Reconcentrar el poder y absolutizarlo, esclavizando al demo con las nuevas tecnologías. La orden ejecutiva por encima de Trump es que la masa siga dormida o anestesiada.

 

Con aires renovadores nos alienta el nuevo presidente . En esa voluntad de reestructurar el gobierno, Trump le atina en crear un Departamento de Eficiencia Gubernamental, el cual audite e investigue los despilfarros y maniobras de mover fondos públicos a conveniencias de las OGNs, agencias de cooperación, centros de investigación, fundaciones, Universidades y otros institutos que muchas veces trabajan para socavar al propio estado. Los ejemplos de USAID y de la FDA ya son muy evidentes y ponen en claro el nivel de locura, delirio financiero y adoctrinamiento que aplican estas organizaciones sobre sectores estratégicos de la población. Acotemos que muchas de estas agencias de cooperación tienen una genealogía que las conecta con el ONGenismo guerrillero desarrollado por el terrorista George Soros, quien es hoy uno de los dueños del Partido Demócrata y propulsor fundamental junto al Foro de Davos de la esquizoide Agenda WOKE. Lo que no me parece muy atinado es haber asignado a Musk para presidir este departamento auditor, cuando se sabe que el tecnócrata de Tesla, ha sido históricamente muy habilidoso en aprovecharse de los presupuestos gubernamentales en favor del desarrollo de sus industrias privadas y su enriquecimiento trans-ideológico. A menos que la realidad demuestre lo contrario, lo que vemos en la superficie del problema de la gobernanza en USA es más parecido a un maquillaje, o una rotación de élite, donde un nuevo grupo de poder impone sus reglas para capitalizar los recursos y enfocarlos hacia sus propios fines e intereses. No considero que algún imperativo moral les este susurrando a esta otra secta, propiciar un cambio de raíz en el funcionamiento del sistema.

 

Con respecto a México, el tema amerita un artículo aparte, porque todo indica un plan trazado desde hace años para adueñarse de las riquezas mineras y petroleras (leer The next war, de Caspar Weinberguer, 1996, Secretario de Defensa de USA), así como hoy se proponen empezar a administrar los carteles del Narcotráfico a conveniencia de la DEA, esa empresa que regula la industria de los narcóticos. Tanto Trump como Musk, como Kennedy Jr. cargan con la responsabilidad de limpiar a la nación del Procaz, del fentanillo y del graffeno con que las farmacéuticas azotan y modulan a ese pueblo. Pero Trump y Musk culpan a México porque arrastran heridas contra el país vecino dado que sus propuestas de negocios con los aztecas no arribaron a buen fin, y eso dejó heridas que desembocan en la miserable sed de venganza. Son muchos los aspectos a considerar en esa ecuación fronteriza que en verdad prefiero dejar para otro texto, porque, aunque Estados Unidos no lo reconoce públicamente, todo su destino como nación depende de cómo se negocien los problemas presentes y futuros en esa paradógica frontera. Por otro lado, los recientes pasos de la política mexicana de la 4T han disparado las alarmas en cuanto al peligro que implica para la seguridad nacional de USA el coqueteo perverso que México presume con las podridas izquierdas mundiales. En este sentido, México excita al monstruo frente al cual lleva desventajas notorias que tendrá que sopesar en las negociaciones (Tratados, pactos secretos, Acuerdos de Bucarelli, Información sensible que las agencias de espionaje norteamericanas poseen de nuestros gobernantes, en fin, un crisol del caos. Y agregándole más picante a la salsa, no dudo que Trump, en su disimulado misoginismo, sacará provecho de que sea una mujer su contrincante político actual (la becada de Rockefeller, Claudia Sheimbaun) y de que un viejo sumiso y desfasado con la hipermodernidad (López Obrador), sea quien mueve los hilos secretos de este decisivo país. Referente al tema de la Industria Migratoria, veo desatinos evidentes como declarar una persecución arbitraria contra todo indocumentado so pretexto de repatriar a los delincuentes. Se trata de una generalización salvaje que ya he abordado en otros podcast y que el propio Trump ya ha empezado a corregir. Pero lo que si ya me asusta es que pretenda convertir a Guantánamo en la próxima Siberia del Caribe en donde sueña encarcelar a más de 30 000 inmigrantes. A menos que esté buscando otorgarle nuevos contratos al Pentágono, no le veo lógica ni que eso solucione el asunto, ya que implica un gasto que igualmente saldrá de los impuestos cobrados a los ciudadanos.

 

Trump no fue un niño rudo en su barrio de New York, ni tuvo el privilegio de aprender a pelear con la filosofía de la calle, entendamos que se trata de un sujeto criado en cuna de oro, un bitongo estilo fresa que tuvo siempre el fajo de dinero a su favor para resolver los entuertos. Luego sublimó el espíritu de lucha a través del arte del negocio, en lo que tal vez sea un gran maestro. A diferencia de sus enemigos medulares en el planeta, no practicó judo (Putin) ni creció escuchando hablar de Confucio (Xi Jinping). Su cultura es bursátil, no humanística, por ende, no repara en las consecuencias de si los robots deben ocupar o no nuestros puestos de trabajo y nuestras camas. Su arrogancia solo encuentra contención cuando, del otro lado del tablero, hay otro macho alpha. De ahí que sus diálogos más certeros y avasallantes los tenga con países de menor fortaleza como México, Palestina, Panamá, Groenlandia, Canadá, Colombia, Venezuela, Siria, etc. Nunca lo verás tirarle un golpe brusco a China o a Rusia. Sabe medir sus fuerzas y se muestra camaleónico y tramposo con sus adversarios fuertes. Su imperio se encuentra en extrema fragilidad, o sea que más temprano que tarde será desbancado en el liderazgo mundial ( son reglas de la dialéctica universal). Las alianzas geopolíticas grupales o el reacomodo en módulos estratégicos administrativos (BRiCS) van ganando espacios ante el descrédito del concepto de republicas clásicas y naciones estragadas. China y Rusia juegan con esas cartas sembrando confianza y cooperación con América Latina, África y Medio Oriente, en tanto que USA solo conoce la técnica del garrote. Probablemente con Trump el sentimiento antiamericanista llegue a sus decibeles más altos en la historia. En ese aspecto la política exterior de Trump adolece de subterfugios y de variables a la hora de jugar el poker global. Su táctica de Policía Universal y su neurosis de América primero, ya no se adecuan al nuevo tablero geopolítico. Y está por demostrarse si Marco Rubio como Secretario de Estado, tenga recursividad e inteligencia persuasiva para las próximas litigaciones con tantos adversarios disímiles. Definitivamente están apelando a la presión por la vía comercial, las guerras arancelarias y las sanciones económicas pero no descarto que algún foco militar se pueda recalentar en el camino. Al respeto, USA sale desmejorada en la percepción internacional frente a las posturas del Oso y el Dragón. Y la anglósfera cada vez esta más desplumada y desprestigiada, producto de los escándalos financieros y cortesanos de esa antigua “sexocracia”.

 

Con Trump no estamos solo ante un egocentrista beligerante sino ante un soberbio reformista, un perro que ladra y que muerde, pero que peor aún, se suele llevar la mejor tajada del conflicto. Imagino que le gustará presumir estadísticas meritorias al final de su mandato. No olvidemos que es un tecnócrata y que piensa en datos fríos. Su índice de tolerancia para dialogar es bajo, pero sin embargo, su maniobrabilidad es de alto quilate. Se reconoce jalado por dos fuerzas antitéticas que se disputan el liderazgo mundial (globalistas jazaros Vs nacionalistas fundamentalista) pero con ambos bandos juega al golf y es capaz de arreglarse, de negociar, de tejer estrategias, sirviendo en mayor o menor escala a cada uno de ellos, sin desatender su propia medida. Sabe que la torta alcanza para todos y la va a ir repartiendo mientras guarde para sí, la mayor parte posible. Presiona con rudeza pero aprecia los bemoles, sabe que el fin justifica los medios, aunque concluye que debe salirse con la suya y traerse siempre el agua a su molino. Por eso busca capitalizar las ventajas históricas, ser la gran potencia global y el líder militar. Cuenta con total razón cuando sus políticas desconfían de la institucionalidad multinacional. Con la plandemia Covid 19 aprendió como está conformado el juego. Sabe que los Jázaros sionistas y los Chinos taimados, tienen todos los lobbis y escaños copados, por eso recula hacia un unilateralismo donde prefiere mejor resolver las cosas a manotazos que caer en las redes de los mediadores multinacionales. Los BRICS le vienen pisando los talones proponiendo una nueva ONU, OMC, OMS, nueva moneda virtual, nueva banca, y un sin fin de etcéteras.

 

Sin embargo, me ha llamado la atención la delicada diplomacia Tik Tok desplegada con China. En cuestión de días las amenazas arancelarias pasaron del 100 % al 10 %. Porque Trump sabe que con el imperio de Xi las cosas son diferentes, producto de que han construido, involuntariamente, una simbiosis comercial donde ambos salen afectados si se atacan en esos renglones. Sin dudas, Trump sabe hacer bien las cuentas y ya entendió que no puede dispararse en su propia pierna. Al final, los aranceles los terminará pagando el importador estadounidense y no el gigante asiático. Por ende, la subida de aranceles chinos le creará a Trump un problema doméstico con el sector empresarial. Ya son muchos los frentes abiertos en guerras arancelarias con varios países, lo que al final recaerá en el gasto del consumidor norteamericano, quien tendrá que pagar esa inflación y las amortiguantes subidas de precios a los productos importados.

 

Si observamos sutilmente, nunca Trump con China calienta la guerra convencional o militar, y todo se limita al plano comercial -diplomático. Ya en cuanto a Inteligencia Artificial china le lleva 10 años de ventaja, algo que ha reconocido el propio director de Cyberseguridad del Pentágono. De ahí que Trump cuide su disputa y hasta sus modales. Entre ambos países se está dando una simbiosis comercial y tecnológica que los obliga a pactar trascendiendo los formatos de guerras convencionales. El control del Canal de Panamá es un vivo ejemplo de ello. Ahí se está probando otro modelo de ajedrez, que involucra tangencialidades, simbolismos, dialéctica confrontación-cooperacion, esgrima bursátil, diplomacia tik tok, y hasta presiones militares quirúrgicas.

 

Cuando vamos al origen de todos los males, entendemos que ¨nada nace sin causa¨, como decía Aristóteles. Trump quiere reformar USA pero sin embargo, lo agobia un extravío insoluble cuando cree que luchar contra los que hicieron mal las cosas anteriormente a su gestión, ya postula una línea de desarrollo posible. Trump adolece de ese silogismo. Cree que por atentar en prudente porciento contra la élite jázara coludida con el ala “demócrata”, eso le va a revertir en un modelo de prosperidad social. Lo difícil de asimilar para su axiología estriba en que realmente el mal de fondo impone otra forma organizativa del desarrollo, otras brújulas, otro imperativo moral, otros paradigmas donde no se vea USA forzado a volver a recorrer los caminos malvados y recurrentes que usó por casi 2 siglos como imperio hegemónico. Por solo poner un caso, no olvidemos que entre la CIA, El Departamento de Estado, el Pentágono, la ONU y muchos otros think tank del Deep state norteamericano, se diseñaron y ejecutaron entre el siglo XIX y XX más de 90 golpes de estados en el mundo. En conclusión, no obtendrá Estados Unidos un beneficio a largo plazo con estas tácticas trumpianas que resultan parches o placebos, mientras no se reacomode la estructura base de su sociedad y economía que depende, casi esclavizada, de la genocida industria de la guerra. No se avanza mucho cuando el militarismo, el hiperconsumo, la ansiedad por el crecimiento exponencial económico y la inflación desbordada carcomen la estructura profunda de todas las instancias de gobernanza y las formas de organizar el desarrollo en la vida social. De nada sirve una democracia parroquial hacia adentro del país mientras se alienta un sanfarrancho erosivo y dislocado hacia fuera en la política exterior. Si alguien como Trump invoca la Revolución del sentido común, deberá partir de reconocer los contrasentidos que implican sus mecanismos de desarrollo, esos que empiezan a lucir antiguos cuando apelan al exclusivismo, el egoísmo, el supremacismo, el unilateralismo, la competitividad desigual, las reglas monopólicas y el uso de las fuerzas tecnológicas y humanas en detrimento de otras naciones y etnias.

 

Concluyendo. Al hombre del momento, Donald Trump, se le impone una nueva prismática, o sea, necesita un nuevo sastre, porque el traje anterior ya no encaja en la medida de esta nueva época, sobrada en revelaciones y acontecimientos inefables. Aquí les dejo algunas interrogantes que deberemos ir custodiando en el curso de sus próximos 4 años, los cuales pronostico sobrados en testosteronas e impulsos tribales.

 

¿Puede haber sido Donald Trump lobotomizado por medio de un proyecto MK Ultra para modificar sus aspiraciones más sublimes en un nuevo modelo despiadado y transhumanista? ¿Puede el redentor nacionalista-protestante haber sucumbido en un mesías al estilo Truman show del sionismo mundial banquero? ¿Por qué tanta variabilidad entre el sujeto del primer mandato y este que ahora nos aboca en una espiral incesante de histerias, terrores, incertidumbres? ¿En verdad debemos creernos que se empeña en drenar un pantano podrido secularmente con acciones que escapan a modelos racionales, a ecuaciones donde el costo-beneficio no encaje con alguna lógica? ¿Será un liberticidad en estado psicótico intervenido por la mafia de su yerno Yared Kushner con alguna tecnología psicotrónica que haya reprogramado su alma? ¿Por qué todo vestigio de humanismo ha sido relegado en él a la mentalidad corporativista, extractivismo petrolero y espíritu tecnocrático? ¿Acaso este Trump recargado 6G pactó acometer la ultima etapa del gran Reset del globalismo Jázaro, a cambio de sobrevivir a su mandato y a poder implementar algunos de sus caprichos, visiones y agendas nacionalistas de corte supremacista, cuyos puntos medulares del liderazgo USA en mucho favorecen al Nuevo Orden Mundial modelado por los doctrinas Monroe, Kissinger y Brzezinski en décadas anteriores? ¿En esa lobotomización MK Ultra le habrán inculcado toda la fe en la cosmogonía teológica sionista del Gran Israel, haciéndole creer que sea este su mejor momento para representar a la manera shakespereana al mesías tan esperado por las sagradas escrituras, y de paso, estar allanádole el camino al próximo anticristo (Silicon Valley, la Inteligencia Artificial, Musk, Black Rock, Gate o Netanyahu)? ¿Estará Trump encarnando o interpretando varios de los mitos fundacionales y salvíficos de una tradición judaica Abrahamánica que controla la banca global y sin la cual no lograría ni la mitad de sus sueños pesadillescos ? ¿No estaremos ante un frankenstein ideológico que nos aboca, más temprano que tarde, hacia una dictadura digital, cuántica y globalista donde el Estado-centrismo Norteamericano, cierre filas con la élites sionistas, anglósferas y asiáticas que aspiran a la dictadura electrónica del Nuevo Orden Mundial? ¿No habremos mordido el anzuelo de apostarle nuestra fe a este bon vivan newyorkino por hartazgo y odio hacia los illuminatis demócratas anteriores, que llevaron al mundo y al estado público USA a una ruina moral y financiera? ¿Estaremos ante una rotación de élites que nos pone en la lengua la hostia como somnífero de un cambio fraude, pero que en verdad va encaminada a afincarnos los grilletes como individuos, ciudadanos y países del tercer mundo? ¿Tendrá Trump la inteligencia natural y artificial a favor de sus neblinosas promesas NESARA –GESARA o serán otra vez palabras que se las lleva el viento? ¿En verdad esta tragicomedia grotesca de su reciente mandato pretende ser la Revolución del Sentido común o la excitación entrópica del caos (ordo adchao) a favor de distraernos de los eventos catastróficos que se nos avecinan (meteoritos rumbo a la tierra, visitaciones alienígenas, volcanes gigantes al linde de erupción bajo la Siberia, Stone Head y el océano pacífico? ¿Cómo responderán China, Rusia y los califatos petroleros a esta orgía ideológica que parece inspirada en el estudio de Andy Warhol? ¿Tendrá la Europa decadente los testículos y las neuronas suficientes para no dejarse arrebatar Groenlandia con lo cual USA volverá a ser la Roma del próximo siglo? ¿Cómo debe entenderse que alguien prometa la paz mundial en 24 horas y esté bombardeando Somalia, Siria, sin poder concretar la paz en Ucrania, perdonando el genocidio de Israel contra Palestina, Líbano y Siria, a cambio de asociarse con el demonio de Netanyahu para usurpar las riquezas de toda la región? ¿Dónde han quedado las investigaciones a los pedófilos, los procesos judiciales a las farmacéuticas coludidas con el COVID 19 que envenenó con vacunas y neuromoduladores la sangre de millones de moribundos? ¿Donde quedó el fin de la dictadura de Maduro, Los Castros, y el jubileo financiero condolando deudas y lanzando una moneda virtual guiada por un sistema quántico financiero que favorezca a los pobres de esta tierra? ¿Se adueñará del litio, del petróleo mexicano y del Golfo sin resolver la exuberante narcoeconomía que redirecciona hacia la Oficina del Tesoro?

 

 

En verdad que hacia rato no veía yo un guión tan alocado y delirante. Trump, sin duda alguna se arrobó todos los records y medallas del momento. Haciendo emblema del gran aventurerismo yanqui, parece un templario del viejo western emprendiendo una cruzada contra todos los bandos, pero a la vez armonizando y cerrando pactos con todos ellos. Definitivamente resulta admirable, más aún a su edad. Sugiero buscarle una novia jovencita a este octogenario para calmarle la testosterona y que recupere su primigenia pasión por el campo de golf. Pregunto desde la retaguardia, ¿dónde queda en esta sinuosa escala de valores el sosiego y la vida de la gente real, del ciudadano común? Espero que no sea en Marte ni en las heladas tierras del ártico. Tanto la Constitución de Estados Unidos, como el modelo parlamentario y las reglamentaciones para la administración del tesoro nacional, ameritan actualizaciones modernizadoras de cara a los sucesos de hiper-futuridad que promueve este siglo. Dios salve América, incluso de sus propios emprendedores, de sus mesías arquetípicos y de los nuevos revolucionarios que nos obligarán a copular con los insípidos robots.

 

CIUDAD DE MÉXICO. Col. Del Valle. 7 enero 2025.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RESPUESTA DE Ernesto Fundora. www.efundora.com

Querido Julio Fowler.

 

Yo no tengo ni antipatía ni devoción por Donald Trump. Incluso creo que mantengo un 60% de aprobación y un 40% de desaprobación ante su agenda. O sea que mi balance es favorable a su gestión. Desde mi punto de vista se trata de un político más, con una agenda que en algunos aspectos me parece progresista, oportuna y necesaria para el bienestar de un verdadero Nuevo Orden Mundial, que supere al viejo orden podrido Jázaro ideado por Kissinger, Brzezinski, Rockefeller y su pandilla atroz, pero sin embargo, en otros aspectos de su agenda Trump me parece excedido e histérico, digno de criticar y corregir. Frente a él, me comporto como hago frente a todo hombre de poder: desconfío y analizo, lo observo y lo voy acotando. Creo que es obligación de la ciudadanía norteamericana y mundial, el eterno referéndum, velar porque las medidas del gobierno líder global, afecten en la menor cuantía posible, a los ciudadanos dentro y fuera de sus fronteras.

Con respecto a México, pienso que Trump lleva razones cuando encara al narcotráfico, pero sin embargo no la emprende contra sus carteles internos y su propio sistema de distribución de droga USA. Entonces nos está cargando una responsabilidad que es compartida entre ambas naciones y sociedades. Como también percibo que su estrategia tiene herencias del Deep State ( Construcción de Muro, apropiación de las riquezas fósiles, energéticas y mineras de la región fronteriza y del Golfo de México, Militarización e injerencia en México sin anuencia del gobierno mexicano, deportación forzosa de gente desfavorecida que ya tiene familia constituida en suelo estadounidense, tecnologización panóptica de la vigilancia digital, guerra de aranceles contra su mejor socio económico con el que tiene un Tratado de Libre Comercio muy fructífero para ambos paises, etc ) No estoy de acuerdo con esas medidas como tampoco lo puedo estar con un gobierno mexicano que por más de 50 años ha tolerado la economía informal, el narcotráfico, la delincuencia organizada, la venta ilegal de drogas, de armas y de estupefacientes, etc (porque sería muy ingenuo pensar que esto empezó con López Obrador aunque él lo haya abrazado)

 

Quien quiera saber la importancia del México post-pandemia en la geopolítica y economía, que vea este documental que yo realicé.

https://www.efundora.com/home/documental-cce-francisco-cervantes-2024/

 

Entiendo que Biden, de la mano del terrorista George Soros, convirtió la frontera en un carnaval de monstruosidades, y que la política “Abrazos no balazos” es una falta de respeto a la moral y un insulto a la inteligencia de cualquiera con razonamiento, pero no da derecho de pasar tábula rasa a todos lo emigrantes como si fueran todos delincuentes, ni de cerrar frontera, ni de crear una guerra de aranceles. Hay que resolver conflictos comunes con estrategias comunes y compartiendo la responsabilidad. Sabemos que la DEA nunca ha resuelto el problema de la droga, sino que la administra y la reacomoda. Entonces hay que decirle a TRUMP que: No se apaga el fuego con gasolina.

En fin querido Julio, mi opinión es apenas la de un hombre ácrata, ajeno a cualquier agenda política, la de un ciudadano que no se deja seducir por las promesas libertarias y redentoras de ningún estado-gobierno, partido ideológico, secta de poder o patriarca mesianista. En mi visión de las cosas todavía está por demostrarse que Trump sea un anti-sistema del Poder Jázaro, eso es algo que tendrá que demostrarlo durante estos próximos 4 años. Creo muy saludable lo que ha hecho con la OMS y con el Tratado de Paris, y con su oposición a los monopolios mediáticos de la casta Hollywood, su batalla anti Woke, su desenmascaramiento de la Plandemia y las asesinas Farmacéuticas, e incluso aplaudo su presión para lograr una paz a medias en Palestina. En ese sentido le hago reverencia, como celebro su buena voluntad de tejer armonía con China, Rusia, y otros enemigos históricos, porque a fin de cuentas son valientes decisiones y posturas bravas frente a los titanes del mundo financiero illumnati que nos quieren reducir al pánico estructurante litigando entre naciones.

 

Pero no olvido tampoco que Trump le devolvió Jerusalén a los Sionistas en su primer mandato, como no olvido que piensa indultar a los que asesinaron a más de 50 000 niños, mujeres y viejos palestinos, además de no dignarse a promover un juicio internacional contra los autores de ese genocidio, como tampoco entiendo que quiera apropiarse abusívamente del Canal de Panama o de Groenlandia. Me cuesta trabajo creer que la movida financiera virtual (Criptomonedas) que trae planificada con Elon Musk no sea a favor de un grupo tecnócrata dueños de la cybercracia, en lugar de provocar un jubileo financiero en la sociedad civil mundial como viene prometiendo( ver para creer que Trump aplicará la ley Gesara -Nesara) eso todavía hay que demostrarlo.

 

En tanto, Trump busca ser superior como país, dominar como nación imperio-líder de esta época, busca ser el primero (América Firts), busca controlar el mundo comercial y financieramente, hacer de Estados Unidos el amo mundial con una doctrina Monroe 5G recargada. Este espíritu de supremacismo y de mesianismo combinado con reconocimiento del “destino manifiesto” USA que embarra todo su discurso, no indica que estemos propiamente ante un hombre iluminado y justo. En fin Julio, que Trump trae muchas paradojas típicas de la alta política del globalismo y, sus primeros manotazos sobre la mesa presidencial, asustan por igual a los bandoleros seculares de la mafia Jázara , como a los pobres del mundo- los ciudadanos de a pie que ven como se encarece la vida mientras los millonarios se enriquecen y el cambio de bandera y color en la Casa Blanca no repercute en sus alacenas, como también asusta a las naciones que se ven obligadas a pactar comercialmente una filosofía desventajosa con tal de no ser reprimidos o castigados con sanciones y otro tipo de presiones por el policía universal.

 

Ya sabes que de los Clinton, Los Bush, Los Obamas, Los Biden, los vaticanos, de todos esos empleados de Soros, tengo la peor opinión porque los clasifico como instrumentos del diabólico en la tierra. Así que acepta que con Trump yo tenga una relación amorosa incomoda y plagada de acotaciones saludables porque creo que, si a este Bon vivan newyorkino se le aclara la mente, puede pasar a la historia del mundo como un hombre extraordinario y profundamente reformista, pero claro que eso aún está por demostrarse. Su rol histórico es todavía una promesa, otra esperanza, la fe en un mas allá difuso parecido en mucho a las promesas salvíficas del cristianismo, la social democracia y la del socialismo. Trump postula y promete y percibo algo como un canto de sirena que corre el riesgo de diluirse si no se le corrigen las brújulas. Esperemos que Dios y sus feligreses lo guíen correctamente. Yo ando muy preocupado con ese grupo que se va a escapar hacia Marte, a esconderse en la cara oscura de la Luna y que nos dejarán a nosotros prisioneros en un planeta gobernado por inteligencias artificiales y robots complacientes que nunca sabrán la importancia de dar un beso.

 

Posdata: Por cierto, me quedé esperando un abrazo sincero o un beso pasional entre tu héroe y la bella Melani durante el rígido baile de investidura.

 

Recibe abrazos de Ernesto Fundora.

www.efundora.com

Ernesto Fundora, con el descaro de la corte y la elegancia del solar

Por: Rufo Caballero

De Alamar al D.F.

El vínculo generacional se vuelve casi sanguíneo. Cierto que uno no puede desprenderse nunca, al menos no de un todo, de la gente con la cual creció y empezó a conocer el mundo. Los enemigos siguen siendo enemigos íntimos, huecos negros en el recuerdo, y los amigos siguen al lado de uno como el primer día, aunque de hecho estén muy lejos.

Ernesto Fundora y yo salimos al mundo cultural cubano en el segundo lustro de los años ochenta, un horizonte privilegiado para cualquier intelectual, porque aquellos eran días de intensa vida cultural y social. Cada semana había varias exposiciones “de vanguardia”, conferencias desestabilizadoras, debates encendidos. Mucho esnobismo, mucho teoricismo fatuo, ciertamente, pero también mucha enjundia, mucha confrontación de ideas, que redundaron en una de las décadas más caudalosas y aportadoras de la historia del arte cubano. De la cultura y la sociedad cubanas.

Me parece recordar que Ernesto y yo coincidimos en algún encuentro teórico del Museo Nacional, a propósito del videoarte. Todavía los dos hablábamos en serbio-croata; por lo tanto, no fue difícil la comunicación. Al menos el panel se entendía de maravillas, aunque el auditorio comprendiera poco. Eso estaba bastante en el espíritu de los ochenta, nadie lo negará. Pero también recuerdo que otro día coincidimos en el ICAIC, Ernesto hacía la posproducción de un video clip con Adalberto Álvarez, que decía algo así como “¿Qué te pasa, mami?, ¿Qué me estás haciendo? Tú me estás matando, y yo me estoy muriendo…”, un video donde todo el mundo movía la cintura todo el tiempo con una sabrosura desasosegante, y parece que yo expresé algún prurito tonto, porque recuerdo la vehemencia y la lucidez de Ernesto al tratar de convencerme de que Álvarez, en lo suyo, era sin duda un gran artista.

Veinte años después, este es el mismo Ernesto, inteligente a patear, encantador y diplomático (no hace el juego a la pose de cierta movida que tiene que ser ríspida y ácida para garantizar su cuota progre), invitador al debate de ideas sobre la base de que todo el mundo aprende en la contienda del pensamiento (ya oirán aquí que “el diálogo siempre es un puente”). Y divertido. Eso resulta fundamental. Una de las cosas que siempre me unió –y me une- a Ernesto es el intento por combinar, de forma lúdicra y placentera, el rigor del pensamiento y el gozo de la ficción, de la libertad de la especulación. Algunos llaman a eso novelería, violación del sentido recto del conocimiento, libertinaje de la metáfora; y puede que tengan razón, la verdad, pero al menos Ernesto y yo sentimos que el saber es otra cosa si tiene su mendó.

Hay que verlo bailando salsa; es un trompo, tiene la cadencia de un negrón de Centro Habana. De la cubanía profunda, esa que pasa por la salsa pero no se agota en ella, esa que piensa todos los días el fenómeno difícil de la insularidad o la tensión entre la razón emancipatoria y la lógica instrumental del mercado y la vida civil, Ernesto no ha perdido nada. Aunque su mente y sus días se han abierto a mucho mundo, sigue siendo un cubanito jacarandoso como el primer día. Eso le reporta su gracia y lo aparta decididamente de todas las poses.

Volvimos a encontrarnos en el cine-teatro Trianón, el último diciembre, a la salida de la pieza Tatuaje, que dirigió Enrique Álvarez, otro caro amigo de mi generación. Desde entonces, hemos reanudado un diálogo que no cesa, y del cual estas páginas son apenas una muestra. Del mismo modo que todo escritor escribe siempre y obstinadamente el mismo libro, todo hombre tiene, con su sola vida, un mismo tono: Ernesto sigue teniendo ese extraño refinamiento del espíritu que lo hace un buen hombre antes que el gran intelectual y artista que indudablemente es. Uno de nuestros principales directores de video clip, teórico impenitente del audiovisual, poeta, ensayista filoso, Ernesto Fundora es una de las mentes más capaces y orgánicas de todas las que ha abrazado la cultura cubana en las últimas décadas.

Desde la clase del solar y la sandunga de la corte, podrán encontrar en estas páginas lo mismo una brillante y polémica teoría intercultural sobre el reguetón (según Ernesto, menos sabroso y más obeso que la timba cubana, pero en cualquier caso legítimo), o una actualizada mirada al “vidrio” contrariante, o una defensa razonablemente argumentada sobre el carácter revolucionario del video clip como género, que punzantes, sagaces y siempre sentidas advertencias sobre los días de su país y su cultura madre (que otras tiene muchas, integradas en sorprendente armonía del pensamiento).

Comparto estas páginas con el orgullo de quien presenta, otra vez, a un amigo virtuoso, consecuente, honesto. Polémico por lo mismo de que piensa siempre con cabeza propia y asume los riesgos, pero sin altanería; con la virtud de convertir el más complejo problema intelectual en un bembé juicioso, en un toque de tambores batá a las seis de la tarde, y en un llamado a vivir la vida sin tanto miramiento.

R.C: Hace unos meses escribí un comentario, titulado Dinero, a partir de la confrontación de unos ídolos ya no de barro sino de plastilina, en algún teatro habanero. En la respuesta del director del teatro encontré una idea interesante, que se refería en lo fundamental a esto: Ya hoy las estrellas no se hacen en la confrontación de los espacios “reales” (teatros, coliseos, auditorios), sino que son fabricadas por los medios. Se da entonces el proceso inverso: las instituciones acogen aquello que los medios han legitimado o ensalzado.

¿Cómo valoras tú la resonancia cultural de los medios, hoy día, para la música? Los medios, además de producir guerras, además de sumirnos en una hiperrealidad a lo Truman Show, determinan la música que escuchamos? ¿Qué saldo trae este proceso para el aprendizaje cultural, en la actualidad?

E.F: Objetivamente, te diré que el mundo de hoy es más diverso, ecléctico y abierto que cualquier era anterior. Existe un espacio para todos. Cada quien se identifica con el estándar cultural de su estatura y existen productos culturales para todos los gustos. Yo sigo escuchando música maravillosa y casi nunca enciendo la televisión. Prefiero poner mis DVDs en casa o ir al cine y al teatro. Soy exigente con lo que veo y consumo, porque siempre la obra te irradia y te contagia, te vicia el espíritu con su resonancia.

En términos generales, la televisión se ha convertido en el basurero de la civilización actual, en la vidriera de los  supermercados o en el altar de la gente sin educación ni cultura. Es un instrumento de dominación y de sometimiento que condiciona nuestros actos, gustos y preferencias. Convierte al sujeto en un ente miserable y estúpido, un zombi que deambula por el mundo sin libertad de elección, automatizado a partir de patrones fijos y regulares que lo convocan al consumo. Ya podemos hablar de gente mediatizada, de generaciones que sólo accedieron al mundo de la cultura artística a través de la televisión; públicos que conformaron sus patrones de gustos por las recetas televisivas y que nunca asisten a un museo, una galería, una biblioteca o a un teatro, y que pasan de la adolescencia sin haberse leído un libro. Se trata además de generaciones degeneradas por la inmediatez mediática, aquellos que se remiten a los buscadores Google o Wikipedia con pereza intelectual y que no quieren recordar ni la fecha de su nacimiento. No sólo cambiaron los medios de comunicación, sino que cambió la comunicación en si misma. Los nuevos instrumentos de escritura, aprendizaje y de recepción, como las computadoras personales, los blackberry, el Ipood y el Iphone han redimensionado la relación del sujeto con la memoria. Ya nadie quiere ni necesita recordar datos, pues se accede con inmediatez y eficacia a los bancos de información a través de estos aparatos cada vez más personalizados y maravillosos. En ello, la civilización  paga un saldo favorable y otro destructor. Por un lado, ya la gente no recuerda y vivimos en una amnesia colectiva, con una vocación de hiperfuturidad, donde poco queremos saber del ayer, y no se aprovecha la recurrencia causal con que se comportan La Historia y nuestro desarrollo. La televisión y el reproductor de video fueron de alguna manera  la antesala de ese fenómeno.

La historia se agacha para saltar, es una paráfrasis a Lenin, tomada de sus Cuadernos filosóficos, cuando escribiera: “retroceder para saltar mejor”. Quiero decir que tenemos que ser flexibles a la hora de enjuiciar estos acontecimientos, porque aunque implican cierto retroceso aparente en la tradición cultural, luego expanden las fronteras del conocimiento y generan una nueva perspectiva en la distribución y promoción del saber y de la información en la sociedad. La tecnología le está propiciando al hombre una perenne renovación sensorial, intelectiva y motora. Vivimos al centro de una simultaneidad de flujos y de emisiones, y eso, inevitablemente, nos va a propulsar incluso hasta en lo biológico. Eso sí: somos dialécticos, y aceptamos con humor que el mundo, el hombre y hasta Dios, se están haciendo. La evolución no ha terminado. Que no cunda el pánico.

La televisión ha dado saltos por décadas. Justo con la expansión de la computación y la cybernáutica es que la TV ha empezado su caída estrepitosa. Y como tiene que competir con un banco de datos satelital y por fibra óptica -una matriz infinita al estilo de aquel topus Urano platónico- se siente exhausta de contenidos y de programación con que emular. No le queda otra opción que volverse prosaica y apelar a los reality show, ser indiscreta, obscena , procaz, impertinente, agresiva, hiperlúdica. ¿Cual es su desventaja suprema? El arcaico modelo legal y moral que la rige, el cual es heredero de una etapa modernista marcada por el mundo post-industrial, bipolar, la guerra fría, la secularidad de la iglesia y su vínculo con el estado, mientras que la Internet y las computadoras personales han desbordado la legalidad y la ética de la sociedad, y han creado un sujeto más libre y tolerante, hasta libertino, invirtiéndose el embudo hacia la infinitud. Ha desfocalizado y desmarcado al individuo de las restricciones penales y morales. Fíjate que, por fortuna, ningún gobierno ha podido crear jurisdicción sobre el ciberespacio.

En fin, retomando tu idea de la hiperrealidad creada por la TV, esa fue la antesala de la virtualidad como espacio posible, multidimensional, para la vida del hombre en la era de acuario. Algunos teóricos hablan de esas progresiones como encebollados; yo prefiero verlos como escalonamientos, ya que ocultan pero revelan a la vez, y propician una ascensión en todos los órdenes de existencia. Lo que no quiere decir que estos progresos nos hagan una especie más feliz ni armónica. Ahí reside la paradoja. Por eso hay que estar despierto ante la televisión, aunque muchos la utilizan ya como somnífero o paliativo ante la soledad cruel que generan las grandes ciudades. Yo he decidido estar alerta y me evito sus erosiones, como también tengo profilaxis con la computadora. Ambas van desgastando la comunicación interpersonal entre la gente. Puedo hacer un pronóstico: me arriesgo a decir que surgirá una neolengua mediatizada por las máquinas, donde sólo los ilustres anticuarios recordarán los encantos de la oratoria y del uso elocuente y convencional de la palabra. Anoche pasé frente a una discoteca en México DF y me costó trabajo leer su nombre. En un cartel de neón diseñado con tipografías Cyber, apenas pude deletrear: KTDRAL. Me costó trabajo remitirme a los templos religiosos del catolicismo. La humanidad no siente arrepentimiento de su aceleración ni de su locura. Preparen sus motores y las vacunas. Son tiempos complejos.

Incluso la mayoría de los músicos, especialistas y diletantes que defienden o entienden la valía del reguetón, suelen comenzar su discurso más o menos de esta forma: “A pesar de la pobreza musical del reggaetón,…”. Tú has sido uno de los pocos especialistas a los que les he escuchado un discurso interesante sobre la competencia musical del reguetón. ¿Pudieras abundar en esas consideraciones?

Tengo mi especulación sobre ese tema. Y que conste que me la conformé para entender esta música como expresión de cultura de gueto, de resistencia, marginal: narcomenudeo, dealer, gangas, pandillas y mujeres que sobreviven gracias a los encantos de su cuerpo. Música que entra al mercado en el justo momento en que se esta produciendo un reacomodo de los roles públicos del héroe, la celebridad y los lideres urbanos.

Si partimos de esta idea reciente de que el mercado es quien legitimiza el valor de las cosas, empezaríamos diciendo que el reggaetón es lo máximo: nunca se había logrado tanto ruido con tan poco. Dos son los caminos para este análisis, el musical y el sociológico . En cuanto al primero tengo mis reservas por tratarse de un género que no ha generado ninguna forma de virtuosismo. Con respecto al enfoque sociológico hay mucha tela por donde cortar ya que este sea quizás una de los primeras expresiones musicales nacida de la cultura mediática.

El reggaetón es un género resultado de muchas fusiones. Sus bases principales son el reggae panameño, cantado en español, con algo de plena, candombe y soca, más el reggae jamaiquino y el hit hop -rap norteamericano. Se trata de un género netamente urbano, de raíz afro, como demuestra su pujanza rítmica, pero con una tímbrica y un sonido sofisticado totalmente nacidos de la música tecno de Europa, en la que se inspiraron los negros de las ciudades norteamericanas del west y del East para crear el rap y el hit hop. O sea, que el uso de los loops, los samplers y las secuencias sustituyen la ejecución y el color de los instrumentos de percusión acústicos y llevan la base de su ritmo.

Después viene un factor comercial que tiene que ver con Puerto Rico. Esta es una isla que ya trae la experiencia de robarse el son cubano, ponerle otra forma de campaneo, algunos colores, cambiarle algunos aspectos externos, y vendérselo al mundo como un género nuevo: la salsa. Ese mismo proceso que los newyorikan hicieron con nuestra música, lo están haciendo ahora con Panamá y Jamaica, pero sumándole un nuevo componente: la experiencia de vida en el Este norteamericano, que es la región donde los boricuas controlan el mercado hispano: New York, Harlem, Nueva Jersey, Queen, Brooklyn, Boston, Philadelphia, La florida, algo de Washington y Puerto Rico.

Por otra parte, los hombres boricuas han sido usados por el Army de EUA como la carne de cañón que engrosa las primeras filas en sus ejércitos de ocupación; esto sucede desde Camboya, Vietnam, hasta ahora en Afganistán e Irak. Esa es una de las razones por la que en Puerto Rico hay un promedio de 13 mujeres por cada hombre y la población masculina ha decrecido entre el éxodo y los muertos en guerra. Este fenómeno aportó su componente al reagueton. Si te fijas bien, desde que la pandilla Bush empezó su ferocidad sobre el Medio Oriente, por controlar económica y militarmente esa región, se ha manifestado una resonancia cultural del mundo árabe en la cultura gringa.(No olvidemos que en los pelotones del army se considera importante la presencia de los DJs, como una pieza indispensable para el entretenimiento de los soldados – aspecto que forma parte de la concepción de la guerra como espectáculo).

Sutilmente oculto, tanto en el hit hop como en el reggaeton, se puede distinguir esa presencia de lo mántrico, ese fluir soterrado de una idea melódica que, como recurrencia o adorno, le aporta una capa seductora a una música que apenas tiene discurso melódico, porque los reggaetoneros lo que hacen es rapear con otra métrica y otra entonación, más endémica del bilingüismo a que los ha expuesto la experiencia exiliar. Tanto los negros y los boricuas que conformaron primeras filas en dichas guerras trajeron una influencia sensible de los melismas árabes, de su curva melódica y lo incorporaron sutilmente en un segundo plano melódico y armónico, por medio de eso que se llama en la producción musical Pats de teclado, y que se genera con cerebros de timbres, secuencias automatizadas y samplers. Yo diría que ese es el discurso sensual del reggaeton, el cual ha menudo es ejecutado también por las voces femeninas del coro. Mientras el cantante está ladrando o mascullando sus ideas rústicas y hasta desafinadas, un mantra rítmico afro (cha cún, cha cún) simétrico y estable, programado electrónicamente simulando la caja y el bombo, hasta con sonido de tablas hindúes, nos mete de lleno en un trance danzario, provocándose una resonancia o retumbe en el plexo solar o caja toráxica del escuchador-bailador. Simultáneamente, hay esa otra capa sensualizadora que te va endulzando el oído con un componente morisco y que son motivos reiterativos que van coloreando el arreglo del tema, y que nos permiten soportar y metabolizar el bombardeo de bazofia que emite casi grotescamente el cantante con algo de picardía callejera. Ya que no se puede ocultar que la misma procedencia humilde y hasta marginal de estos nuevos líderes culturales les hace ver el mundo desde una perspectiva  pobre, a imagen y semejanza de sus entornos de orígenes: el barrio. Siendo esta la razón por la cual la textualidad de estos artistas es tan grosera y elemental, con baja elaboración poética y de una preocupación básica, instintiva -de primate urbano- por el valor de lo físico, el falso estatus social, la sexualidad, el crimen, la violencia, la relación con la riqueza y una visión machista de la mujer como materia de deseo, exenta de inteligencia y de realeza, etc. etc. Salvando, claro está, que siempre hay zonas e individualidades, como Don Omar, Calle 13 o Tego Calderón, que aportan al género un componente de reforma social y de preocupación por y hacia los grupos más desposeídos, sirviéndoles de brújula y orientación en sus problemas cotidianos. Unos con enunciados mas didácticos (Don Omar y Tego)  otro con el uso de una poética del disparate irónico- paródico (Calle 13), y otros con el simplismo sexista e idiotizante de Winsil and Yandel y Daddy Yankee. Más o menos por esas tres zonas temáticas se mueve este género.En cuanto al discurso danzario del reggaeton, también es un género mercenario, que le ha robado, por ejemplo, “el tembleque” a La timba cubana, así como se vale de otras dinámicas expresivas propias del reggae jamaiquino y del hit hop americano y ha elaborado en el imaginario colectivo la ficción de que trae la aportación de un nuevo baile. Yo lo veo como un producto de la cultura retake o remix, tan de moda en estos tiempos, dispuesto a tomar cuanto le hace falta de lo ajeno, creando una nueva lógica en el sentido de la propiedad autoral. Ahora, hay que reconocerle que se trata de un género bailable razón por la cual le doy la bienvenida. De un tiempo a esta parte ya casi no se baila, la gente va a las discotecas  a beber, hablar y fumar. Se baila menos que antes, por eso celebro que el reggaeton aporte esa euforia del cuerpo y un poco de alegría a las nuevas generaciones en una época, además, saturada de catastrofismos. Ya de por sí está experimentando un declive comercial. En lo personal, como bailador, yo no paso de dos temas, me abruma el tercero. Sin poder evitar las comparaciones, lo considero musicalmente un género inferior a la timba; como que le falta sabrosura y le sobra obesidad.

A propósito de un género (el video clip) que comenzó en la oposición cultural y ya hoy es “centro” en los rieles del mercado, ¿es posible hoy ser contestatario o alternativo por mucho tiempo? ¿Cómo desafiar la constante política de absorción del mercado y de la corriente principal? ¿O aprendiste, en el camino, que romper las normas puede ser más fácil que llegar a dominarlas?

Me haces tres preguntas. Trataré de redondearlas en una respuesta. Todo discurso es una contestación, rara vez hablamos o enunciamos al aire. Siempre hay un blanco para mi disparo. Respondón, rebelde, antagónico pero también amable, complaciente, cínico, seductor o hierático, juego con el espectador, pero al borde de una seriedad inepta. Juego a la dialéctica de lo usual y lo inusual; como bien sabes, el mensaje es una mezcla alquímica, equilibrada y proporcionada, entre la novedad y la obviedad. Busco el lugar común que reclama la axiología del mercado –el marcado, diría yo- y me escurro, desobediente, por el filón que propone la axiología tradicional del arte, aquel que progresivamente va perdiendo la pureza que mantuvo hasta la posmodernidad. Hoy toda axiología es bienvenida, hacemos un sancocho, los letrados hablan del cóctel. Se trata de una herencia del collage como modelo de pensamiento. Inclusivismo y relajo. La cuestión está en reconocer que tras Cristina Aguilera se esconde Sara Vaughan, que tras un Pedro Juan Gutiérrez también habita un Joyce, que Romanek le hace sutiles homenajes a Tarkovski. La cultura es promiscua. Se desdibujan los bordes entre lo alto y lo bajo. Como decía aquel proverbio latino: “la cama es la ópera de los pobres”. O como dijera alguien: “sexo y plusvalía rigen el mundo”. Entonces hay que mezclar el apetito del Eros con la sofisticación del intelecto, provocar la catarsis del espectador  apelando al hambre de la bragueta, entretener y a la vez estimular la necesidad de trascendencia; buscar un mix entre lo prosaico pagano de la compra-venta y la sed poética de elevación espiritual que reclama nuestra especie; crear avidez y lujuria electrónica, sazonada con cierta densidad gnoseológica. Al final, todo buen discurso debe propiciar bienestar y  conocimiento o, en su defecto, provocar para mover el tapete.

El mercado ha colmado de bolsillos al hombre y necesitamos sustancias y contenidos con que llenarlos. Mi trabajo, si te fijas bien, busca, experimenta y se regodea en las coordenadas de lo exótico y lo reflexivo, lo sensual y lo filosófico, tiene el descaro de la corte y la elegancia del solar, transita la academia pero no da la espalda al saber empírico de la calle. Al final, lo que cuenta es el simphatos, el alud de sensaciones (aesthesis) que logras provocar en el que mira, el carnaval de lubricaciones que promueves en sus sentidos, las ideas que se articulan en su mente.

Alguna vez te escuché que el video clip había sido y es, probablemente, el género cultural más revolucionario de los últimos cincuenta años. ¿Por qué?

El video clip ha significado un parte-aguas en la historia de la imagen en movimiento, con renovadoras consecuencias a nivel sociológico, semiológico, estético, y mercadotécnico. Esto que referimos es un territorio vasto, el cual trataré de sintetizar para el formato de tu entrevista, pero que exige de un espacio mayor. Sobre el tema tengo desarrollado un libro que aparecerá próximamente, bajo el titulo: La fiesta del fragmento..

Aunque este género tiene antecedentes en la propia historia del cine, la TV y las artes plásticas, hay que reconocerle un origen televisivo. Fue en el año 1980 que surge como institución cultural, a la par del canal MTV, entonces una filial de Warner. La mayor virtud que ha ostentado reside en ser voluble para asimilar, plegarse, recurrir y tomar cuanta forma expresiva le sirva de arsenal creativo: cine, TV, pintura, escultura, performance, danza, publicidad, teatro, literatura, cómics, diseño grafico, video art (neofluxus), moda-fashion, fotografía, arquitectura, etc.

Intentaré sintetizar sus mayores aportaciones. Primero, el music video ha sido el responsable de que la humanidad adquiera una mayor rapidez y velocidad a la hora de procesar y consumir volúmenes de información visual. El clip ha entrenado al ojo en la captación de sutilezas perceptuales que antes pasaban desapercibidas; esto ha provocado una agilidad y una síntesis extrema. Ha desarrollado la concisión en los mensajes. Por tratarse de un genero poético, ha establecido nuevas normas en la decodificación simbólica, y ha creado otra manera  sintagmática de narración, tiene una nueva gramática, otra forma más caótica de hipertextualidad, combinando la no linealidad con la simultaneidad de discursos. En eso es fiel representante de las paralogias y de las heterologias, y fue antecesor de la computadora. Maneja una alta emocionalidad y sugestión, a partir de lo sorpresivo y novedoso de su impacto estético. Procura refinamiento visual e incuba un alto simbolismo y una gran expresividad formal.También extendió el tema de explotar y explorar el fragmento hasta el paroxismo, reivindicando una visión atomista del tiempo y del espacio cinemático y televisivo, promoviendo nuevos modelos de estructuras narrativas abiertas. Desató o liberó el mundo del inconsciente colectivo, dimensionando el sueño hasta una esfera creativa. Incentiva la imaginación del espectador, es lúdico y juguetón. Al igual que la poesía, tiene la capacidad de manejar el lenguaje figurado, alusivo, e incluso puede hablar de sí mismo (de su lógica interior y lenguaje), mientras habla de otras cosas. Tiene una preocupación por lo formal que casi la exalta a rango de semántica. Uno de sus contenidos básicos es el alarde de formas expresivas y de recursos, por su misión de aportarle un componente visual a una base sonora. Además, cambió el canon de lo inverosímil y lo onírico. Aportó una noción otra de la continuidad, la hibridación y del raccord en el montaje, y exaltó la noción estrecha de realidad desencadenando euforias pasivas. Sustituyó el papel social del héroe de la literatura y el cine por un nuevo  personaje público: la celebridad o estrella pop-rock. Ha ido esculpiendo a un sujeto andrógino, que definitivamente será más libre y autosuficiente que el heterosexual canonizado por la tradición judea, cristiana e islámica, ya que gracias a su ambigüedad prescinde del otro complementario, de sexo opuesto.  Promueve la idea de una publicidad más democrática, pues te ofrece probar el producto(la música) mientras disfrutas de su promoción, a diferencia de la publicidad tradicional, donde no conoces el producto hasta que  acometes la compra.

Por otra parte, el video clip ha distendido y refrescado la concepción fotográfica, de iluminación, el montaje y  la puesta en escena, desarrollando una dramaturgia del distanciamiento  que salva al televidente de la identificación hipnótica con la anécdota. Ha incorporado, con resultados elocuentes, el universo de la animación 3D, con toda su nueva tecnología. Ha influenciado en el ritmo, en el tono y en la gramática a los noticieros, las series, el largo y el cortometraje, el documental, los espacios deportivos, y le ha quitado solemnidad a la televisión, con una gama amena y sugestiva de “atractores” sensoriales. etc.

Una vieja y rancia discusión, como esa referida al presunto contrapunto entre compromiso publicitario y artisticidad en el video clip, sigue siendo en Cuba un rubro en la agenda de muchos creadores y críticos. Tal vez porque resulta todavía reciente la entrada de una incipiente industria del disco a Cuba. Por mi parte, he insistido en que, de siempre, la historia del arte ha debido vérselas con el encargo, lo que no ha implicado mitigar el repertorio artístico; creo que en las artes técnicas o de la reproducción cuanto hay que hacer, lejos del divorcio, es maridar cada vez más lo uno y lo otro: mientras mejor manejes el repertorio estético, mejor responderás al compromiso publicitario. La propia publicidad no es ajena al arte; sólo que a otro tipo de arte. ¿Cómo ves tú el fenómeno en términos teóricos?

Tus preguntas son casi ensayos teóricos; en ellas está implícita y hasta desarrollada la respuesta. Yo coincido contigo, y me inclino por establecer un maridaje entre arte y mercado, aunque no todos los clientes lo aceptan, apenas los más refinados, que son unos pocos. El dilema radica en definir previamente para quién uno está trabajando y con cuáles propósitos. No olvidemos que el video clip se hace por encargo, y que tiene por meta suprema vender y promocionar al músico y a su producto, el disco. Si me das a escoger, prefiero hacer el video clip de arte o de autor, pero, para serte franco, los que me han dado de comer y me han posicionado en la industria, son los de marketing. Es una idea maldita y hasta irreversible, pero las cosas adquieren valor según se venden. Esplendor de la plusvalía como medida de valor. Estoy pensando en releer a Marx para ver si le encuentro algún análisis antropológico sobre esa obsesión humana por la ganancia como metáfora del prestigio. En ese sentido, el mercado nos está descuartizando. Por suerte, en mi trabajo, ya se puede llegar a ese punto medio que llaman “artisticidad de mercado”. Algo, por demás, terrible que se conecta con los criterios de la “Industria cultural”, que a decir del filosofo Theodor W. Adorno, es una maquinaria concebida para limar las salientes filosas del arte hasta volverlo un mero artículo de consumo.

. Me ha parecido escucharte que continúa, según tu criterio, el folclorismo en el video clip cubano. Siempre he tenido una preocupación: Palo porque bogas, y palo porque no bogas. Si pones los solares, los negritos en la calle, La Habana ronca, eres un folclorista. Pero si maquillas sobremanera lo real, y haces videos clip en las mansiones de Miramar, “traicionas” tu realidad y te alienas. ¿En arte, cabe esperar un punto medio? ¿Hay una sola Habana? ¿Todas Las Habanas, o las Cubas, imaginadas, no son legítimas?

Aquí cabe aquella tesis lezamiana de “la posibilidad infinita”. La imagen engendra la posibilidad, y la realidad anula a la posibilidad, algo así esbozaba Lezama Lima. Cuba puede y debe ser poetizada en todas las dimensiones posibles. Todas esas caras conforman el rostro del país. Lo que sucedió fue que, con los años, se hizo hincapié para que el pueblo sólo se identificara con algunas de ellas, y excluyera o se desencantara con otras. Ese fue uno de los talones de Aquiles de la revolución: no  supo incorporar a la burguesía que había apoyado el proceso revolucionario y se radicalizó en pro de las masas. Y cito al filósofo Gustavo Pita: “Incluso admitiendo que la burguesía era en principio imposible de incorporar, lo que es imperdonable en todo caso es que se haya identificado la revolución social con la destrucción o desacreditación de los valores culturales creados por la clase derrotada. Aun asumiendo la lógica purista del poder, resulta un contrasentido”.

Ese es un proceso para nada exclusivo de la revolución cubana; atañe a la lógica de las revoluciones en cualquier circunstancia. Lo nuevo que necesita erguirse por sobre lo que considera viejo tiene a menudo un precio muy alto. Lo sabemos. Alejo Carpentier lo abordó admirablemente en El Siglo de las Luces, cuando entre todos los símbolos de la revolución, señaló con justeza el peligro de la guillotina.

Mira, eso es muy polémico, pero lo principal está en lo siguiente: Ojalá y la historia futura saque provecho de esa experiencia y aprendamos a sentir regocijo tanto del solar habanero como de la mansión en Miramar . Te lo digo yo, que crecí en Alamar, mitificando y descalificando ambos escenarios.Pero a lo que yo me refería en aquella entrevista que tú me hiciste en TV para el programa Lucas, fue al factor populista y chabacano predominante en las imágenes de los videos clip cubanos y de otras visiones fílmicas o audiovisuales de la Cuba de hoy. Moreno Fraginals acotó y observó en los inicios del “periodo especial”, el peligro de “la haitianización de Cuba”. Ese término redondea casi todo lo que ha sucedido en los últimos años. En aquella época, pocos le hicieron caso, pero su tino previsorio es indiscutible. Incluso, algunos le buscaron a su idea falsos matices racistas en contra de la negritud, confabulando una injusticia imperdonable con uno de nuestros historiadores más agudos y que con mejor exquisitez ha sabido legitimar y reflexionar sobre el componente negro de nuestra cultura. Fue, el caso de Moreno, un ejemplo tácito de cómo se puede llegar a descreer de las Inteligencias, marginarlas y crearles un estigma, sencillamente por ser divergentes. Al final, si esas lumbreras hubieran sido tenidas en cuenta, nos habríamos evitado algunos problemas.

Con el desmantelamiento del campo socialista -a mí no me gusta la palabra caída- surgieron nuevos retos para la sociedad cubana. La falta de apoyo económico generó una crisis en todos los órdenes, y progresivamente el país se fue quedando en el desamparo. Esto generó indigencia, y empezamos a atrasarnos con respecto al mundo; a esa haitianización se refería Moreno, haciendo la parábola con la primera gran revolución de América de finales del XVIII.

A raíz de estos cambios, la “estética práctica” (frase de Arturo Cuenca) manifestó una exhuberancia como camino resolutivo del pueblo ante las carencias. Qué quiero decir, que la gente empezó a “inventarla”, verbo que en buen cubano significa hacer magia para sobrevivir, y con ello sacó la chancleta para la calle. Y eso no es sólo una metáfora. En lo referente a la vida musical del país, pasamos de la densidad poética y sublime de la Nueva Trova al boom de la desfachatocracia timbera. Y lo vulgar le ganó a lo intelectual, lo popular le ganó a la alta cultura, y por ende se perdió un equilibrio indispensable. Se extinguió la poca aristocracia de espíritu que le quedaba al cubano. Solo un reducido grupo de la elite cultural del país se pudo proteger del tsunami vernáculo y costumbrista.

La propia emergencia económica hizo que se rediseñaran nuevos derroteros en la educación, tanto escolar como mediática. Las escuelas sufrieron carestía de recurso y de actualización. Conclusión, crecieron dos o tres generaciones que sólo pudieron vivir las vacas flacas de un proceso de esplendor cultural que había vivido la nación entre los años 70s y los 80s. A esto sumémosle que la axiología dominante se inclinaba por el populismo, por considerarlo un bastión de lucha contra el aburguesamiento de algunos sectores y como defensa de las conquistas sociales a favor de las mayorías. Ya este enfrentamiento lo había sufrido la ciudad letrada, quien en los 60s se dividió en dos bandos: coloquiales-directos- militantes frente a herméticos-rebuscados-metafísicos (Orígenes).

Conclusión, se deterioró aún más “el canon cívico de la decencia”( es una idea que cito de Rafael Rojas cuando analiza el quiebre de la convivencia plural en la ciudad letrada cubana republicana en su libro Tumbas sin sosiego). Las buenas costumbres y el cubano de a pie perdieron el refinamiento básico y los estándares de elegancia. La gente empezó a hablar abusando de las malas palabras y descuartizando el idioma, a ser más chusma y de peores modales. Hubo un estallido de las prácticas religiosas alternativas y la gente con nivel escolar se refugió en el universo mágico porque el conocimiento no le servía de mucho. Hubo un auge de la prostitución urbana juvenil (jineteras) que reorientó el turismo hacia el atractivo sexual, se paralizaron la mayoría de las fábricas, apenas había suministro eléctrico y de combustible, la alimentación se puso difícil al punto de que se extinguieron los gatos callejeros, se suspendió el carnaval: una de las válvulas de escape equilibradora de las tensiones sociales y, como conclusión de tanto desajuste, se produjo un éxodo masivo de una población bien formada en universidades nacionales y del Este europeo: profesionales, científicos, técnicos y artistas, hacia países donde podían obtener mejores remuneraciones por su trabajo. Todo aquello -y más- terminó por inclinar la balanza hacia la indigencia. En fin, se reacomodó la sociedad de manera tal que uno podía percibir el churre en el cuello de la camisa del locutor del noticiero más estelar del canal 6.

Te estoy haciendo el panegírico de una devaluación cultural (entendida la cultura como todos los modos de actividad humana y no sólo las letras y las artes) anunciada por Moreno Fraginals, para que concluyamos que era inevitable que la imagen y el sonido que acompañaría a la música cubana estaban llamados a contagiarse de este viraje o degeneración social. Si tú quieres, revisa los montunos y estribillos de todos los temas bailables cubanos de los últimos 20 años y verás que más de un 70 % aluden en su textualidad a asuntos baladíes, pobres, vulgares, insustanciales, naïf, prosaicos y provincianos. Además resultaba paradójico, porque el componente musical seguía siendo extraordinario y de primer nivel, pero fallaban las letras, las cuales se tornaron dicharacheras y facilistas.  ¿Qué estoy tratando de probarte? Lo imposible de enjuiciar al video clip cubano por folclorista, populista, vernáculo y chabacano, ya que el resto de la sociedad se fue orientando hacia esa misma dirección. Y el video clip sólo pudo hacerse eco y reflejo de esas modas, se contagió del “realismo sucio”. Además, ese es un fenómeno no exclusivo de Cuba, también fue una tendencia general del mundo. Hay decadencia por todas partes y ausencia de modelos y guías elevadas a seguir. Una mala distribución de la riqueza ha generado una efervescencia de la pobreza, un despertar de los modelos de izquierda que pugnan siempre con la sofisticación de la cada vez más egoísta alta sociedad.

Igual quiero reconocer que el video clip cubano de ahora ha logrado resultados que superan las condiciones rudimentarias de producción. Los realizadores han confrontado la carencia de tecnología con ingeniosidad y carisma. He visto aquí posproducciones que en otros lugares costarían una fortuna. Pero es indiscutible que nos hemos identificado demasiado con las paredes descascaradas y con la orfandad de los barrios. Deberían tratar de mostrar esa Cuba anhelada, soñada e idílica; empezar a proyectar el futuro, virtualizar dignificadamente la imagen de lo cubano.

¿Eso no sería maquillar, edulcorar, falsear en otro sentido?

Es triste viajar por el mundo y ver que en el extranjero se ha conformado una imagen indigente y pueblerina de los lugares cubanos tanto en  salsotecas, bares y restaurante. Cuando mejor nos va es gracias a lo residual de Tropicana o de El floridita. Es lamentable que después de Celia Cruz la cubana más famosa sea Niurka Marcos. Este ejemplo explica el degenere.

Cuando tienes que visualizar para hacer un video clip de baladitas rosas, todas parecidas a todas, ¿no te da nostalgia de aquellos tiempos en que las canciones de Amaury Pérez, Santiago Feliú y Carlos Varela te hacían parir unos videos llenos de imágenes alucinantes?

Cambiaron mis alucinaciones. Ahora son otras y responden a las necesidades del mundo donde vivo. Sigo volando pero ya no olvido el paracaídas. Cuando se cumplen 42 años ya no se ve a la humanidad con la ingenuidad de antes. Surgen nuevas fascinaciones y nuevos compromisos con el sentido de las imágenes que construyes, del legado que dejas sobre la tierra. También se aceptan con placer los retos de las nuevas circunstancias. Me acomodo y extraigo de toda experiencia un provecho.

Mi profesión está más que nunca inserta en el mercado. No soy sordo a los cambios. Acabo de terminar un video clip que, a la semana de estar en Internet, tenía más de 300 000 visitas en youtube. Para mí es motivo de alegría comprobar que mantengo un diálogo y una comunicación estrecha con los adolescentes y los jóvenes, y que no me excluyo del sentir mayoritario de esta época. Si me hubiera quedado en una visión elitista, clasista y defensora del lirismo finisecular que concluyó la era analógica del siglo XX, me habría estancado como comunicador, emisor y receptor de mensajes.

Le busco a las baladas rosas o cúrsiles el mantra benefactor soterrado y a partir de éste, visualizo imágenes que sacudan al espectador. No creo que cualquier tiempo pasado haya sido mejor. La humanidad entera se ha subido a un tiovivo donde apenas cambia la constitución enrarecida del aire. Cualquier salvación es un problema individual. Ni siquiera esos autores que mencionas, a los cuales disfruto enormemente, tienen en estos momentos el ágora que les rindió culto en el pasado. Ya Santiago no colma la escalinata con su guitarreo sin igual ante un público frenético que coreaba una canción tan rara como Para Bárbara; ya Amaury no hace aquellos majestuosos conciertos que renovaron el espectáculo pop de Cuba, con canciones que estremecían la sala García Lorca; ya Carlitos Varela no es el artista puro que sensibilizó a una generación con las reformas de la perestroika. Guillermo Tell es un misterio, seguimos añorando la manzana, y la única flecha posible a disparar es la de Zenón, la que, vista segmento a segmento, se halla detenida en tiempo y espacio.

¿No será que la escalinata y el Lorca los llenan otros? ¿No es ello saludable?

Como apuntaba Hegel, cada época tiene su espíritu. Parece que los rasgos esenciales a ésta son la frivolidad y la tontera. Y ni siquiera a esos desmanes soy indiferente. El artista y el intelectual de la POPOMA (Pos-posmodernidad) no puede sólo ser juez descarnado de su tiempo; tiene también que ser actor, proponer guías y modelos, buscarle la salida al laberinto. La crisis actual de la filosofía se debe a que la Academia se  alejó de esa cotidianidad que llamamos mundo real y se ha refugiado en el tropo y en los libros. Ensimismada, la filosofía desdeñó la utilidad practica que debe propiciar creando modelos y reflexión  que ayuden a la gente a concebir la vida. Fíjate que de los filósofos mas recientes, E. M. Ciorán es el más leído por su estilo desacralizador, ácido y divertido. Con su irónico desencanto y catastrofismo cínico, le robó el show a un Jean Paul Sartre solemne, erudito y depresivo. Otras ramas del saber están copando los territorios de la filosofía. Por ejemplo, un biólogo como Richard Dawking llega a best seller hablando de El gen egoísta y de El espejismo de Dios, con una amenidad que no excluye lo profundo. Y un Fritjof Capra con El tao de la física, Sabiduría insólita o  La trama de la vida – tres libros muy vendidos- combina ciencia y filosofía sin abaratar lo didáctico ni lo sabroso del conocimiento. Porque esa es quizás una categoría que le falta reconocer a la estética y a la filosofía: lo ameno , en lo cual la ciencia con la visión de los promotores y divulgadores ha tomado mejor iniciativa.

Y en los años 80s y parte de los 90s, todos los aparatos teóricos se concentraron demasiado en enredar la madeja. Eso creó entropía y confusión dentro de la cultura. El diálogo se torno debate jeroglífico, cuando “la arqueología del saber” debe propiciar concilio y no desencuentros adversos. El diálogo siempre es un puente. Me sirve una canción: “No quemes los puentes tras de ti”.

Y para cerrar tu pregunta, cuando tengo nostalgia de aquella época en que creímos que el mundo tenía solución y acometíamos cualquier empresa como una cruzada en pro del saber y del mejoramiento humano, “apenas abro los ojos” y recuerdo que “una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo”, porque “lo que pasa es que lo eterno no es de nosotros, lo imposible es esa brújula rota en el alma”, confiado de que a “donde me empuje el agua me iré, donde me lleve, cambiando el curso raudo y tenaz de la corriente”. Mis imágenes siguen amorosas, montadas a caballo, tirando remos a la mar y fisgoneando por entre la cerradura de muchas puertas, la alegría y la desesperanza de mi tiempo.

Un hombre como tú, que debe vérselas todos los días con la competencia atroz y la dinámica de la televisión en varios puntos de América, tendría la autoridad suficiente para, a distancia, valorar la Televisión cubana. Siempre se dijo que la Televisión cubana no era tan mala como tan vieja; hoy, que de alguna manera lo sigue siendo (vieja y mala), sin embargo continúa ostentando un proyecto cultural en defensa de valores primordiales en el ser humano. ¿Qué juicio te merece todo esto? ¿Qué valdría hacer con la Televisión cubana? A los artistas e intelectuales cubanos, a menudo, les resulta una televisión tan ajena que nuestro común Amaury, en el Congreso de la UNEAC, llegó a decir que parece pagada por el enemigo. ¿Cómo ve todo esto Ernesto Fundora?

Coincido plenamente con Amaury: el enemigo también está en casa. Yo debo ser cuidadoso porque mi juicio puede afectar a gentes que fueron y son mis compañeros de profesión y hacia quienes profeso  respeto. Fíjate que cuando me acerqué a la TV cubana, siendo yo un artista independiente, conocí allí a gente muy capaz y preparada, pero como la estructura de poder es vertical resulta que, con mucha frecuencia, el que no sabe, dirige al que sabe y lo coacciona. Entonces no hay posible desarrollo allí donde un individuo no puede expresar ni explorar lo mejor de su inteligencia, ya que su modelo creativo entra en contradicción con la fórmula política  del Estado. Las sociedades centralizadas generan modelos de pensamientos monistas y neuróticos, ya que el sujeto está escindido entre lo que quiere hacer y lo que le permite el sistema. Entonces, de un hombre frustrado en sus sueños personales y creativos sólo se recogerá una mala cosecha accidentada por el descontento y la apatía.

Cuando Andy Warhol llegaba de visita a una ciudad desconocida, se encerraba en la habitación del hotel algunas horas, a mirar la televisión. Decía que para conocer el alma de un país había que conocer su TV. Si la sociedad cubana está reclamando cambios esenciales, ¿cómo no va a hacerlo la herramienta fundamental de su ideología: la TV ? Sucede que la percepción de los fenómenos va a la saga de los propios hechos y, lamentablemente, la TV cubana llegará rezagada al entendimiento de la complejidad histórica que está viviendo la nación. Si la televisión tuviera una autonomía expositiva, si no fuera tan absoluta en lo partidista, si se le permitiera tener un carácter reflexivo a modo de vidriera para exhibir una visión plural de la vida y de la sociedad cubanas, mostraría caminos – senderos que se bifurcan- para reorientar la brújula extraviada del país.

Falta en esa televisión libertad en el ejercicio del criterio, porque esa televisión ha sido sobreideologizada y se ha abusado de ella como una tribuna de ideas políticas y se le ha despojado de sus otras múltiples funciones. Entonces, lo que se le ha preponderado y garantizado es la eficacia en lo directo a la hora de comunicar el catecismo político. Los dirigentes casi siempre carecen de una sensibilidad estética refinada, peor aún pedirles que se sincronicen con la nueva era de acuario, altamente tecnologizada, donde la información y el conocimiento  se han democratizado. Cuba necesita, impostergablemente, homologarse con los nuevos órdenes económicos globales. Ese es un reclamo de la sociedad civil y de las nuevas generaciones que ya debe comprender el Estado. La nación se ha atrasado por falta de acceso a la información, por falta de buen gusto y perspectiva modernizadora. En cualquier país civilizado, usted debe tener la opción de comunicarse con la network -red de redes-, cambiar de canal si no le agrada lo que está viendo y  tener múltiples alternativas. Como también estamos atrasados en democratizar el acceso a la Internet. No es posible que una herramienta descentralizadora haya caído en el centralismo o en el privilegio de unos pocos que ya presumen sangre azul.

Entonces, creo que lejos de irme por las ramas y criticar duramente a los creadores de la televisión cubana, hay que ser responsables, honestos y reconocer que se trata de un callejón sin salida producto de una patología social. La televisión siempre será un espejo del poder, así pasa en el mundo entero, la diferencia con otras sociedades reside en que la iniciativa privada crea una alternativa mediática y hace que esos poderes sean más diversos y polífonos. Habla el coro, mientras que en Cuba sólo se escucha al solista.

Tú eres uno de esos intelectuales de mi generación que optó por el nomadismo, por conocer mundo y, ciertamente, con todo, eres de los más exitosos. Cosmopolita, global, “mundialista”, pareciera que vives donde te sientas bien y punto. Sin embargo, se te ve y se te siente muy pendiente de Cuba, siempre; de su arte, de su pensamiento, del pulso y el nervio de su gente. Asere, ¿por qué te molesta entonces la noción de “pertenencia”? A tu modo, ¿no regresas también como fragmento al imán?

Permíteme que empiece por la alegoría a Lezama, uno de los cubanos más universales. Si mal no recuerdo es en su diario donde Lezama tiene una frase que a mi me aclaró ese asunto de la identidad: “A un hombre no solo lo definen sus orígenes sino también sus destinos”.Y a través de Lezama todo entronca con el primer José de Cuba. Me obligas al deleite de ser martiano, y con ello a enraizarme. Me remito a este hombre excepcional porque en él nunca se coagula la sangre de lo cubano, siendo su hemoglobina universal. Cuando en una tradición tenemos a un Martí sobre el cual estamos parados desde hace más de un siglo, no cabe dudas de que el mundo está en las ramas. “Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy, arte soy entre las artes y en los montes, montes soy”. Aquella frase delata la inquietud de un espíritu capaz de encontrar frondosidad lo mismo en un punto especifico del universo, la isla, que en la infinitud del cosmos. No habría imantado a la nación si no hubiera sido un nómada del mundo, un diamante peregrino ultrajado por la luz.

Cuando le escuché decir a Carl Sagan que estábamos hechos del mismo polvo cósmico que el resto de las estrellas, comprendí que la ecuación de lo nacional era demasiado estrecha para mi ansiedad. Sentí que debía desbordar los límites, incluso los de la especie. Comprendí la esencia solar de nuestra civilización, y salí a la búsqueda de un “mas allá” que apenas reconoce límite en el big bang. Acepté entonces, no sin rubor, que apenas me pertenezco, pues pertenecer implica reconocerse propiedad de algo o de alguien. Entonces, ¿cómo confiarme a un pedazo de tierra o a un paisaje? ¿Cómo excluirme de una esencia constelacional que palpita misteriosamente en mí? Cuando algo me hace  cautivo de una esfera de acción, me revelo. Me sueño  cabalgando sobre un centauro rumbo a los destinos macros, el megabit de alguna misión cybernáutica sin más propósito que la  conexión. No le pidas a un actor que exprese la profundidad de su conflicto a partir de la escenografía.

Habito la partitura secreta del hombre, su otredad especulativa, su nomadismo congénito. Tengo nostalgia de futuro y pernocto intermitente y con prudencia en mi pasado. ¿Te acuerdas de aquella escena de Cinema Paradiso en que el niño va a abandonar el pueblo y el viejo le dice que nunca  mire hacia atrás? Aquella escena me iluminó. No huimos de un sitio, escapamos de todos. A mi maestro Gustavo Pita cuando se aborda el tema de la condición exiliar, le gusta mentar a un filósofo ruso, Merab Mamardashvili, quien escribiera: “vivo en la extraterritorialidad del espíritu”.

Ser nomádico me ha propiciado dos grandes fortunas: una, tener un tiempo propio a la medida de mis placeres y necesidades, y la otra, me ha permitido emprender disímiles viajes interiores, que son las travesías más genuinas, provechosas y singulares que puede encarar un espíritu libre. Somos de por sí una isla, cada hombre es un pedazo acorralado por la singularidad de su destino, y en ello reside el drama secular de vivir; entonces, ¿para qué quedarme anclado a otra isla? Cuba es mi semilla, mi plataforma de lanzamiento, pero también el árbol que se deshoja, el mango que se extingue y traduce deleitoso en la boca de aquel niño travieso. Voy con mi país a cuesta, traigo por mochila a mi corazón. Siento con apasionada firmeza que la nación sobrevive y se extiende a un rango virtual, que podemos prolongarla en la memoria por medio de disímiles registros y representaciones que de ella se deriven. Busco para Cuba, como el más ferviente celestino, alguna estrella en el firmamento que esté dispuesta a ser su novio.

Endémico sí, apegado no, hacerlo implicaría identificarme con la consternación. Atento sí, imbricado también, nunca atávico. Ni adicto ni abyecto, practico un amor y una atención por Cuba que prescinde de mecanicidades. A rumbo propio, con mis penas y mis glorias, he aprendido a disfrutar la amplitud del núcleo. Me indefine el origen, me exalta el movimiento, me confabulo con la traslación. Ya de por si mi sangre es ubicua: abuelos canarios, españoles, criollos e indio antillano.

 De todas formas, querido y lúcido Rufo, como también soy un hombre mediocre, con orgullos culturales  que aún no asumen la mentalidad postnacional a que nos convoca el espíritu de esta época, si en mis eternos peregrinajes por el universo encuentro a alguien que ose declararse injustamente enemigo de Cuba, que saque el sable. Porque hay amores que tienen razones inexplicables y en ellos se manifiesta la ambigüedad oportuna del deseo. Mi ego se reconoce cubano pero mi alteridad se diluye, gustosa, en cada partícula subatómica del universo.

Gracias de todo corazón por tu inteligente entrevista, por provocarme en la plática y por permitirme el espacio generoso de esta publicación de quien ya soy deudor.

ERNTEVISTA REALIZADA POR INTERNET POR RUFO CABALLERO A ERNESTO FUNDORA HDEZ EN 2008. PARTE DE ESTA ENTREVISTA FUE PUBLICADA POR LA GACETA DE CUBA EN EL NUMERO CORRESPONDIENTE AL MES DE ABRIL 2009.

DEL INSTINTO HOMICIDA AL ARQUETIPO LIBERTARIO

Entrevista al cineasta y escritor Ernesto Fundora, a raíz de su libro de ensayo Instinto de Barricada a la venta en Amazonhttps://www.amazon.com/dp/B0C5KJX4VW

Ilustración: Raoof Haghighi

PERIODISTA:  Un libro tan extenso e intenso siempre intimida y hasta asusta al lector y a la crítica ortodoxa. Dime de la forma más sucinta posible, la tesis fundamental que manejas en esta reciente obra ensayística, Instinto de barricada.

ERNESTO FUNDORA: La tesis fundamental de este libro poliédrico, Instinto de barricada, es comentar que esencialmente vivimos como civilización humana castrados y amordazados, exentos de cualquier forma de soberanía, ya que somos una especie diseñada, controlada, amaestrada,  una especie modulada e intervenida por poderes exopolíticos multiniveles, pero nuestro egocentrismos antropológico, natural o artificial, sujeto a continuas reprogramaciones, nos impide percibir esta rareza del ciclo opresor y el principio de servidumbre que hay como mal de fondo en el diseño social civilizatorio, sin importar que este sea de izquierda, de centro o de derecha. Es decir, estamos atrapados en un mundo simulado, una especie de programa cibernético a gran escala donde apenas nosotros funcionamos por software o aplicaciones de nivel tridimensional y plano sico-sociológico.

Como parte del holograma de nuestra consciencia, nos han inculcado una serie de arquetipos, de entre los cuales el  fundamental que venimos arrastrando desde las eras imaginarias, desde las tribulaciones ancestrales de nuestra evolución, ha sido el instinto libertario, o sea, un arquetipo prehistórico que llevó incluso al filósofo alemán Hegel a declarar la mejor definición que considero yo existe acerca de la Historia humana, definición en mayúscula: “La historia es el progreso en la conciencia de la libertad”. Hegel se da cuenta de que más que el amor, incluso más que lo que Marx advirtió como un rasgo esencial humano – la necesidad social de la especie – había otra necesidad inherente de ser libres, un instinto que vive pulsando en el interior de la civilización y que la empuja en la búsqueda de una soberanía mayor.

Pero esa búsqueda libertaria , en el caso humano trans-histórica,  está inoculada dentro de una caja negra, sumergida a niveles muy profundos de nuestra subconsciencia, en un plano de la psiquis que ronda incluso la memoria filogenética. Porque  sabemos de una manera silenciosa que no somos libres y que probablemente nunca lo seremos. Y al reconocernos prisioneros, desde nuestro propio origen -lo cual ha sido machacado en el acervo mitológico- tenemos que conquistar entonces formas diversas, obsesivas,  sublimadas y metafóricas de la libertad. Para ello el camino que hemos encontrado -que también es otro arquetipo consecutivo- es el arquetipo revolucionario, la épica insurgente. Sin embargo, dicha fórmula tiene una mecánica depredadora, hostil e incluso incinera para reforestar, destruye para construir, ya que está basada en las leyes negacionistas de la dialéctica: la ley de la negación de la negación, la ley de los cambios cualitativos y cuantitativos y la ley de la unidad y lucha de contrarios, todas operadas bajo el procedimiento de tesis vs antítesis que arroja por desgaste  resultante una síntesis. Las tres leyes de la dialéctica de todo modelo revolucionario, ya sean de las revoluciones científicas, sociales, de creencias, políticas,  la que se te ocurra, incluso las revoluciones cybercrática, financiera y cuántica de hoy, de alguna manera están sometidas a agendas exo-humanas que pretenden hacernos constantes update como civilización. Por eso vemos la Historia como una cronología lineal porque nos lo han inculcado secularmente. Nos han encadenado por medio  de los resets que le provocan al planeta y a la civilización reiteradamente, como una fórmula alucinatoria, recurrente, una insuerte de tiovivo, como único modelo del cambio posible. Dentro de ellas, la más perversa, es aquella que involucra la recurrencia karmática del alma obligada a reencarnar en una rueda o samsara, un carrusel desde el cual apenas logran apearse los muy iluminados. Sin embargo, todas esas actualizaciones del sistema social traen una segunda intencionalidad que va más allá de lo que pensamos nosotros como idea del progreso, o de la evolución y el cambio. Si analizamos el evolucionismo darwineano, por ejemplo, que fue una idea maravillosa, también ucrónica, utópica e idealista, por otro lado también nos empantanó en el arraigo del antepasado homínido. Lo de sapiens era una metáfora reconfortante para generar vanagloria en el homo hábilis, condición de la cual no logramos escapar y en la que siempre nos han mantenido secuestrados. Pero, por suerte, en los años 90s  aparece Lynn Margulis, una bióloga y científica iconoclasta, quien por cierto era esposa de Carl Sagan, y ella demuestra que a nivel biológico hay procesos evolutivos donde una especie no tiene que aniquilar a la otra para poder engendrar progreso. Hablamos de un cambio de alquimia, de reconvertir las cosas hacia otra sustancia por medio de una autosugestión o reprogramación de procesos que optimizan y aprenden de sus fracasos anteriores, los que además promulgan experiencias generativas en lugar de posturas aflictivas. No en balde esta bióloga (antievolucionista) le corrigió a la teoría de Darwin: “La selección natural elimina y quizás mantiene, pero no crea”. Por lo cual Margulis deja abierta una hipótesis, conocida como la endosimbiosis, una teoría ampliamente aceptada ahora en la biología oficial que refiere un mecanismo clave de la nueva epistemología evolutiva.

Ahí se confirmó algo importante y revelador, más audaz que el propio evolucionismo Darwinista, ya que se trata de una idea o teoría que viene a refutar la necesidad de destruir, de someter, de aniquilar y de contrariar. Los epígonos de  Darwin lograron encontrarle una matriz antropológica y filogenética a la violencia en nuestra especie, algo de lo que se hicieron eco mentes brillantes como el mismísimo Freud y Marx. El mainstreaming o poder en la sombra, se ha encargado por siglos de repetirnos hasta el cansancio este designio fatídico.  Luego entonces le ponen la tapa al pomo con la catarsis del marxismo sugiriendo el camino de la lucha armada entre el proletariado alineado y homicida, ansioso por cometer regicidio, que busca aniquilar a un grupo o clase en pro de instaurar su declarada dictadura a partir de la repartición y control de la riqueza. Si lo analizas fríamente, en el debate socio-político, ningún bando está capacitado para negociar sinceramente, sino para entramparse y despojarse ad infinitum de bienes conferidos de los cuales nos han hecho creer que somos propietarios.

Conclusión, tanto la idea evolucionista que inspiró a Karl Marx en todo su modelo revolucionario con el eje dialéctico del cambio social basado en el choque de los entes polarizados de las clases oprimidas y las clases dominantes, está dentro de una ecuación castrante que busca exacerbar, excitar, provocar e irritar a la humanidad para que vaya apelando siempre a la idea del cambio y del progreso desde una matriz prácticamente primitiva, a través del fuego, el garrote, el arma de exterminio, el instrumento de trabajo agrícola, del acto primitivo de la cacería, o cuando no, por medio del rictus fabril o alguna otra metáfora de solución bélica. Incluso la “lucha de clases” apela al fuego y a la forja como los únicos cuencos reconstituyentes de la alquimia social, instrumentos que a su vez nacen de las grandes revoluciones agrarias, neolíticas, metalúrgicas, industriales y energéticas. De esa manera, y desde esa ancestralidad hasta nuestros días, el fuego ha sido el único paradigma para cambiarle el rostro a la historia, la cual, por más que se le maquille y apliquen fantasías imaginativas, sigue siendo prehistórica, atrasada, porque promulga el embelesado patrón de un arquetipo que nos tiene atrapado en bucles y ritornellos viciados por una violencia de instintiva animalidad. De eso trata Instinto de barricada, y de cómo podemos salir de ese mantra perverso por medio de las revoluciones espirituales, meditativas, sistémicas, desde la excitación pineal hasta la consciencia social e individual autoiluminadoras.

PERIODISTA: Veo que este libro ensancha y desenmascara el sentido carcelario de nuestra civilización, la falacia de hacernos creer que vivimos en democracia o bajo un gobierno de reglas morales dictadas por la mayoría, cuando según tú expones, realmente casi todo el diseño social  lo controla una élite supremacista que tiene mas de 2 siglos determinando el rumbo del mundo?

ERNESTO FUNDORA: Somos una especie que deambula como animal de granja condicionado de múltiples formas y por muchos determinismos clásicos. La libertad se define frente a los límites subjetivos, mentales, físico y convencionales, pero hay que seguir agrandándole el condado a esta utopía. Porque fuimos sometidos a una castración por amos intergalácticos que diseñaron nuestro mapa genético y nos pusieron una escafandra.

Curiosamente, los 8000  años de civilización le han puesto una mayor atención a los cercos menos importantes de nuestra vida, es decir a los políticos, los sociales, los financieros, los geográficos y los psicológicos. Por dicha razón, propongo en este libro reenfocar la mirada hacia otras rejas, hacia otros balaustres, otros muros, otras delimitaciones de nuestra conciencia carcelaria que busca a perpetuidad desmarcarse de la desdicha y de los encierros con gran infortunio. Aquí voy a enumerar algunas de esas delimitaciones sutiles, muchas de las cuales son preocupaciones medulares preestablecidas en nuestros arquetipos desde la noche de los tiempos, para convertirnos en animales rehenes de un experimento universal, atrapados en una granja social o en un domo galáctico.

El primero y más espantoso de todas las estrecheces ha sido aceptar y educarnos bajo la idea de que surgimos a partir de la nada, hijos de una orfandad, del vacío ilógico que implosionó primigeniamente por arte de magia. Pactar con esa idea inexplicable de un dios creador que en 7 días dió complexión a tanta representatividad, me causa estupor y me parece de una pereza intelectual casi infantil. Luego, ese dios ontologizado por el clero de disímiles teologías, se instaura en nuestro trono mental y por medio de la intimidación, el perdón o del castigo, nos excita o nos limita en una idea existencial tremendamente perversa y coercitiva, a la que hemos llamado sustancia moral aportada por la fe, en decir, las nociones del bien y del mal que rigen nuestro correcto o desatinado modo de obrar en la tierra.

Después tenemos este concepto del solipsismo, como si los terrícolas, o sea la humanidad, fuéramos los únicos vagamundos, los únicos habitantes de este universo. Esta concepción nos plantea una forma de rebaño desamparado, como si estuviésemos atrapado en una desolación o abandono universal infinito, dejándonos en manos de un libre albedrío cósmico. Y por añadidura, este idea propone a un creador divino castrante , desequilibrado, que desaprovecha la inmensidad cósmica y restriñe la exuberancia del universo a una sola civilización, develando un plan desproporcionado si lo analizamos desde una visión de equilibrio matemático.

Sin embargo, hay sobrabas evidencias arqueológicas, cosmológicas que demuestran que nuestra especie está relacionada y conectada incluso desde su ADN -de una forma bastante inexplorada todavía- con civilizaciones anteriores que poblaron la tierra mucho antes que nosotros. Sin embargo, producto de razones que todavía no logramos entender dentro de una ecuación histórica, secular o racional, se nos ha querido reducir a una especie que solamente está capacitada para maniobrar dentro de tres dimensiones y en una lógica formal circunscrita. Ya sea producto de una catástrofe cosmológica o sea producto de una intervención artificial castrante (la llamada Caída según la eclesiastés) para limitar el desarrollo de nuestra especie, quedamos reducido a un comportamiento de la dimensión mecánica y no hemos podido acceder y crecer hacia más de 15 dimensiones que se sospechan  existen en el universo. Creer entonces que los genes son apenas una cárcel donde estamos encerrados a perpetuidad ha sido una de nuestras grandes condenas, nos han criado con desánimo y angustias como bestias ordinarias, cuando lo sagrado y lo epigenético nos compone desde nuestro origen mismo, desde los patrones celulares y desde lo metafísico emancipatorio. Incluso, nuestro cuerpo y alma, han sido separados a ex profeso, también por una dualística cultural infundada por el historicismo clásico. Hemos sido escindidos, divorciados, como si esas entidades confluyentes estuviesen obligadas a cohabitar en conflictos. Los ingenieros de esta humanidad plantearon el factor de la lucha para romper ese campo unitivo del que deberíamos sacar mucho provecho evolutivo como especie y en el que se enfocan las grandes mentes y espíritus superiores.

Luego tenemos que la civilización nos ha cultivado como si fuésemos una especie poco benévola, salvaje y violenta. Nuestra capacidad espiritual ha sido relegada y oprimida a segundas intenciones, cuando en realidad es allí en nuestro espíritu divino concatenado al alma,  donde está nuestro potencial inimaginable. Quedamos atrapados en una idea dicotómica, bicéfala, neurótica, (cuerpo- espíritu) que aísla la conciencia de la materia,  el cuerpo del alma, creando abismos entre el ser y el no ser, entre lo tangible y lo intangible, y todo eso es lo que nos hace someternos a una neurosis de poco realengo, a una epistemología rudimentaria. Nos tienen fracturados a conveniencia, agobiados por debates bizantinos, incluso cuando ya hay quienes reconocen que gran parte de la humanidad nace desalmada, lo cual dibuja un escenario más tremebundo.

Otra de las perversidades a las que hemos sido sometido como experimento es estar educados por y para un apocalipsis posible que se explaya y se publicita desde el espectáculo de la guerra como modelo económico de desarrollo social, hasta la secularización mitologizada de las creencias en una catástrofe posible a la vuelta de la esquina, ya sea en forma de meteorito, castigo divino, diluvios, cambios climáticos, estallido inexplicable de pandemias, o por medio de una conflagración nuclear entre las naciones líderes globales. Incluso, ya más reciente,  se nos insinúa acerca de una posible confrontación con culturas alienígenas que vienen a depredarnos.

También hemos quedado atrapados en la comunicación verbal como un único lenguaje posible de la especie, desechando la comunicación telepática, la comunicación del lenguaje figurado, simbólico, matemático y artístico, los cuales han sido desarrollados en cámara lenta y en migajas, cuando pudiéramos ya estar en otro nivel del desarrollo extra lingüístico.

Para todo eso nos han anestesiado la glándula pineal, la han calcificado a través de procesos bioquímicos de alimentación forzosa repleta de toxicidad, sobre todo por medio de radiaciones, fumigaciones, envenenamiento sistémico, a la par de otras distrofias de sentidos, sensores y afectaciones de las antenas naturales que se nos han adormilado fruto de la agendas de control poblacional. Podemos citar ejemplos degenerativos básicos: la disminución del Sexto Sentido, la degradación de la intuición, la pérdida de la previsualización remota, así como de la capacidad de navegación dentro de la extratemporalidad, el viaje premonitorio a través del sueño,  la canalización multidimensional, la captación de espíritus, la contemplación extracorpórea, etc.

También podemos advertir que el silencio ha sido abolido de nuestra vida, ha sido exterminado, exiliado de nuestra cotidianidad. Al igual que nos han obligado a experimentar una soledad no elegida, o desolación paradógica al centro de las multitudes. Nos han metido en megápolis y estructuras de convivencia ruidosas y tormentosas donde el individuo no experimenta ya una sensación oceánica, ni una integración a la naturaleza, donde más bien el individuo está inmerso dentro de un ruidazal que lo abruma, lo constriñe, lo reduce. Por eso, las filosofías meditativas y las doctrinas ancestrales de equilibrio de nuestro sistema metafísico y físico, han sido satanizadas, estigmatizadas, vulgarizadas y comercializadas, con el afán de qué no podamos desarrollar esas aristas de la conciencia mayor. Incluso ese saber exquisito y sutilizado ha sido desterrado de las academias por los siglos de los siglos. Occidente  mira de reojo y con desconfianza esas filosofías, esencialmente porque ama demasiado a las máquinas, incluso por encima que a su propia madre que lo parió, la sabia naturaleza. Solo te doy un dato que confirma la manipulación de valores actuales. Hoy se nos hace creer que exponernos al sol es dañino, sin embargo que estar sentado frente a una computadora o celular largas jornadas es un comportamiento canónico.

Por ejemplo, como especie tenemos el don del sueño, la poesía y las matemáticas por sólo citar tres actividades superiores pero  no sabemos qué hacer con ellas para mejorar el sentido de nuestra felicidad y de nuestra existencia cotidiana. Vivimos a amurallados en un domo cosmológico dentro de un mapa celestial que tiende a la infinitud, pero sin embargo estamos en una encerrona espacial, una especie de cuarentena y por eso  no podemos salir de nuestra atmósfera, no podemos circundar el Cosmos, actividad que realizaron a plenitud todas las civilizaciones que pasaron y poblaron  la tierra milenariamente. La mitad del desarrollo espacial de la NASA, la URSS y ahora de Elon Musk son puro teatro y cuento chino. Nos endulzan con falacias salvíficas de que viajaremos a marte, cuando no logramos que ni los aviones salgan a tiempo en un aeropuerto ordinario.

Por otro lado, nos han educado en una filosofía de monetización que deprecia la alegría como valor esencial, creándonos una confusión entre el éxtasis real y el placer virtual de carácter efímero. La liturgia de una esclavitud laboral, productivista y de crecimiento exponencial se nos inculca desde niño como única forma del desarrollo social y personal. No somos criados ni educados para la alegría, el goce ni la felicidad, sino que nos entrenan para entrar en las filas gloriosas del mercado laboral. Somos animales tributarios y aceptamos la maldad del fisco y de los impuestos usureros como una mea culpa inamovible, como si estuviera justificado que otro se enriquezca malvadamente a partir de mi explotación y alienación. Tienen a la gente deprimida, viviendo en “modo de sobrevivencia”, angustiados por la deuda, hacinados en ese marco sicológico rasante de existencia rupestre. La castración de la cultura del ocio es algo muy maligno para nuestra especie,  hasta el mismísimo  “tiempo libre” que nos queda después del trabajo lo quieren administrar. El poder diagrama nuestro ocio con drogas estilo Netflix, Disney o Hollywood. Ya la gente no tiene sexo porque eso quita tiempo para todo lo otro. Se vive en función de la base mundana de la vida social. Hablar de orgasmo en los medios, en las universidades y en cualquier espacio público es un pecado capital. Hay una involución y disfuncionalidad orgásmica en la especie que indica una ingeniería demográfica neomaltusiana operando desde la sombra: abortismo, agenda LGTB, masculinización de la mujer, afeminización del hombre, guerra bioquímica contra la fertilidad, animalismo, abuso de drogas sintéticas a veces autorizadas y otras ilegales, envenenamiento sistemático del medio ambiente, bombardeo mediático contra el concepto tradicional de familia, fumigación ilegal de ciudades desde el cielo, disminución demográfica por medio de guerras y pandemias, son algunos de estos catalizadores del caos humano.

Nos han encerrado en una concepción maldita, en una creencia ilógica de qué el desarrollo tecnológico e industrial son los únicos que garantizan la felicidad de la civilización y nos han hecho dependiente del dinero como una interface inter humana inevitable. Nos vendieron primero la estafa de que veníamos descendiendo de animales prehistóricos, salvajes, reptiles, mamíferos, seres tribales con una jerarquización en su comportamiento, y, por ende, que estamos condenados a ser competitivos y siempre adversos, dispuestos a luchar por la conquista de la condición Alpha, por ende,  han reducido nuestra capacidad dialógica y cooperativa a un modelo competitivo y de constante confrontación que se justifica por las barbáricas “leyes del mercado”.

Por otro lado, hay una visión reciente de corte transhumano, porfiada en instaurar un eslabón intermedio en nuestras comunicaciones. Primero empezó siendo el dinero como un interface virtual,   haciéndonos creer que gracias a este nos estaban enlazando mejor, que nos estaban obligando a estar Interconectados a través de ese interface dialógica, de unificación humana. Después nos han creado toda esta cultura digital de internet y de celulares (la infomanía, según la define Byung Chul Han ), en virtud de desmejorar nuestro propio y natural medio de comunicación sensorial, telepático, afectivo, lingüístico y de conexión interhumana, pero que en verda busca consolidar un proceso de autoexplotación complaciente.

Nos han anestesiados con sectarismos ideológicos, segmentaciones de toda índole que pretenden tenernos enemistados, tanto por choque de ideología religiosas como de ideologías políticas o económicas que nos mantienen en discordia continua. Pareciera que la humanidad no fuera capaz de entenderse más allá de esos transitorios sistemas de creencias o recetarios mentales. Al respecto anoto una disminución controlada de los ritos o fiestas populares masivas, de carácter carnavalesco, que han sido sustituidas por los evento precalentados, mayormente deportivos y virtuales, donde se asina estúpidamente a miles de seres en los grandes estadios a perseguir vulgarmente “el llamado de la tribu”.

Y como último, creo que el más importante y perverso de los mecanismos de sometimiento ingenieril, tenemos aquel que consiste en que nos han convencido de que fuimos desterrados del paraíso y de que estamos bajo una condena, es decir, excomulgados porque ese paraíso, la Tierra, que es casi un jardín divino, resulta que nos está quedando chico. Estamos sometidos a un encarcelamiento dimensional, nos confunden con ese exorcismo, con ese especie de mea culpa ecoambientalista, cuando somos una especie de hibridacion integrista, de diversos genomas, pero que sin embargo no sabe cómo obrar con su propia alma, multifacética, multidimensional, hiper-compleja, por ende nos han limitado, nos han castrado y reducido casi conformando un Frankenstein, un hombre sin atributos a medio camino entre Robert Musil y el mediocre denunciado por José Ingenieros. Eso el mainstreaming nos lo inculca, nos lo enfatiza y lo prioriza a través de todos los medios posibles, denigrando cualquier otra forma de expansión, amplificación o desarrollo síquico y astral de nuestra consciencia.

Todos nuestros líderes globales, todos nuestros presidentes de los estados nacionales, todos nuestros banqueros, las élites corporativas, financieras, militares, technócratas y la cybercracia, están dominadas y son medios útiles para los poderes exopolíticos quienes, desde la sombra, son los titiriteros que diagraman realmente el destino de nuestra humanidad. Esa nunca va a ser una información confesa. Nuestra civilización, nuestro modelo social, tiene que ir desentrañando ese misterio. Tenemos que aplicarle una hermenéutica más profunda para lograr entender la cartografía de nuestra cárcel. Por ejemplo, pasó algo durante el Medioevo, la transición del imperio romano hacia el renacimiento, que logró escindir un modelo de pensamiento mágico y suplantarlo por un modelo de pensamiento racional, ambos fueron confrontados, y en dicho choque llamado dialéctico, la lógica formal desgastó al pensamiento mágico, sin establecer los puentes necesarios. En esos despojos, borrones intencionados, evoluciones y cambios de paradigmas, siempre se advierte alguna mano peluda sacando su provecho en beneficio de los amos globales. De ese tipo de experiencia se desprenden infinidad de aspectos que explican porque hoy es más fácil moldear al sujeto y reprogramarle la conciencia social. Lo hizo el poder desde la revolución agraria, luego durante el monoteísmo persa, el egipcio, luego el judaico, después Grecia,  Roma y así consecutivamente hasta que cumplen su función final de aplicarnos update y reseteos esporádicos a nuestros pasos. Los amos celestiales, a través de los sujetos operadores (las élites terrícolas) elaboran e imponen la normatividad para seguir avanzando hacia sus planes secretos. Y nosotros, comportándonos como ratas de laboratorios, seguimos omnubilados tras la zanahoria.

Todas estas delimitaciones, parcelamientos, fragmentaciones, castraciones, todas estas omisiones, alteran nuestro Anandamaya Kocha, o sea, nuestro cuerpo de dicha según se refiere en los Upanishas, -ese que está en un cuerpo astral- y que ha sido lastimado o relegado a la santidad de unos pocos porque se dirime en registros muy sutiles que no logra auscultar el vulgo. Por ende, vivimos en una trampa perpetua, en una angustia social cotidiana e insolvente, porque los amos globales se alimentan del pesar, se alimentan de nuestro miedo, de nuestro dolor, de nuestra angustia. Y lo sabemos y no lo queremos aceptar porque nos han reducido al goce efímero e intrascendente de un mito reciente y macabro, tal vez el ultimo mito de la modernidad: el sueño americano. El éxtasis y la plenitud nos la convidan a cuotas de miserias, negociándola a cambio de insípidos placeres de rango mundano. Como especies de pequeños paréntesis de goce, observamos como nuestra condición divina ha sido la más castrada de todas, es decir, nos han maniatado hacia lo disfuncional, hacia lo primario: el mercado le ganó a la poesía, la prosa le ganó a lo celestial. Por eso en mi libro Instinto de Barricada concluyo que la Revolución necesaria e impostergable, la que exige el porvenir, es la del espíritu, aquella que promueva un salto cuántico de consciencia holística que reunifique varias tradiciones fracturadas. Sólo así,  podremos crearle contrapeso al peor peligro que corre la especie humana, el transhumanismo, hacia el que nos enrumban como el próximo salto en el barranco.

Y ahora te toca a ti sacar tus propias conclusiones, porque ten en cuenta una estadística elemental: apenas una cuarta parte de todos estos argumentos que te he puesto sobre la mesa, provocaron que miles de personas superiores, inteligentes y especiales fueran sacrificadas, asesinadas, mutiladas, encerradas en hospitales psiquiátrico, quemados en la hoguera, u otros fueron estigmatizados o desterrados de la vida común y social, marginados o sentenciados al destierro por desenmascarar estas operaciones secretas del poder. Entonces debemos reconocer que nuestro hartazgo produce también un aprendizaje social de cómo comportarse frente a la verdad y de cómo aprender a movernos y a sobrevivir a través de la mentira. Eso también es una de nuestras grandes calamidades universales, otra programación de la que somos víctimas y cómplices. Somos una especie que se desenvuelve armoniosamente dentro de la mentira, fenómeno que va desde algo tan sublime como construir metáforas comunicativas en el lenguaje hablado y escrito,  hasta llegar a algo tan pedestre y básico como engañar al prójimo para usufructuarlo y sacarle algún beneficio de valor esclavizante.

Conclusión, debemos regresar a los arcanos mayores, reconciliarnos con los árboles, la tierra y con las otras especies, así como tener prudencia con la nanotecnología, la ciencia de datos, la inteligencia artificial y los algoritmos que ya controlan nuestras vidas. En otro sentido, ser desconfiados y críticos como ciudadanía con las agendas de las instituciones multinacionales que en mucho recuerdan al estado-centrismo, pero en una mayor escala, y que juegan a parecer garantes de nuestra alegría y prosperidad,  pero que fueron creadas para controlarnos y esquilmarnos. Y concluyo con un Koan de mi propia cosecha : la piedra fue lanzada al estanque, pero nadie recuerda ya cómo suena.

CDMX. Col. Del Valle.  12 de Abril 2024.

LA POESÍA ES UN ALARIDO CONTRA LA NOCHE

Entrevista a Ernesto Fundora Hernández.    www.efundora.com

       Por: Lourdes de Armas.

1.- Recientemente ha salido a la luz por la editorial DECO Mc Pherson S.A tu libro de poesía “La acrobacia del salmón” ¿Por qué este título? La editorial en su presentación refirió: “El poemario ejerce una influencia identificatoria sobre el lector en un mundo de resonancias, ecos y correspondencias, lo intiman a extraer connotaciones por disímiles vías: la del asombro y la reflexión; la súplica y la sonrisa; la cofluencia y también la diferencia. Coincido contigo en que todos sentimos la urgencia de “la quinta pata de la suerte”. ¿Puedes abordar un poco más al respecto?

Ha iniciado usted con una ráfaga trepidante al estilo de las metralletas antiaéreas, lo que me produce a la vez cierto aturdimiento y éxtasis. A su curiosidad de qué significa el título La acrobacia del salmón, respondo sin lagrimar demasiado la queja e irradiando la bondad que requiere este mundo actual en el que nos arrojaron a vivir, padecer y comprender. Se trata pues, de un libro que lleva en la fusta la afilada idea de deponer las armas, de cambiar las viejas reglas del juego, de hacer evolucionar el trillado y conflictivo relato social del progreso hacia una propositividad dialógica, de dialécticas positivas y cooperadoras. Eso implica revisar los heroismos y el molde prometeico donde quedó aprisonado nuestro corazón.

Mi generación, los que empezamos a manifestarnos artísticamente a finales de los 80s, justo a la altura de la caída del Socialismo real, estuvo muy influenciada por el credo origenista de la poesía fundando la historia. Esa teosofía salvífica aún reverbera en nosotros, o sea todavía pensamos que la poesía junto a las matemáticas, esas dos cúspides de la abstracción, son las herramientas que nos pueden sacar del atolladero. Vemos en estas disciplinas una especie de Sistro, aquel instrumento que aperturaba portales hiperdimensionales en la cultura egipcia, una suerte de maraca o cítara que en la pictografia de los templos aparece siempre en las manos de Hathor, la deidad del firmamento, usado para comunicarse con los dioses y con las fuerzas nouménicas. Perdone si divago, pero son temas tremebundos  e importantes que el economicismo numerológico cada vez va eclipsando, pero que deben ser tratados con reverencia por una modernidad excedida en razones. Quiero decir con esto que, igual que pensamos que la poesía funda y reforma la historia, nos ha costado trabajo también detectar que La historia, esa que ha decir de Hegel es “el progreso de la idea de la libertad”, resulta víctima de un cúmulo de torpezas humanas y trashumanas que se repiten hasta la saciedad, porque a la historia le cuesta trabajo sacar la moraleja de sus propios tropiezos y para resarcir dicha ceguera, los convierte en patrones sociales y en costumbres arquetípicas. Con esta introducción ya usted puede sospechar la cartografía del vuelo que establece mi poemario. No hay salvación sin metafísica.

El hombre habita la tierra atorado entre dos fuerzas, entablando una esgrima entre el guión prefijado por los dioses – el destino condicionante – y lo aleatorio de su puesta en escena personal, es decir su experiencia irrepetible, su singular y libre albedrío. Vivir implica un reacomodo a perpetuidad que se teje entre dos aguas: obediencia vs rebeldía, o lo que es lo mismo, aceptar por un lado el llamado teleológico del programa humano y, por otro, provocar la azarosa eventualidad de reinventar nuestro designio. Al final, vivir consiste en aquilatar el factor del cambio entre lo que se propone la mente universal y lo que ansía o desea nuestra pequeña y particular mente egoica.

Atormenta saber que el hombre no rige su destino aunque le hace modificaciones parciales. Su voluntad, que puede ser también su terquedad, lo empuja hacia horizontes que amplifican su existencia, pero que no modifican la hipertelia marcada por la “causa de causas”, mapa sideral, guión prefijado, samsara, codificación matemática de nuestros pasos. Por eso celebro el heroísmo estoico del salmon como una epigenética que respeta y dinamiza los mandatos del ADN. A contracorriente el salmón obedece al destino pero emprende a su vez esta marcha que le impone y exige una épica singular, ese sannyas del desencanto que implica salirse de la inercia determinista sin abandonar la sagrada misión de perpetuar la vida a favor de su estirpe. Para el vigoroso pez, como metáfora humana, esto implica una argucia cargada tanto de luminosidad como de sorprendentes vicisitudes. La epopeya lo desborda y define.

Acometer tamaña herejía me ha cautivado desde niño.  Y para entender una epopeya que ronda lo delirante, me he inspirado en los próceres de nuestra independencia, aquellos gentiles que se dejaron capitanear por un poeta, el bíblico José Martí de los cubanos, un avatar que profesaba un sueño demasiado largo con respecto a lo que rinde una vida. Semejante inspiración nos contagia de trascendentalismo. Por tanto, hoy tenemos la obligación moral de practicar la “libertad bajo palabra”, mirar con fijeza “la aventura sigilosa” con que se nos apresta la verdad y entonar “el himno de la alegría” incluso allí donde se oxidan los candados, porque sabemos que dios, esa errabunda polisemia, nos ha reducido al perímetro laberíntico de una angustia antropológica. Pero para su suerte el poeta cuenta con la buenaventuranza de habitar un aleph domiciliado en las entrecalles de un cuerpo biológico efímero y de una consciencia que se presume infinitamente abarcadora. En esa paradoja, con ese barro, se labra el poema.

Y pretendiendo esa eternidad del día a día, surgen extravagancias como aquella llamada: “el hombre Nuevo”, un molde por el cual fuimos predicados, y por el que rendimos cuenta como generación de lo que hacemos y haremos. Dicho ser que en algo recuerda al ratón de la caminadora en el laboratorio, tiene inoculado el germen de lo tremendista porque fue concebido y entrenado para mejorar las reglas del cielo en la tierra, para reconstituir el descuartizamiento que se produjo con el destierro de Dios, la santificación del dinero, la parafernalia de los supermercados y el irresistible coqueteo con el algoritmo desalmado de las computadoras. Ese “hombre Nuevo” que como un algoritmo nos determina, logró sin proponérselo, constituir un ser con vocación de progreso, o sea alguien empecinado en mejorarlo todo, una suerte de producto superior a la catharsis guevariana, tan raro y fuera de molde que hasta desestimó a tiempo aquilatarse con la jitanjáfora marxista. Tal vez la embriaguez de su dulzor a favor de la justicia social le haga parecerse más a aquel rebelde que caminó sobre las aguas y que hizo prosopopeyas con el vino, buscando transustanciar lo sagrado en mundano, la eucaristia de lo áureo en virtudes terrenales.

Ese superhéroe llamado “hombre nuevo” tiene talante de salmón. Para lograr su eficiente ensoñación fue amamantado con pólvora o, en su defecto, con gasolina cuántica. No lo dudeis, su programa fue concebido para el futuro. Por tal razón somos una generación desfasada con la instrumentalidad pragmática neoliberal del presente, sin embargo estamos capacitados para sobreponernos a la defraudación que produjeron las izquierdas miserables y depredadoras. Por suerte contamos con las herramientas indispensables para reforestar el mundo. Nos fue dado en vena ese privilegio; por transfusión a chorro inocularon en nuestra conciencia el credo del progreso y la fe en lo imposible, porque como alertaba Lezama: “nada es tan peligrosamente fácil como renunciar”. Al “hombre nuevo” ni le estorba ni le aburre la dificultad. Amortiguando el golpe, encontró la correcta excitación en el Buda; le ha dedicado años a entender su fascinación por allanar el vacío, otra hipérbole insaciable. Imagínense la luminancia arrebatadora que proyectaba aquel alma ejerciendo la mendicidad, cuando por derecho de clase, podía desbordarse en concupiscencias. Pocos calculan las montañas que lograron estremecer ese tipo de seres, porque hay un heroismo sinigual que se emprende solo cuando a un hombre la poesía le lastra en los genes, colgada como un rosario en la musculatura del espíritu o cuando a contrapelo del sentido común, presume la paz interior como el único asidero en medio de la precipitación por el abismo. Buda, Cristo y Martí son referencias sacrificiales al estilo del salmón. No esperen menos de un poeta que la ósmosis con lo total, que el retorno a la unidad acompasado con el fluído obediente de Lao Tse y la apostasía contra esa gravedad de las aguas que no supieron irrigar los cultivos.

La acrobacia del salmón resulta de una arquetípica conducta idealista, de una moraleja vivificante. Los heroismos son inexplicables cuando se ejercen disctados por la estocástica del más allá. No esperes menos de un poeta que querer arreglar el mundo que se porfía en desaciertos. Habitamos la gloria de la hipérbole y ni siquiera reconocemos en ella una elección propia. Alguien con mano santa o con impecable tremendismo, como diría Lichi Diego, “le puso una vacuna antirrábica a una hormiga”. Por ende, la suerte del “hombre nuevo” está echada, la cosecha es irreversible, no hay vuelta atrás porque la rimbombancia viene atada al mantra carbonífero que destila la tierra en su obsecado afán  por hacer germinar la vida. Aquí o allá, en la tierra o en Saturno, en la Via Láctea o en la esdrújula constelación de Andrómeda, lanzaremos la semilla, invocaremos la vida, enseñaremos el arte de los abrazos, la doctrina del “puente que no se le ve”. Es decir, danzaremos como ese heroico salmón que enfrenta la corriente buscando las aguas mansas del origen donde se insemina y se garantiza el futuro. Bajo ningún concepto  quedaremos varados entre esas dos calamidades pendencieras que aturden la verguenza modernista: el capitalismo neoliberal y el socialismo seudomarxista.

Nadie sabe a ciencia cierta si nos empuja un élan vitalista o si nos acarrea la encrucijada de un destino mayor. El hombre tiene por regla que salir a caminar aunque presienta la ferocidad de los barrancos. El poeta cumple con  optimismo la misión celestial de propagar su canto y trascender todos los impedimentos. Ninguna dictadura puede contra el imaginario galopante de una metáfora. La misma libertad que encuentra el místico en la delicadeza del silencio, la conquista el poeta en su retozo incandescente con las palabras. Hay orgías de la existencia que nadie puede controlar, ni siquiera el mismísimo dios cuando se pone extravagante una galaxia de sombrero.

El poeta hace madriguera en la infinitud sinestésica ha sabiendas de que la inmortalidad de un hombre acontece en el extraño esplendor de un rapto, en el itinerario de alguna paradoja – Martí cayendo entre dos rios, sembrándose para siempre a favor de Cuba y de la justicia universal. Entre las epifanías de un poeta está la de renacer póstumo a través de la cantata como una síntesis audaz del heliotrópismo. En la búsqueda de tal excelencia reside una altanería cósmica, tambien la grandilocuencia del manicomio, porque el poeta como su hemano el marinero, se aferra en la tormenta al mástil mayor aceptando la virilidad del hundimiento. Ese heroismo distingue al poeta del parlanchín, lo protege del priapismo infértil con que muchos bravucones abonan el bullicio insaciable de la historia. Verdad que no hay muerte más altisonante que la del monje discreto. En su humildad está cifrada la convicción peregrina del alma errante. Lo que para un hombre común puede ser desventura para el poeta resulta ditirambo, elogio emancipado. El poeta siente una severa vergüenza ante el letargo humano, por eso no huye del sinsentido, por eso pone el pecho a las balas y repara, una y otra vez, las piezas del rompecabezas. No hay que aclarar que hablo de la alta poesía, no de las plañideras. Ante el reto de las puertas, el poeta no se mide tanto por la anchura del umbral como por la altura del dintel.

  • ¿Puedes hablarnos brevemente sobre tus obras publicadas y de los premios obtenidos?

Me preocupa versar y revisar todas las formas humanas en que enmascaramos el progreso. Por ende me interesan las genealogías, más la tradición órfica en la literatura que el academicismo, la indagación profunda, los caminos esotéricos, herméticos, la excitación filosófica que promueve zurcar lo desconocido intentando estrechar la relación entre el hombre con sus dioses, juguetear con la creación como un acto derivativo de lo divino y lo sagrado. Me interesa ahondar en el poder sanador de las palabras. Me ilusiona relinkear lo humano con lo eterno, simpatizo con esa filosofía Lezamiana. Ya lo demás, lo restante, el mundanal, eso otro que significa hacer gloria de este oficio de escritor, ese afán desmedido por protagonizar, profesionalizarse, de estar en las vidrieras mediáticas como un fenómeno de circo, no es verdaderamente mi ilusión con el arte de las metáforas. He aprendido a rezar en soledad los mantras que restituyen, a balbucir mis zozobras y a surcir mis heridas en la intimidad de un hogar. He sido curado con la sonrisa de mi hija Avril que apenas cumplió 3 años. Eso me da una felicidad incomparable con respecto a todas las demás cosas y manifestaciones del vedettismo.

Yo he tenido carreritas fugaces bajo la incidencia de los reflectores cinematográficos y reconozco lo mucho que esa parafernalia extravía al individuo. Hoy prefiero el sosiego de la reflexión, o su inquietante desasosiego ante el desacierto de no hallar las respuestas. Voy marcando otros pasos en la literatura, tal vez menos espectaculares, y no quiero contaminarlos con los perfiles vanidosos del egocentrismo. Al final, un hombre no se ilumina con la luz que salpican los faroles. Se requiere de otra forma del entusiasmo y de una épica subatómica para alcanzar la fotosíntesis de la luz. Se exige de un mayor respeto hacia el “avaro silencio”, bucear con rigor, sin miedos, desafiando “la masiva noche de la que advirtió Mallarmé. Hay que aprender a caminar ligeramente por la vida sin que te arañen los quejidos superfluos de la moda fenoménica. Soy de la idea de que toda medalla implica un peso extrafalario para un corazón sensible.

  • ¿Cómo ha sido tu experiencia con esta editorial DECO Mc Pherson S.A? ¿Qué opinas de este proyecto?

Mira, yo publiqué este libro gracias a la generosa invitación de mi amiga y mentora, la neuróloga y poeta Thais Lima Calderín, quien a su vez comparte responsabilidad en Deco Mc Pherson con su madre, la editora y poeta Odalys Calderín; juntas llevan esa aventura prometeica de prolongarle la vida a los libros. La edición ha salido bonita, con esa portada de José Luis Fariñas que me hace sentir como un personaje del Bosco o de Leonardo, y encima con una elogiosa nota de contracubierta de Juana García Abás, una marciana a la que tanto debo intelectualmente. Por tanto, estoy muy complacido de la hechura del libro, de la pasión con que la editorial lo promueve, de cómo se ocupan de que esa otra selva de posibles extravios que se llama Amazon no se lo devore a uno, ni lo confunda con las bacterias invisibles. Es decir, que estoy muy agradecido y contento con la experiencia. El público va respondiendo positivamente, qué más puedo pedir.

  1. Además de escritor, te desempeñas como Director de cine y autor de guiones cinematográficos, ¿cómo asumes cada uno de estos géneros: ¿uno se nutre del otro? Háblanos brevemente sobre tu experiencia en el mundo de los audiovisuales.

Son dos platos gourmet servidos en la misma mesa del gandío. Son digestiones complementarias como diría el hereje de Trocadero. Ambos mundos se basan en la creación de imágenes, uno desde la cinemática y el otro labrando en la alquimia sonora y alfabética. Pero ambos son trampolines poéticos desde donde salta el duende de la locura luminosa. El cine, si acaso, es más tribal y orgiástico, la literatura en cambio, se produce en solitario. El cine se hace gritando, la literatura balbuciente. El cine requiere tecnologías y aparatosidad, la literatura apenas requiere de la lengua sibilina que lacera, que perdona, que increpa, pronostica, describe, regodea y reeinventa el mundo por medio de una síntesis donde todavía, al día de hoy, el pensamiento alcanza su mayor esplendor 

  • ¿Cuáles son tus escritores  fundamentales, los que en tu opinión han marcado tu obra?

Transmuto en verso y me inspiro al centro de un revolcadero. Todo lo que he leído se alborota y relampaguea en un gran desorden. Reconozco varios tipos de herencias intelectuales, las heterodoxas, las devotas, las equidistantes. Muchos y disímiles poetas moldearon mi sensibilidad y mi gusto por la versificación libre, sin que necesariamente se advierta alguna semejanza entre sus poéticas y mi forma mandálica de escribir. Primero, por supuesto, agradezco a los clásicos con que comparto una lengua: Cervantes, Martí, Lorca, Lezama, Borges, Vallejo, Nicanor, Roque, Paz y Loynaz. Y en otras músicas idiomáticas, agradezco a Shakespeare, Novalis, Goethe, Emerson, Whitman, Pessoa, Pavese, Gibrán, Mallarmé, Rumi, Basho, Wilde, Evtuchenko. Ya más reciente están los que me contagiaron con un sonido, porque no es lo mismo el poeta que conmueve con la letra impresa que el juglar que con su música y oralidad nos contagia en la sobremesa. Hablo de mis contemporáneos e interlocutores, Lichi Diego, Rafael Alcides, Jorge Boccanera, Raul Ortega, Ramón Fernández Larrea, Alberto Rodríguez Tosca, Frank Abel Dopico, Elena Tamargo, Angel Escobar, Osvaldo Navarro, Froilán Escobar y Juana García Abás. Tal vez soy la voz dormida al final de un coro, el niño pícaro que le pisa el calcañar a la mejor soprano.

  • ¿Qué es para ti la poesía?

En verdad soy irresponsable porque ejerzo la pasión poética sin tener mucha claridad de sus sobresaltos. La pena no es lo mio, afortunadamente. Incluso nunca he logrado poder definir la poesía porque dicho empeño implica una malicia conjetural, sucede parecido a cuando intentas atrapar el agua o pretendes moldear el firme paso del aire. Cuando me veo obligado a precisar, digo que la poesía es un alarido contra la noche de los tiempos, el púlpito de lo inefable, un rapto o reminiscencia, el arrebato en su tesitura mayor, brecha cuántica por donde el dios perplejo nos susurra los secretos de su creación. Con la poesía, el susto de vivir se pervierte, se transforma en canto levítico contra la desesperación. La poesía es la murmullosa evidencia del rastro sagrado que pulsiona a la especie. Es dictado, revelación, fogonazo, balbucir el numen, indiscreción de la desdicha, gradilocuencia de la emoción; trance al linde de lo absoluto, orgía perpetua, el alma eyaculando; por fin, el hombre asistido, resonando, emancipado. Justo el odio que profesa el poder contra la poesía se debe a que el poeta es de entre todos los mortales, el único aventurero que no define su libertad en los límites del lenguaje, porque el poeta habita y se regodea en la infinitude, no acepta rejas.

  • ¿Qué te da miedo?  ¿Qué es lo que más te enfurece? ¿A tu juicio cual es la palabra más peligrosa? ¿Cuál la más esperanzadora? ¿Qué opinas de la palabra feminismo?

Todas esas preguntas ameritan un mayor espacio. Son temas importantes que prefiero no maltratarlos con mi exabrupto: el miedo, la furia, el religamiento sagrado de la palabra, la esperanza como tabla  de salvación, el odio como la pronunciación peligrosa, y al final, las batallas de género tan resucitadas y puestas de moda por las oligarquias financieras del globalismo. He escrito un reciente libro de ensayo que se titula INSTINTO DE BARRICADA que explica la finalidad sin fin de las revoluciones sociopolíticas, un libro que sirve como manual exopolítico para un sujeto post revolucionario frente al Nuevo Orden Mundial. Te propongo abrir un segundo capítulo en una próxima entrevista y que nos metamos a fondo en esas arenas movedizas de la razón ilustrada o de esa lógica formal “redentora” que nos ha enseñado y adiestrado en destruir para construir, algo tan macabro, tan patriarcal y machista. Sigo creyendo que la salvación del mundo está cifrada en la mujer, en la recuperación de la sensibilidad y paradigmática del matriarcado misénico, en el retorno a ese paraiso donde la hembra era el eje y centro de las certidumbres, del orden y de la alegría tangible. No he visto sobre esta tierra ningún otro ser ni algún otro atributo que supere en belleza y magia a la diosa hembra. Soy devoto y vasallo de su feminidad, un mamífero postrado de rodillas ante su estatuaria dimensión paridora, por tanto seré un enemigo acérrimo de todo aquel que pretenda masculinizarla.

  • A modo de despedida: qué nos aconsejarías en estos momentos difíciles que estamos viviendo a causa de la pandemia Covid 19: ¿un libro, un audiovisual?

Creo que algo de esto lo he expresado de una manera oblicua en el libro que nos ocupa hoy, La acrobacia del salmón. A través de esos poemas hago un reclamo de update social, una plegaria a favor de un ansiolítico civilizatorio. Este poemario aspira y plantea un borrón y cuenta nueva, un desechar los lastres, taras y miedos secularizados por la memoria, el historicismo y el sentimiento trágico de la vida. Esta acrobacia sugiere además que podemos vivir planteándonos metas pero aprendiendo a fluir a merced de la deriva cósmica, navegando sin soltar el remo, siempre dispuestos a redimir nuestra consciencia de todo lo que nos oprime, llámese el poder, la historia, los tabúes o los límites que impusieron nuestros ingenieros biológicos y nuestros arquitectos sociales. En ese salto vertiginoso, en esa acrobacia epigenética a contracorriente típica del salmón, se metaforiza una parábola humana a favor de la excelencia y de nuestro papel en la historia. Allí, sutilmente manifiesta y a la vez en acción vertiginosa, reside la verdadera redención del ser, la develación de un gran secreto acerca de cómo soltar las amarras, una maniobra libertaria de impecable tesón donde nos religamos con un proyecto galáctico mayor, advertencia que apenas recientemente se nos va insinuando gracias a la indiscreción de la tecnósfera. Muy pronto accederemos a una reclasificación de nuestros dioses y a la recuperación de nuestro menoscabado carácter divino.

Que seamos una especie desdichada lo demuestran disímiles y tortuosos desaciertos, incluso el gravamen que destila nuestra ansiedad poética, versificar la nada, urdir con suave rumor la ansiada dicha. La humanidad actual tiene el imperativo moral de ser feliz, de virvir en estado de gracia y comunión, por lo menos de practicar la filosofía del amor antes de que una azarosa piedra cósmica saque de rumbo a este planeta o lo convierta en el “polvo enamorado” que entonces será abrazado por alguna estrella de luz más promisoria. La humanidad ya está apta para desovillarse y superar la lástima patológica que siente por si misma. El humano no es un animal feroz, sino en todo caso, una bacteria de la ternura.

    Ciudad de México. Verano 2021. https://www.amazon.com/acrobacia-del-salm%C3%B3n-Spanish/dp/B084QL2ZTB

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Ernesto Fundora: “Patria es lo que uno vio primero, el primer olor a mundo”

Talentoso, honesto, profundo y viajero de la imagen, que empezó su periplo en la humilde ciudad habanera de Alamar, el cineasta, poeta y escritor Ernesto Fundora es el invitado de esta semana a Dile que pienso en Ella, donde comparte con los lectores sus puntos de vista desde la entera libertad que le asiste al humano cuando puede vivir en democracia.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

El hambre y la represión. El período especial fue desgarrador y puso en evidencia el fracaso administrativo de una dictadura. Llegué a comer gatopaloma silvestrecocodriloaura tiñosa. Pero el hambre no fue mi único detonante, también me empujaron la necesidad de autorrealización profesional y humana.

Quería tener mejores oportunidades económicas, crecer como cineasta y escritor. Yo era muy joven y sentía que las paredes y los techos se achicaban, que había un tope. Por otra la parte, soñaba con mejores condiciones de vida: casa propia, automóvil, buen salario, vacaciones, poder viajar, comprarme la ropa de mi gusto, conocer el mundo.

Quería vivir por experiencia propia la crueldad del capitalismo neoliberal. Ya no le creía ni una palabra a Fidel Castro. Sus discursos reiterativos me tenían loco. Yo estaba tan flaco que llegué a sentir vergüenza frente al espejo y escribí un verso que decía: “me estoy dejando crecer los huecos de la cara, para que mis hijos no tengan que dormir a la intemperie.” Pero ya todo eso para mí quedó en la caja fuerte del pasado, y por honor, no suelo hacer leña del árbol caído. Agradezco a todos mis verdugos. A fin de cuentas, no huimos de un sitio, escapamos de todas partes.

¿Qué esperabas encontrar del otro lado?

Una sociedad mejor organizada, con una repartición más equitativa de la riqueza y de las oportunidades a favor del desarrollo individual y colectivo. Una humanidad espiritualmente evolucionada, dado el hecho de que yo suponía, ingenuamente, que la sociedad capitalista tenía garantizada las necesidades fundamentales de la ciudadanía: vivienda, agua, electricidad, transporte, alimentación, salud pública, educación, diversión, libertades políticas, existenciales y económicas, etc.

Emigrar fue una permuta de problemas, gané en algunas cosas , perdí en otras. Hoy puedo imaginar un mundo que sintetice lo mejor de ambos. Ya no practico ni devociones ni asepsias por los modelos sociales. Soy por dentro el mundo que me gustaría tener. Para evitarme desaires, percibo la realidad 360 grados.

¿Qué encontraste?

Un naipe de dos caras. Por un lado, el as de la vidriera exquisita, excesivamente cargada de representaciones del progreso y del bienestar que, cuando escarbas a fondo, son meros señuelos de otra forma del desastre. Hay que trabajar como un esclavo a tiempo completo para conseguir el idilio que te venden los medios y la publicidad.

La ansiedad por tenerlo todo resulta imparable. Así confrontas la otra cara del naipe, el envés, una escenografía del infierno pero con abundante comida y objetos finamente diseñados para encantar. Nada te colma porque todo se vuelve desechable antes de saborearlo. La obtención de bienes presume una prosperidad falsa en medio de una calamidad espiritual.

El aliciente te lo produce el tener a tu disposición un mayor número de puertas que puedes atravesar para alcanzar parte del destino soñado. Te subes al tiovivo del mercado y cuesta trabajo bajarse. Hasta que un día llega alguien como salido de la nada o de una película de Charlot, te regala un beso, y sientes que toda la lotería del mundo estaba en esa boca.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Que hay fuego en todas partes y nadie tiene el don de poder apagarlos. Que todo lo que he vivido mereció la pena, y a medir por el aprendizaje, volvería a repetirlo si fuera necesario. El proyecto humano tiene más de fracaso e incineración que de victoria regenerativa.

El hombre es el lobo del hombre, mientras el Estado es la hiena del lobo, y los bancos, el cáncer del mundo que exterminará al hombre, al lobo, al Estado y a las hienas. La salvación es un proceso individual que depende del grado de consciencia y de iluminación que cada quien pueda alcanzar.

La vida es un periplo heroico contra la monstruosidad del caos, donde tenemos algunas noches de fiesta que nos permiten olvidar la pesadilla diaria. La felicidad es una invención del espíritu a contrapelo de los barrancos que nos carcomen. La humanidad, si acaso, se salva en el amor, el trabajo, el conocimiento, la poesía y la calidad de la hoguera que sea capaz de construir con su tribu.

Ninguna dicha personal es redituable si no se comparte en colectivo. El bien común es la gran utopía salvífica del mundo. De Dios no debemos esperar tanto, está demasiado compungido con la perplejidad que le produce su propia obra.

¿Qué es para ti la Libertad?

Haber podido ayudar a mi familia a brincar el muro que le pusieron al mar. Ver sonreír a mi hija, indiferente a las tantas catástrofes. Sobrevivir a toda certeza, a toda ideología, a todo apego. Cosechar un orgasmo, que resulta una alocada empresa emprendida a favor de lo efímero entre dos almas que se diluyen, que se olvidan de ellos mismos, que no temen si van o si regresan.

Disfrutar la luz del sol cuando me acaricia o cuando salpica cachonda las copas de los árboles. Escuchar música, perderme en el laberinto de un poema, inventar o descubrir una imagen, pellizcarle a la vida un pedazo de ternura. Haber conquistado un universo interior a imagen y semejanza de ese infinito universo que insinúan las estrellas.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en Ella?

Patria es lo que uno vio primero, el primer olor a mundo, el pecho de mi madre. Patria es el teatro de mi primer beso, donde se inició esta película que me ha tocado actuar y dirigir, la única fiesta donde no se aburre mi fascinación.

Todos los días del mundo pienso en Cuba, la respiro, la disfruto, le hago el amor, me trepo a sus palmeras, camino con guapería por las calles de mi Habana junto a mis amigos, la ausculto en el cuero de un tambor y en la vagina sagrada de una guitarra. Nadie puede arrebatarle a un hombre la tierra de sus primeros pasos. De algún modo, todos somos una isla. Yo estoy feliz de ser el náufrago que se aferra a Cuba como quien se abraza a un relámpago buscando electrizarse, anhelando la consagración de un fundamento, tal vez, sanar todos mis abismos.

https://www.martinoticias.com/a/ernesto-fundora-patria-es-lo-que-uno-vio-primero-el-primer-olor-a-mundo-/261836.html

Ernesto Fundora: Un escritor que no se siente escritor

Posted abril 30, 2020 by Gabriela Guerra Rey under Verso y Prosa

Ernesto, un escritor que no se siente escritor, pero que reivindica su misión en la pluma. Ha desafiado el mundo de las pantallas y ha tenido éxito. Sin embargo, apremiado por imperiosas y oscuras fuerzas se sienta a escribir y sale poesía. No se siente poeta, porque no viene de una familia de poetas, tal vez, aunque su abuelo saludaba a los árboles con el sombrero y decía hablar con ellos.

Conocí a Ernesto antes de conocerlo, porque voces me susurraban su nombre… Parecía alguien que por alguna razón mística iba apareciendo, como un fantasma… Una tarde de 2019, una amiga me invitó a ver el documental que recién estrenaba. Al final de la proyección le conté que yo era hija de Félix Guerra, uno de los testimoniantes en Lezama Lima, soltar la lengua, exquisita producción sobre la vida, obra y relaciones de quien es uno de los más olvidados o desconocidos grandes poetas de nuestro tiempo. La vida me acercó a la figura de Lezama desde muy pequeña, cuando mi padre comenzó a escribir Para leer debajo de un Sicomoro. Lezama fue una especie de tutor intelectual de una generación de cubanos que no era la de Ernesto. Él se acercó a ellos para retratar en tiempo presente al narrador, al erudito obeso, al poeta olvidado, al viajero inmóvil, para romper el mito de lo que no existe.

Entonces Ernesto me regaló Amago, su primer libro de poesía. Y aunque él afirma carecer de la actitud apocalíptica y depresiva del poeta, una figura muy recurrida en la Isla, que ha acompañado al poeta como un karma, sus poemas engendran un desasosiego tremendo. Su poesía fue una daga afilada que me penetraba las carnes al tiempo que el ojo recorría el verso, y me hacía pensar: “caray, qué pomposidad, qué elocuencia tan bien sintaxiada, qué desbordado oficio de no sobrar nada en lo que se quiere decir, y en lo que se quiere que se lea.

Cuando nos sentamos a hacer esta entrevista, perpetuamos un diálogo. Por eso en algunos momentos parecerá que hablamos, porque hablamos.

¿Vamos al pasado?

Vengo de un seno familiar de grandes conversadores, eso es lo que más me define. Hay una tesitura de elocuencia en mi familia, no siendo una familia letrada.

Lo primero que escribo es poesía. Muy joven: doce o trece años. En Cuba la poesía es fundamental. La música y la poesía son las expresiones más elevadas siempre. Canalizo muchas cosas en la literatura, porque ya me había afectado profundamente el mundo de la lógica y la ciencia —Ernesto es ingeniero—. Esto me ha ayudado para entender la matemática, la codificación lógica que hay detrás de las cosas. Eso siempre me ha acompañado en la literatura. Pero cada vez que me acercaba a un taller o grupo literario, tenía una perspectiva que no encajaba con el canon. Y ahí empezó mi primera conciencia de no profesionalizarme nunca como escritor.

¿Cuál es el canon? ¿Cómo ves a un escritor que no eres tú?

Agónicos, había que participar de una gran agonística, ser depresivo, víctima de múltiples atropellos, desde los cotidianos. En el terreno de las experiencias amorosas, por ejemplo, había que tener desamores, desencuentros, experiencias fatídicas para que entonces surgieran los grandes poemas. No es que yo no las tuviera, yo las tenía y las traducía y las canalizaba también en el verso. Pero era consciente de que la literatura no podía reducirse a eso, no podía quedarse en el terreno del sentimiento. El sentimiento era un catalizador, un agitador de una ebullición más profunda, donde surgiera un magma más poderoso de saber. Siempre he entendido como las primeras grandes funciones del arte la comunicación y la generación de conocimientos. No hay arte sin hermenéutica. El arte codifica e implica un ejercicio casi extenuante del espectador para descifrar sus códigos.

¿Cine y Literatura?

Hay vasos comunicantes y puentes que no se ven, pero para mí el mundo de la literatura es todavía más sagrado, y por ser prehistórico lo privilegio más. Yo siento un trance emocional, intelectual, febril, celular cuando escribo que no siento cuando hago cine. Cuando hago cine hay un predominio de la razón con una gran cuota de emoción, pero definitivamente la literatura involucra todas las especias y las reconsidera de una manera más armónica.

Cuando desde tu subjetividad recombinas una palabra con otras y estructuras una idea expansiva de ella, deja de ser una prisión la palabra, se vuelve etérea y se eleva. Aparecen los significantes.

Cada vez que he sentido que estoy en un lugar común, tomo conciencia y partido y digo: aquí estoy en el cliché y aquí poseso. Cuando estoy poseso brotan las cosas inusitadas, la epifanía. Tengo plena conciencia de cuándo estoy escribiendo con la cabeza, cuándo con el alma y cuándo me están dictando.

Aprendí con T. S. Eliot esta forma de privilegiar la inspiración, la emanación y después organizar, porque también la emoción es entrópica, caótica.

El cine tiene, a diferencia de la literatura, esta cuestión tribal: hay que hacerlo en grupo. La literatura es en solitario, es la intimidad, el sosiego, el monólogo interior, el silencio. Porque a veces abriendo espacio a ese vacío, silencio, es que llegan las ideas. Nunca pude escribir en un estado de conmoción profunda, que toque fondo. Yo tengo que esperar a rebotar, a que eso sedimente. Entonces hay, ahí, una etapa en que ni ha desaparecido la emoción ni está en su momento más furibundo… Sale la idea.

El cine es impactar, demostrar, espectacularidad, seducción, hechizar, entrampar, meterte en mi válvula, en mi burbuja imaginaria. Hay una parte de sometimiento, el cine es un diálogo de poder. La literatura es más un medio, no un fin; no domino nada, solo tengo la capacidad de dominar una herramienta, el lenguaje, y desde la razón, tratar de darle una complexión, desde o fuera del canon, que llegue de una forma más emocional, intelectual, partícipe de ambas razones. Porque la emoción también es una razón, es una codificación hormonal, una respuesta hormonal.

¿Qué hubiera escrito, Ernesto, si se hubiera quedado en Cuba? ¿Hubiera seguido los senderos de tu libro de cuentos El perpetuo envés?

No sé. Me cuesta trabajo el hubiera. Yo sabía que me tenía que escapar de las fauces de ese monstruo. Porque hasta en su afecto, hasta en su ternura, había monstruosidad y yo lo percibía desde joven. Escribí El perpetuo envés porque tenía que inventarme una puerta de emergencia, una salida, un asidero. Tenía que escapar, tenía que inventar una extraterritorialidad en el espíritu. Cuba no es un país en el que tú puedes echar a caminar y pasar una frontera. Hay un muro que es el mar. Y así empieza el libro: “Quién encerró con puertas la mar” (Libro de Job). Ese era mi primer desafío, estaba loco por irme de Cuba y no lo conseguía. Fue mi forma de viajar.

En “Epímone del viajero ilegal” ya parece que fuiste ese viajero, ya eras un viajero inmóvil, hay un sentimiento de exilio anticipado. 

Porque yo estaba obsesionado con eso. Y la epímone responde a la figura reiterativa, que se repite como un círculo vicioso. Esa, creo, es una de las grandes maldiciones karmáticas de Cuba, el siempre lo mismo.

No recuerdo un escritor cubano que con esa edad escribiera con tal intensidad. El escritor debe tener un imaginario para saber vivir en el mundo de la fabulación, que no es sencillo y que no suele alcanzarse tan pronto.

Fíjate algunas cosas que fui señalando mientras te leía: desesperación, catarsis, poesía, historia, fracaso versus fe, el mar otra vez frontera y cárcel. Dices: “habremos huido ya por fin del hombre y por eso son los monos quienes nos saludan en el zoológico”… Me recordó a aquel verso de Miguel Hernández: “el hombre acecha al hombre”, tan grande y terrible.

Los escritores lo que te dejan son esas frases, versos, ese pequeño párrafo, esas oraciones sintéticas, aforismos. “He recorrido todos los caminos del hombre y todos conducen a la muerte”; cuando lees esa frase de Victor Hugo, empiezas a entender por qué el hombre está atrapado en el tánato, por qué el hombre es un ser trágico, por qué tiene que inventar el gobierno provisional de la alegría, como decía Ramón Fernández Larrea.

Amago es un libro intestinal, que busca la belleza en la forma de decir, un libro agónico, sufrido…

En Amago hay más madurez. Escrito entre los dieciocho y los treinta y tres años. Implica la experiencia exiliar y mirar un problema desde lejos. La demasiada cercanía de las cosas altera los contornos. Esa es la condición exiliar, la contemplación extracorpórea de la que hablan los místicos. Salirte del yo. Tener una misión más coral.

Este texto que le dedicas a tu hermano, “Sobrevolando el sitio que el nacimiento te asigna”, me parece desgarrador.

¡Este tema de la nostalgia! Siempre estamos ahí como una especie de ave ponzoñosa, como zopilotes, o como roedores, viendo a ver qué encontramos. Cuando ya no queda nada, cuando hay deshechos, cuando hay carroña, de la carroña hay que sacar, hay que revolcar la vísceras y sacar lo mejor. Alimentarte incluso de eso. Sobrevolando el sitio que el nacimiento te asigna. Y es un proceso en el que estoy siempre. Yo todos los días pienso en Cuba, todos los días. Y varias veces. No es algo periférico. Como todos los días también pienso en México ya. Es una condición inevitable.

Estoy parado sobre mi pasado. Mi presente también está condicionado por mi pasado, a veces es una ruptura con mi pasado, a veces es una omisión, a veces es una superación o trascendencia de mi pasado, pero ahí está como referente. No puedes escapar de lo que fuiste.

¿Qué pasa entre Amago y La acrobacia del salmón?

En Amago todavía hay un poco más la necesidad del tamiz del sentimiento. Y de que la emoción resuelva cosas. Hay más erizamiento, más estímulo conmovedor. En La acrobacia del salmón hay sosiego, reposo; una mirada desde los años que empieza a pesar.

El salmón es un animal que se debate entre un destino, una meta sagrada, cifrada en sus genes: regresar por el mar, por el mismo afluente, hasta su origen, donde nació, y allí depositar su progenie… Misión que no puede anular. Pero hay múltiples formas de acometer esta travesía. Se puede ser un salmón que perece al inicio de la travesía en la boca de un oso, o un salmón que heroicamente llega a su destino y acomete la misión de una especie. Ahí estamos hablando de los grandes ideales y de las grandes obras de los humanos. Tenemos una misión, cada uno de nosotros. Tenemos una misión coral, y una misión terrícola, e intergaláctica, y tenemos una misión cosmogónica, y una cuántica. Probablemente seamos los fotones de un universo cuántico más complejo.

¿De qué misión se siente responsable Ernesto Fundora?

Ejercer la condición humana de forma digna, honorable. Lo más cercano posible al paradigma de excelencia, justicia, de generar bienaventuranza, y de promover a través del desarrollo de un oficio, de una profesión y de un conocimiento el contagiar a los demás con una información, trasmitir un mensaje, darle continuidad a una sabiduría que va desarrollándose de generación en generación y de milenio en milenio. No es que uno deba tener la gran misión, porque uno no es un avatar como Buda, como Jesús. Pero desde tu particular existencia y en las inmediaciones de tu radiación, tratar de comunicar los mensajes que le han permitido a esta humanidad su sobrevivencia, su alegría, su perdurabilidad, su sustentabilidad.

—Ernesto lee—

Dejad que los ríos sean ríos

Que la barca gire a la deriva

Y que el salmón encuentre,

En su acrobacia de impecable tesón,

La boca afectuosa de algún oso.

(La acrobacia del salmón, 2019)

Hay un destino trágico al final. La meta es el olvido, la meta es la muerte también. Pero busco lo honorable… Hay formas y formas de morir.

¿Te preocupa la posteridad?

Claro, esa es la matriz de todo idealismo. Es la lucha, la batalla denodada en la conquista de un destino. La posteridad es un destino, una utopía.

Somos para los otros. Todos estamos en un ciclo concomitante. Y todos estamos integrados en una misión común. Me interesa que algo de lo que hice pueda dejar una huella para futuras generaciones o para el hombre del mañana. Si un individuo se salva con un verso mío, ya creo que estoy complacido, que aporté algo, que soy ese salmón que se sacrifica en ser fuente de alimentación de un oso.

Por Gabriela Guerra Rey

http://lamascarada.com.mx/2020/04/30/ernesto-fundora/

3 Preguntas con: Ernesto Fundora

Por 

mayo 6, 2024

 

Desde Hypermedia Live, el escritor y periodista Jorge de Armas conduce la serie ‘3 preguntas con’.

En esta ocasión ha invitado al cineasta Ernesto Fundora.

Ernesto Fundora (La Habana, Cuba, 1967) es director, guionista, realizador de video clips y escritor. Su obra cuenta con cortometrajes, documentales y más de 90 videos musicales.

Ha recibido numerosos premios y una nominación al Grammy Latino por “La negra tiene tumbao”, de Celia Cruz.

Como escritor ha publicado los libros de cuentos ‘El perpetuo envés’ y ‘Animal de barranco’. Su poemario ‘Amago’ fue premiado y publicado por el Instituto Leonés de Cultura en España.

Vive exiliado en México.

https://hypermediamagazine.com/video/3-preguntas-con/ernesto-fundora-cineasta-entrevista/

RESPUESTA A UNA AFRENTA

Ayer un intelectual mexicano lastimó mi amor patrio diciendo que Cuba se merecía a un Fidel Castro porque nuestra nación carecía de mitos fundacionales y que, por ende, el tirano venía a ocupar ese vacío. Tuve que sacar el sable y contarle brevemente “la historia del tabaco”. Aquí les va mi liturgia chauvinista dedicada a mi padre LÁZARO FUNDORA BORDÓN que está cumpliendo 82 años.

Pocos pueblos tienen la cándida y enfermiza vanagloria que presume el pueblo cubano. Creernos una isla bella, “la perla de las Antillas”, “la tierra más hermosa que ojos humanos han visto” , “la llave del Caribe”, marca indeleblemente nuestro mito fundador, una auto conciencia estética de esplendor iniciático que nos define como un narciso que en pleamar se escurre tras las bondades de sus aguas. Porque esa singularidad, reconfortante, enfatiza nuestro paréntesis ventajoso de ser isla, rodeada y bendecida por la circunstancia del agua cachondeando por todas partes. Saberse hermosa ha sido nuestro pilar nacional, nuestro talismán, la evidencia de un destino manifiesto. Incluso hemos logrado prescindir de lo divino para conjeturar esa autoestima. Nos sabíamos bellos antes que la Virgen Oshún se asomara en nuestro cielo, flotando sobre las aguas de la bahía, celadora insuperable de todos nuestros naufragios. Cuba se sabe luz, Cuba se sabe relámpago, Cuba se sabe trueno, Cuba se irriga como las aguas. Los dioses, los conquistadores, los foráneos y los aventureros llagaron a confirmarnos lo que ya sabíamos gracias al reflejo especular y erógeno de sus aguas. Por eso el mundo se asoma allí, por eso casi todos han ido a bebernos como el sediento se zambulle en el manantial buscando alivio, allanando las mil y una satisfacciones.! Qué mejor mito fundador que saberse elegida por y para lo bello, ese absoluto que solo compite con la alegría que lo engendra! Gustarse sobremanera a sí mismo es un don que acompaña al cubano desde que gatearon sobre nuestras dulces yerbas los primeros indios. Cuba tiene una misión y los cubanos la acometemos bailando y llorando, con desazón y martirio, al son obstinado que solo bailan las hormigas. Gozamos nuestra rabia, aceptamos con gloria nuestra buena y mala suerte. Desconocemos el por qué de tamaño designio, pero lo acometemos semejante al monje que obedece una voz superior. Portamos el gen de la desmesura aquilatado por el arquetipo de la ternura. Antes de que el sol se arrodille en el horizonte, los cubanos llevamos a cabo nuestros sueños como un Sísifo empujando su piedra sobre las aguas, a veces surfeando, a veces norteados, a veces como una trucha que se cree salmón y navega a contracorriente. Nunca nos socava el hundimiento. Epicuro pudo haber nacido en Cuba, Buda se hubiera iluminado a la sombra de una palma real, pero no hizo falta semejante hipérbole porque en Cuba nació Martí. Vayan a singar a otra parte y déjennos hacer nuestra propia historia, porque Fidel Castro es apenas un punto y coma en nuestra trama, un charco a superar en nuestras andanzas. Lo que viene en camino es “coquito con mortadela”, la fiesta de la reverberancia, encandilación diluviana. Cada pueblo reconoce la forma en que debe cumplir su misión en la tierra. El cubano nació para llevarse la cerca. Tíralo como quieras que siempre cae de pie.

Ernesto Fundora Hdez

Col. Del Valle. CDMX. Nov 2022.

LA ESTÉTICA DE LA DESGRACIA EN LA TELENOVELA MEXICANA.

Ponencia de Ernesto Fundora Hdez.
VII Cumbre Mundial de Telenovelas.
Bogotá, noviembre 18 de 2009.
Hotel Dann Carlton.
Por Ernesto Fundora Hdez.

¿Podrá la telenovela mexicana salvarse después de haber descuartizado a su protagonista y personaje mayor: el público? Me hago la pregunta con mucha desazón.

La dinámica actual de este género ha llevado a productores, escritores y directores a depender de la opinión del público para la escrituración y desarrollo de las tramas. Es el rating el que define si alguien muere subrepticiamente producto de un accidente injustificado o si un mayordomo termina de amante de la protagonista. Quiere decir que el público es quien tiene hoy la primera y última palabra, llevando la historia por los vericuetos de sus simpatías, gustos y consideraciones; una suerte de falacia democrática de estética difusa donde lo funcional como paradigma del consumo se jacta de prestigiar una visión industrial y amateur de las disciplinas dramáticas y de las turbulencias reinantes en la estructura del Ethos creador. ¿Habrase visto algo más aberrante y vanguardista a la vez? No dudo que estemos ante una experiencia profética de lo que será en un futuro mediato la televisión interactiva: el público como coautor de la obra. Allí, como en un puzzle o rompecabezas, cada espectador armará la historia de su conveniencia. Pero mientras nos llega y se instaura este modelo mediático de televisión computarizada, hemos de pagar un precio y ya lo estamos pagando con la desensibilización y el adormilamiento del espectador mayoritario.

La telenovela mexicana ha construido una estética de la desgracia. Y es ahí donde llegan a un acuerdo los líderes corporativos mediáticos y un público que aplica para encarnar uno de los sujetos latinoamericanos más anestesiados y condenados de la historia. La ideología dominante, tras la cual se ampara este genocidio cultural, tiene dos grandes propósitos con este género: mercadear pautas publicitarias y entretener al espectador. Del primero, apenas amerita hablar, pues ya sabemos que la televisión se ha convertido en la vidriera de los supermercados, los bancos y las tiendas departamentales y que basa su producción en los valores de costo, beneficios y retorno de inversión. Como una fábrica, mide su optimización en la medida en que genera mayor plusvalía a través de la venta de los tiempos publicitarios. Ya lo había advertido el filósofo Theodor Adorno cuando aclaró que “la industria artística es aquella que le lima al arte las salientes filosas para convertirlo en un mero objeto del consumo” (1). Al segundo propósito de las telenovelas, todavía es posible aplicarle alguna reflexión. Hablemos entonces del entretenimiento.

Entretener es una palabra que ya trae ambigüedad en sus significados. Una acepción, la más feliz, es aquella que la relaciona con divertir, recrear, amenizar, relajar u ocupar el tiempo destinado al ocio. Dentro de este paquete aplican por igual el vínculo que establece un individuo con una mascota, la lectura de un buen libro, hacer una sesión de yoga o hipnotizarse frente a algún capítulo de la telenovela Betty la fea. Curiosa polisemia la del término entretener.

Si la organización científica del trabajo y el activismo social hubieran logrado reducir la jornada laboral a 4 horas, la palabra entretener habría adquirido otro significado. Pero el hiperconsumismo y la hiperproducción le han comprimido el tiempo del ocio al sujeto social, quien divide su jornada vital entre 8 y 10 horas dedicadas al trabajo y entre 4 y 2 dedicadas al ocio, una desproporción que puede haber incubado muchos malestares y deformaciones sicológicas y fisiológicas de la vida actual.

Varios filósofos, desde Séneca, Nietzsche, Adorno, Russel, Marx, Jonson, Lafargue y Cioran, han disertado sobre el valor del ocio y el daño irreversible que a la humanidad procura el exceso en la jornada laboral. Durante esta ponencia citaré algunos momentos iluminadores de estas grandes mentes porque soy del criterio de que existe una estrecha relación, aún no revelada, entre la adicción televisiva a los dramas bajos, la conducta workaholic y el mal uso del tiempo libre.

Bertrand Russel, en su brillante e irónico ensayo Elogio de la holgazanería, dejó en claro que “el individuo, en nuestra sociedad, trabaja por un beneficio, pero el propósito social de su trabajo radica en el consumo de lo que produce. Este divorcio entre los propósitos sociales y los individuales alrededor de la producción hace que nos resulte tan difícil pensar con claridad en que la obtención de beneficios y no de ganancias, es el incentivo del desarrollo de la industria. Una consecuencia de ello es que casi no concedemos importancia al goce y a la felicidad sencilla; no juzgamos la producción por el placer que le da al consumidor… Los placeres urbanos han llevado a la mayoría de la población a la pasividad: ver películas, partidos de fútbol, escuchar la radio, y así sucesivamente. Esto ocurre porque sus energías activas se agotan casi por completo en el trabajo. Si tuvieran más tiempo libre volverían a divertirse con juegos en los que habrían de tomar parte activa” (2). Esta forma de beneficio a la que se refiere Russel, coincide con la primera acepción de Entretener: alegrar, divertir, recrear, amenizar, ocupar el tiempo del ocio.

Pero existe otra acepción de entretener que, curiosamente, encaja a la perfección con los propósitos en el consumo de telenovelas y otros espacios televisivos: embelesar, enredar, hamacar, hacer perder el tiempo. Este segundo cuerpo de significados coincide con lo que Piotr Ouspensky en su libro Psicología de la posible evolución del hombre define como “el hombre en estado de conciencia de sueño relativo o conciencia dormida”. Dice Ouspensky: “Todos los absurdos y todas las contradicciones de los hombres y de la vida humana en general se explican si comprendemos que los hombres viven en el sueño, obran en el sueño y no saben que duermen” (3).

Muchas enseñanzas antiguas, incluidas las del cristianismo, han reparado en esta idea del hombre aletargado, zombi o dormido que debe despertar. Curiosamente en los evangelios se trata este problema, pero al decir de Ouspensky, no se ofrece ningún camino para solucionarlo. Y cito: “Es sólo a partir del momento en que el hombre se da cuenta de que está dormido cuando se puede decir de él que está camino del despertar. Jamás podrá despertarse sin antes haberse dado cuenta de que está dormido. Despertar exige un acto de voluntad” (4).

Quizás sea la voluntad, esa segunda inteligencia, el órgano más anestesiado por la telenovela en los espectadores. Este género, que apunta a convertirse en un subgénero o degenere, priva a la teleaudiencia de su capacidad reflexiva. Muchos teóricos ya han advertido acerca de la televisión como un instrumento de control de masas. Dentro de este medio ubicaría a la telenovela como una pieza clave en la ingeniería social creada por los poderes fácticos, sistemas y oligarquías dominantes para bombardear distractores inútiles por medio de los cuales comienza la cadena del control, el conductismo, la manipulación y el sometimiento de las masas. Con la telenovela se consolida un sujeto expectante acrítico y pasivo, impotente e incapaz de cambiar las coordenadas de cualquier destino, ya sea individual, social o nacional. Los poderes mediáticos integrados por mafias solapadas tras el Estado, las oligarquías corporativas, banqueras y eclesiásticas, desprecian cada vez más el poder pedagógico de los medios de difusión y procuran evitar cualquier “educación sentimental” en el auditorio. Y cito un estudio de las autoras colombianas Betty Martínez, María Cristina Asqueta y Clareña Muñoz: “Los relatos de las telenovelas reproducen las estructuras de poder vigente, legitiman el abuso social, justifican la exclusión de las clases, géneros, de raza, etnias, validan la pobreza para unos y la riquezas para otros. Desvían la atención de los problemas reales y crean sofismas para la interpretación de ellos” (5).

Aristóteles tenía razón cuando sentenciaba que “el hombre no necesita críticas sino modelos a seguir”. Hoy más que nunca asistimos en México y gran parte de Latinoamérica a la ausencia mediática de verdaderos líderes de opinión, gurúes espirituales o personalidades del saber científico. En su defecto, se satura la pantalla con géneros cargados de referentes y personalidades pueriles. Pareciera que se busca rebajar el estándar cultural del espectador al eslabón más primario y básico de existencia. Las telenovelas, específicamente, nunca aportan a la teleaudiencia paradigmas o modelos de conductas elevados o iluminadores. Siempre redundan en clichés de personajes miserables, envilecidos, víctimas y victimarios, frágiles y desgraciados, nunca sujetos a un posible desarrollo de conciencia. La recurrencia de las tramas predecibles establece un acuerdo o negociación entre el emisor y el receptor; un vínculo que, aparentemente cómplice, se excede en el abuso sugestor, alienante y en persuadirlo enmascaradamente. ¿Adónde quieren llevarnos? Es obvio y predecible: a la obediencia, al miedo y al consumo.

Una manifestación de la corrupción de los medios y de su complicidad con las políticas regentes, ya sean las del mercado, las ideologías o los gobiernos, es su poca preocupación manifiesta por la prosperidad espiritual y la educación de la teleaudiencia. Con cinismo las televisoras responsabilizan al Estado por la ineficiencia educativa, pero apenas contribuyen con dicha misión social. Han despojado al medio de su condición de fuente de conocimiento o fomentadora de los patrones de civilidad y moral de la sociedad. Tenemos en las manos una herramienta definitoria para desarrollar una cultura de las emociones y sin embargo hemos creado una sensiblería, una estética de la desgracia, un lloriqueo maniqueísta y profundamente idiotizante donde el público se ve a diario expuesto al aprendizaje o al entrenamiento de las mezquindades y bajas pasiones. Un público que cae y muerde el anzuelo de perseguir el suspenso de la trama – una intriga colgada en el aire a la espera de ser descifrada en el próximo capítulo- que apenas consigue mutar en detective de exterioridades.

Entretener y educar no están reñidos, pero para lograr este matrimonio se requiere de un esfuerzo por parte de los creadores y de una anuencia entre los ejecutivos televisivos y las políticas públicas. Nos corresponde a nosotros, los creativos y espectadores, forzar el curso de las cosas y no dejarnos maniatar con remuneraciones que compran nuestra simplicidad. Es hora de que quienes concebimos las ideas seamos más responsables y abandonemos la postura mercenaria ante el hecho comunicacional. Hay muchos niveles de funcionalidad en la obra mediática, aunque poco a poco le hayan deslindado de su carácter artístico. A la industria del entretenimiento y la persuasión mercantil le quedan herencias de los grandes géneros artísticos: la tragedia, la comedia, el drama, la pieza, el teatro, el melodrama, el vodevil, la ópera, la literatura, todos géneros dramáticos que operan a partir de un redescubrimiento profundo de las emociones y los conflictos humanos.

Más que ningún otro género, la telenovela, que es hija de la televisión pública y que ha sobrevivido al cable y a los avatares evolutivos de la TV Hight Definition, tiene el privilegio de una inmediatez comunicativa con las clases bajas que, por ende, sería de una mayor incidencia y utilidad en su aportación educativa. De un sujeto bombardeado diariamente por mezquindades, vicios, inmoralidades, deformaciones del carácter, impudicias, violencia tamizada y conflictos prefabricados como recetas de cocina; de un sujeto ansioso y expuesto a los hechizos de la mercadotecnia más feroz (las estadísticas indican que un individuo promedio está expuesto diariamente a más de 2000 mensajes publicitarios ), de un sujeto así no se puede esperar una ciudadanía elevada capaz de responder y dar solución a los problemas que ya ni el gobierno ni los partidos pueden resolver. Le corresponde a la sociedad civil, a ese tejido amorfo, impreciso y desinstitucionalizado, confrontar la construcción del destino de nuestras vidas. Si Latinoamérica, y específicamente México, tiene una baja civilidad, una masa adormilada y distraída, maniatada y ciega de tantas lágrimas, nunca podrá confrontar la complejidad de los problemas que se están suscitando en el mundo contemporáneo.

Al menos, hasta donde conozco, no existe en México ni en Latinoamérica un sistema de monitoreo y orientación sociológico que indique los niveles de incidencia de los patrones morales de las telenovelas. No sabemos con basamento científico hasta dónde los medios – y específicamente este género- potencian, persuaden o compulsan la disfuncionalidad social. Lo que a todas luces es evidente es el hecho de que las telenovelas son tribunas de exhibición de argumentos degenerativos, corruptos y de una violencia contenida, que luego las estadísticas reflejan en un crecimiento de similares deformaciones. No será difícil intentar armar el algoritmo cuando sabemos que “un cambio de valores lleva a la modificación de jerarquías personales de valores y logra persuadir hacia formas de conducta deseadas” (6).

Las estadísticas están probando el aumento de los índices delictivos, la corrupción, la violencia doméstica, la disfuncionalidad de la familia y del hogar en la sociedad mexicana. Allí radica el caldo de cultivo para la proliferación de los modelos de barbarie que a diario propone la telenovela. Una voluntad caótica rige y define a todos los personajes, enmarcados en su gran mayoría dentro de sucesos y situaciones dramáticas basadas en el culto al poder, la traición, la estafa, el engaño, la arrogancia, la vejación, el celo, la avaricia, el odio, la desesperación, el no apego a la ley, la devoción por la opulencia y el estatus social y, en el mejor de los casos, a una relación amorosa entendida como obsesión, posesión, control, dependencia, neurosis y demás desgracias. Pareciera que se cae el rating cuando un personaje sumido en un conflicto de índoles pasionales decide encararlo con racionalidad, civismo, elocuencia u otra conducta plausible.

Las investigaciones de la Teoría de la Comunicación acerca de la influencia de la violencia explícita en los medios sobre las masas, han dejado en claro las variantes asociadoras: teoría de la catarsis, teoría de los efectos del estímulo o los indicios agresivos, teoría del aprendizaje por observación, teoría del refuerzo y la teoría del cultivo. Todas ellas, a fin de cuentas, ejercen un énfasis negativo, excepto la de catarsis, que tiene el poder sublimador y liberador de los impulsos hostiles. Aun ésta, la catarsis purificadora, ya fue derogada desde la antigua Grecia cuando Sócrates junto a Eurípides, enfrentaron a la tragedia clásica patentizada por Sófocles y Esquilo, anteponiéndole la opción higienizante de la euforia y el júbilo por medio del drama y de la comedia, géneros en los que tenían mayor esperanza. Dichas teorías acerca de la violencia en los medios se pueden aplicar a cualquier forma de incidencia de los impulsos bajos en el espectador y aplicables a la telenovela con relación a la herencia incitadora que siembra en el público receptor. Porque como bien describen Defleur y Rokeach en su tesis básica sobre el tema, “el mundo simbólico de los medios, y en particular la televisión, modela y mantiene, es decir, cultiva, las concepciones de los públicos sobre el mundo real, en otras palabras modela sus construcciones sobre la realidad” (7).

Los teóricos de la estética han reclamado para la obra de arte- y en ella se deben incluir los dramas menores- un cuerpo de funciones imprescindibles que no deben demeritarse sino acrecentarse en cualquier proceso creativo. Sin embargo, resulta perverso que la telenovela sólo considere su función entretenedora de expandir lo lúdico primario y el placer básico, mientras menosprecia los valores de las funciones cognoscitivas, heurísticas en el desarrollo de la imaginación, sociológica en su reflexión sobre la vida en colectividad y lo enrevesado de la psiquis humana; axiológica, compulsiva y problematizadora en el apertrechamiento de una valoración crítica desde lo mejor de nuestras zonas sensibles e intelectuales.

No estoy en contra de aquellos géneros basados en lo sentimental, sino inconforme con la deformación de las emociones donde el sujeto pierde la oportunidad de entender la complejidad del mundo de las pasiones, aquéllas a las que el padre de la filosofía racionalista Rene Descartes dedicara en pleno siglo XVII un Manual hermenéutico y clasificatorio. Mirar hacia atrás no siempre implica retroceso. En otra época autores tan prolíferos y vanguardistas como Shakespeare abordaron estos mismos asuntos sin denigrarlos ni desatender la simpatía comercial del público que asistía al teatro isabelino. Recuperemos ese referente, sus diseños de personajes con una insondable complejidad sicológica; reparemos en el enrevesado mundo interior de los trazos humanos o pensemos en la gracia y en el hechizo que provocan aún sus anécdotas y tramas de estructuras difíciles, sazonados con un nivel y riqueza poética de lenguaje insuperables, así como en el efecto comunicativo que lograba en los oídos del público pobre por medio de monólogos, diálogos o soliloquios de alto calibre intelectual. Porque, como nos advirtiera Octavio Paz, en poesía no hay pueblos ni clases subdesarrolladas, y todos participamos de esa sensibilidad común para decodificar una metáfora ya que todos somos coproductores diarios del lenguaje. Por lógica debiéramos considerar que nuestros espectadores actuales están aun más preparados que los concurrentes al teatro isabelino de Shakespeare y, sin embargo, son subestimados, subvalorados y considerados como un público incapaz para entender dramas complejos.

Quizás la telenovela tenga uno de los referentes inspiradores más trascendentes en la novela realista francesa de siglo XIX, cuyo hallazgo esencial consiste en defender la estética del realismo sin caer en la copia burda, en el reflejo de espejo, ni siquiera en la mimesis o imitación de la realidad. Según Umberto Eco, en la novela realista francesa se entendía la mimesis no como una vulgar imitación de los hechos acaecidos, sino como capacidad productiva de darle nueva vida a los hechos. Ahí están las novelas de Balzac, Stendhal, Hugo y Zola, vivos ejemplos de cómo se debe diseñar un personaje típico que englobe y resuma el significado de una época y los rasgos que definen su situación histórica; un caso de personaje universal que parte de un sujeto concreto con referente particular en la vida francesa.

Es muy cómoda la opción de exaltar el estereotipo y de rendir culto al patrón regular y fijo. A alguien se le ocurrió decretar la muerte de la originalidad en el postmodernismo y le hemos hecho demasiado caso, cuando sabemos que siempre habrá contenidos nuevos y tramas sorprendentes. La telenovela está condenada a morir, ahora más que nunca que las teleseries están ganando el concurso de lo mejor del cine, del teatro, del espectáculo musical, de la sociología, aunado a la agilidad y expresividad formal de la televisión reoxigenada por los nuevos soportes de postproducción y los formatos de grabación Hight Definition y de las subyugantes plataformas digitales en Internet con Netflix y Amazon a la cabeza. Todo ello ha permitido reformular el arte dramático y proyectar un género de relevancia cultural, incluso ya se habla de nuevos subgéneros y estéticas: teleserie negra, drama psicológico, comedia macabra de costumbres, dramedy como restauración del sitcoms, neorrealismo sucio, la épica ficcionada, el suspenso anticlimático, etc. Y para dar crédito de lo que digo, ahí están las estadísticas de alto ratings de series como Los Tudors, Roma, Lost, 24, Mad men, Los sopranos, The office, Weeds, Entourage, The wire, Carnival, True blood, Californication, The big bang Theory, Capadocia, Mad man, etc. (9)

Siendo hijas de la telenovela, todas las series se han aprovechado del declive de los modelos dramáticos de la televisión abierta y han expandido el rango del target al que envían su producto y mensajes. Las teleseries, estratégicamente, abarcan e incluyen con una tolerancia pasmosa, casi desfachatada, a todo el espectro social: desde la clase obrera productiva, el desempleado, la ama de casa, el joven rebelde, los NINI, la élite universitaria, el solemne académico, hasta las tribus urbanas marginales, con apelaciones y uso de conceptos multiculturales, globales y eclécticos que, lejos de parcelar el mercado, lo unifican, engloban y diversifican.

La telenovela, en cambio, hace todo lo contrario y no mueve un dedo para ganar nuevas teleaudiencias. Así justifica su inmovilidad bajo el pretexto de que su target mayoritario son las amas de casa, adultos contemporáneos y viejos de la tercera edad; un público que según el mundo de hoy es improductivo e inútil, subvencionado por el Estado, con apenas fuerza vital para gastar en el supermercado su estipendio mensual. Pero por favor, no subvaloremos a este público pues estamos hablando de las madres de familia, de los abuelos, de aquellos que llevan el peso de la educación doméstica de nuestros hijos y nietos, de un sector poblacional a quien hemos condenado al ostracismo, la claustrofobia, la inseguridad y la paranoia. No pactemos con la idea de que ese público significa un desecho social, porque es todavía una fuente vigorosa en el plano moral y tienen la responsabilidad de trasmitir los valores éticos y las buenas costumbres a las nuevas generaciones. No acentuemos su carácter de obsoletés, ni los veamos con los ojos malvados de quien mira los trastos inservibles en el desván. Desde el punto de vista del mercado también son inversores en la dinámica del consumo, activos en las funciones domésticas y capacitados para ofrecer sabiduría y experiencias de vida. Ese valor lo tienen muy claro las culturas orientales, en donde un anciano es considerado como relicario y sacramento.

Los viejos han sido víctimas de una falacia: la doctrina del consumo norteamericano creado por Victor Lebon después de la Segunda Guerra Mundial. Dicho asesor económico del presidente Eisenhower elevó el consumo y la venta al rango de rito social y para diseminar esta nueva idea de una nación basada en el consumismo delirante, ideó un nuevo criterio en la producción: la obsolencia planificada (10), aquélla que se basa en que los objetos tienen una vida útil límite y son fabricados con la previsión de que envejezcan lo más rápido posible; así el consumidor debe reemplazarlos a corto plazo. Ese esquema aberrante de la economía norteamericana se ha hecho traslaticio al mundo entero y su peor consecuencia la vemos cuando el sujeto maduro o mayor de edad ya es considerado como un producto inservible que perdió su vigencia, disparate que ha revalorizado el mito de Peter Pan, propagando la impresión de que sólo los jóvenes son piezas provechosas y metáforas de productividad. De ahí los impedimentos de las generaciones maduras para encontrar empleos y la frustración y precariedad con que encaran la vejez.

Según Jean Baudrillard citado por Andrew Darley, “mientras que antaño se consideraba que la representación de los medios audiovisuales (incluidas las imágenes) se refería a una realidad objetiva, hoy, a medida que va creciendo su proliferación tecnológica, su reproductividad, su movilidad y sus ´capacidades realistas´, llegan a competir con la realidad misma, a confundirse con ella y finalmente a volatilizarla, sustituyéndola por un nuevo modo de experiencia que él denomina hiperrealidad, o ´lo más real que lo real´” (11). La telenovela, sin embargo, parece darle la espalda a esta nueva sensibilidad o forma de relacionarnos con el progreso. Sigue atrapada en una visión vernácula, costumbrista y estereotipada de realidad.

Hace un instante abordé el tema de las teleseries para introducir el argumento que se me antoja como uno de los causantes de la crisis del género de la telenovela: el llamado estereotipo. Umberto Eco fue el primero en patentizar que la telenovela estaba anclada sobre una mitopoyética nueva que repetía hasta el infinito un patrón o modo fijo, que a su vez emergía de un mito fundacional impreso en el inconsciente colectivo de la humanidad entera: el mito de la Cenicienta. Chica pobre sueña con la llegada del príncipe azul rico quien, gracias a las casualidades del destino o la diosa fortuna, le prueba el zapato por medio del cual es elegida y aceptada como princesa. Esta idea de Eco -bienvenido sea el pleonasmo- se hizo eco inmediatamente en los creadores de telenovelas, quienes abusaron hasta el delirio de la fórmula. La idea del semiólogo italiano se amparaba en que el público ideal consumidor de telenovelas comprendía a una población de adultos contemporáneos, amas de casa y personas de la tercera edad, a quienes los bruscos cambios tecnológicos, más la inseguridad de la hiperdinámica social y el acrecentamiento de los conflictos catastróficos, les provocaban un gran estupor. Este gueto de mercado signado por una pereza o saturación de inestabilidades, necesitaba aferrarse a lo ya establecido, a una tabla de salvación inmóvil y por ende, agradecía aprehensivamente el estereotipo de la repetición argumental en las telenovelas como un mecanismo psicológico sosegador.

Hasta ahí, la tesis es comprensible y plausible, pero lo que Eco nunca imaginó fue que éste sería el terreno fértil para que la gente se hastiara con la misma sopa a la que ni siquiera ya le ponen nuevos condimentos. Eco basaba su análisis en el credo de que la Revolución Industrial había implementado el tema de la duplicidad y la repetitividad serial del mismo objeto. Y estaba convencido de que ese público se asocia con “la reiteración de una única y constante verdad. Una masa alejada del significado que traslada la atención a la fascinación que provoca el espectáculo de superficie (paso de una sensibilidad escénica a otra extática)” (12).

Repetición, serialidad, redundancia y formalismo han sido revisados por muchos teóricos. Frederic Jameson, tratando de definir la postmodernidad (momento social de esplendor de la telenovela), aportó algunos vaticinios fundamentales de los rasgos que caracterizarían este periodo, de los cuales muchos aspectos sobreviven hasta hoy: “Ausencia de profundidad, uso del simulacro, cambio y debilitamiento de la historicidad con una nueva forma esquizofrénica de relacionarnos con la temporalidad que determina nuevos tipos de sintaxis, sintagmas y una clase nueva de elementalidad”. En fin, y a decir de Baudrillard, “un juego con las representaciones, un ´pastiche´ de placer por la superficie y la superficialidad” (13).

Pero nuestra relación con la telenovela tiene raíces históricas, antropológicas y culturales mucho más entrañable de lo que imaginamos. Uno de los grandes motivos del apego a esta desgracia o estética de la cotidianidad, se confabula con las razones teosóficas vinculadas con la ritualidad de los dogmas y los modelos fijos de la fe sedimentada en nuestros arquetipos nacionales. Catequizados a la fuerza, bajo amenaza de un castigo supremo a la desobediencia, y educados en la asimilación y comprensión de un dios que les vino desde afuera, el mexicano aprendió a rendirse ante un dios externo y católico que enfatizó esa separatidad que ya la teocracia prehispánica había hecho evidente marcando el don divino como condición exclusiva de los nobles. Nuestros pueblos tuvieron la encomienda de asimilar un segundo dios que suplantó la diversidad de sus panteones politeístas por un único referente sacro. Un dios absoluto que habitaba fuera de sí, en el cielo y no en la tierra, un dios áureo que con mucho trabajo y sacrificio lograba inocularse eventualmente en sus corazones. Ese principio de separatidad o alejamiento anuló en nuestros pueblos su entrañable capacidad divina, su redescubrimiento de la propia facultad y grandeza como individuos, y lo castró de aquello que llamaría Schopenhauer, la mejor manera de parecerse a Dios: ser autosuficiente.

Los pueblos latinoamericanos siempre hemos sido dependientes. Y lo vemos en la subordinación que reclamamos de figuras regentes y paternalistas como la Iglesia, Dios y el Estado, entidades protectoras vistas como un gran padre quien tiene que ocuparse de nuestros problemas y destinos. Entonces lo que hace la televisión, y especialmente la telenovela, es recrudecer ese malestar antropológico y psicológico. Ya el hombre viene marcado por una separatidad al nacer, un desprendimiento del útero materno que, al decir de Erich Fromm, es nuestra primera expulsión del Paraíso, nuestro destierro de las condiciones óptimas de vida y del amparo materno. Luego crecemos bajo un ambiente religioso donde los mitos del catolicismo de raíz judaica nos venden la idea de otra caída, otra expulsión, otra separación, Adán y Eva excomulgados del Jardín del Edén. Después ese sujeto individual, sociabilizado por la tradición, emprende una devastadora y furibunda lucha interior entre su ser dudoso y aquel dios externo que hay que inocular y conquistar y rendir pleitesías. Porque el hombre, para llegar a Dios, requiere de un tránsito, de una travesía tortuosa, una relación problémica, un recorrido conflictuado. Como la tiene también con el misterio, el conocimiento, las artes, la moral, la política, o con cualquier forma de la conciencia social (14).

Pero específicamente con Dios hay una relación marcada por la angustia en la búsqueda de lo divino, del llamado de la fe, de la revelación, el asedio; luego la del pecado, la culpa, la herejía, la abdicación, la deslealtad, o la renuncia que marca a nuestros pueblos con un sino derrotista, de genuflexión, un sino de arrodillamiento implosivo. Un católico diría, por el contrario, que justamente la telenovela contribuye a crear esa imagen vulgar de la religión católica y de su Dios. Por otra parte, sería interesante indagar también en la relación del género con las religiones politeístas, porque el paternalismo no viene solo del Dios único, ni del estado, sino también de los herejes de esas religiones de quienes la gente espera la solución mágico- religiosa de sus problemas. Estas religiones tienen hoy tanta o mayor influencia – mas allá de las estadísticas oficiales – que la católica.

De la mano de la espada y las enfermedades llegó la fe a nuestras tierras, identificando la pasión con el dolor. El ídolo a adorar –Jesús- era una figura trágica y fantasiosa, épica y mágica, incuestionable por demás, con una resurrección de clara evidencia melodramática que denotaba la no aceptación de la muerte como destino natural del hombre. Un Jesús moldeado por el Concilio de Nicea pactado entre Constantino y los líderes de la institución cristiana en el año 325 d.C. (y quizás también por la televisión, en general, y la telenovela, en particular) como una táctica de poder y hegemonía que despojó al Hijo de Dios de muchos rasgos de autenticidad revolucionaria y humana, creando una forzosa visión ecuménica en busca de consensuar un arquetipo modélico que homogenizara y diera cohesión a la dispersión del entonces Imperio romano. Además, la censura de los evangelios apócrifos de José, Tomás, Magdalena y Judas, derivó en una distorsión estratégica de la verdad original y, a posteriori, en la canonización a conveniencia de los evangelios de Mateo, Marcos, Juan y Lucas, todos abundantes en tramas inverosímiles y sucesos milagrosos pero aceptados a fuerza de una fe ciega, lo que llevó a Jorge Luis Borges a declarar que “la Biblia era la máxima invención de la literatura fantástica” (15).

Solamente un pueblo bien entrenado y hasta dopado con la transubstanciación, reconciliado con una gran metáfora de convertir la carne en pan y la sangre en vino, hipnotizado por lo milagroso, está capacitado para reemplazar el objeto de su adoración – la Virgen de la Guadalupe-, y transnominarla en el nuevo santo llamado Malverde: narcotraficante y bandolero de generoso corazón que hoy protagoniza el fetichismo religioso del mexicano pobre. Esa misma idolatría la pueden llegar a establecer con los villanos de las telenovelas. La transubstanciación de la virgen patrona en Narco Santificado connota una confusión moral de fondo, un malestar socio-histórico e identitario que se agudiza con el analfabetismo, la secularización de la vida ritualista apoyada por los emporios mediáticos y el cada vez mayor auge de la desesperación económica, apenas atenuado por la revancha de la economía informal y el mercado negro.

Primero adoraron a Quetzalcóatl, de quien se dice era rubio, luego abdicaron a favor de Jesús, otro “güero”; durante la conquista fueron convertidos y doblegados por un pelirrojo: Hernán Cortés. El sometimiento al tinte ario sedimentó con la expropiación territorial de México por los redneck de norte, un vecino que hasta el día de hoy humilla con simbólica beligerancia y virilidad tecnológica (Houston vs. Santa Ana), dilema conflictual entre lo mestizo y lo foráneo que también nos remite a la ocupación francesa liderada por otro güero, Maximiliano de Habsburgo, a quien por fin un indígena, Benito Juárez, le confisca la independencia. Todo apunta a que esta teleaudiencia zanjada por una relación histórica de amor – odio por los güeros, está acta para arrodillarse ante cualquier rubio de belleza solar y cuerpo helénico – románico. Un buen ejemplo lo tenemos en William Levi, un actor desigual pero bello y uno de los mejores pagados por la industria televisiva actual quien mantiene bajo el hechizo al mercado mexicano. Una tradición secularizada por la adoración de lo amarillo (el maíz) y lo resplandeciente( el sol), exige del brillo y de la lentejuela para su satisfacción interior. En el kitsch de los altares venía explícito lo que Umberto Eco, citando a Killy, define como el rasgo esencial del mal gusto en la cultura mediática de masas: “La prefabricación y redundancia en el efecto y el énfasis en el estímulo” (16).

Ahí están confabuladas las raíces de la seducción hacia cualquier calidad de anécdota o trama, sea creíble o no. Como un sedimento fértil la teomanía casi sicótica del mexicano garantiza el apego a los clichés dramáticos, a la reiteración y a la fe en los dogmas, la propensión por la serialidad de la oratoria y la plegaria sensiblera, así como la recurrencia y repetición de los contenidos salmodiados por más inverosímiles que estos sean. En el mundo norteamericano de origen sajón y protestante, en cambio, el feligrés recibió otro sedimento teológico y litúrgico, con una Biblia traducida a lenguas modernas y cierta relajación de los dogmas.(16A) Además, en la América hispánica somos herederos de las consabidas consecuencias de un adoctrinamiento a partir de la tradición agraria feudal española, donde el hombre depende de la bondad de la naturaleza, mientras que en la tradición norteamericana de raíz industrial, burguesa y británica, el sujeto enfriaba o recalentaba su veneración con el concurso y la eficiencia de las máquinas.

Vemos cómo la televisión y la telenovela, esos nuevos altares del mundo pobre mexicano, ahondan y desarrollan dramas, situaciones, anécdotas, puntos de giros y diseños de personajes tipos, desde la perspectiva del yo psicológico, del ego, de ese yo intrascendente, oscuro, el egocentro banal, ramplón, de mirada y perspectiva a ras de suelo que sólo le permite al sujeto contemplar el universo superficial y material que lo acosa, de percepciones inmediatas y vista corta. Todas esas construcciones lo que hacen es crear un modelo de individuo que apenas está pendiente de su esfera sicológica, de su mundo inmediato, su enano interior, el yo que se diluye y somete hipnótico al hechizo de las emociones promovidas por la pantalla y de los rasgos que presumen sus nuevos ídolos, aquéllos que le indican cómo tiene que comportarse, vivir y sufrir.

Nunca veremos a un personaje de una telenovela preocupado por generar, manifestar o entablar un antagonismo consigo mismo, ni por establecer un debate privado con las grandes preguntas como son la muerte, el origen de la vida, la existencia de Dios, el sentido profundo del amor, el por qué del tiempo, nuestra misión en la tierra,  etc. Nunca veremos en una telenovela a un individuo que encauza ese gran sentido de la vida, al decir de Platón, que es la conquista del sí mismo, el autoconocimiento, la autoinvención de la que habla Hermann Hesse en Demián: “El huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo” (17). La idea de parir y redescubrir al dios que vive oculto en cada uno de nosotros queda postergada por la filiación melodramática.

Esa separatidad creada por la teocracia azteca, luego reforzada por el catolicismo hispánico y ontologizada hoy por la figura del Estado falsamente laico, coludido con el poder hegemónico que le otorga el clero y las oligarquías corporativas de derecha, siguen reforzando esa distancia entre el sujeto y Dios, esa fisura de conveniencia, con el fin de manipular cada vez más a un individuo súbdito e inoperante, un hombre que necesita siempre de otro, externo y superior, ya que no es capaz de descubrir dentro de sí mismo esa condición divina que lo potencia, aquello que le permitiría trascender a una esfera transicológica, transpersonalista, de mirada virtuosa y conducta iluminada para entender la existencia y la humanidad en un sentido individual y en un sentido genérico de concatenada universalidad.

Rompiendo los marcos antiguos y enclaustrados, la red de redes trae la aportación secreta de religarnos a todos mediáticamente y la virtud de borrar muchas fronteras ventajosas para unos pocos y de acercarnos a esa utopía política que es la equidad social. La televisión convencional, sin embargo, obedece a otra axiología dominante ya desfasada con esta concomitancia superior y multi simultánea de 24 horas que ofrece la Internet. La democratización de la televisión debe empezar por nosotros y no esperar por las iniciativas corporativas, ejecutivas ni tecnológicas. Nosotros somos los obreros de las palabras y las imágenes que allí se trasmiten. Nosotros estamos llamados a diseñar prototipos humanos superiores, verdaderos redentores de conciencia, que luego se conviertan en patrones y modelos de conducta a seguir por la teleaudiencia. Recordemos a José Martí, el gran humanista del siglo XIX latinoamericano, quien nos advirtió que “la educación comienza en la cuna y termina en la tumba… Edúquese lo superior del hombre para que pueda, con ojos de más luz, entrar en el consuelo, adelantar en el misterio, explorar en la excelsitud del oro espiritual” (18).

Si el individuo latinoamericano está viendo las 24 horas del día historias acerca de sujetos empobrecidos por la miseria del ego, cargados de ambiciones, esclavos de sus deseos, desbordados en apetencias y necesidades fetichistas,  adorando seudosatisfactores tales como el automóvil, la mansión y la moda, nunca este sujeto social será catapultado a entender que existe la posibilidad de otro modelo de vida, de otro diseño que abandone ese estatus psicológico, individualista, de poder y egoísmo, para entender que está religado de mejor y más misteriosa manera a todas las cosas. Y en esa nueva postura reside la verdadera condición religiosa, no en el ejercicio de los ritos y convenciones de las instituciones de la fe. Esa nueva religiosidad debiera ser rescatada por los medios e infundirse en la teleaudiencia. El modelo de un hombre que por estar religado a todas las cosas del cosmos, de la sociedad, del mundo microfísico subatómico, del mundo físico mecánico de los sentidos y del macrocosmos, está concatenado como una pieza de un gran sistema que funciona interrelacionado a perpetuidad. Por esa razón es también el hombre poseedor de esa fuerza creadora que es a lo que le temen y lo que asusta a los sistemas dominantes. Porque ese saber, inevitablemente, convierte al sujeto en un hombre libre, en un revolucionario, un reformista que quiere cambiar el statu(s) quo, o en un monje que disfruta la pasividad, improductivo desde el punto de vista del mercado como entidad regente; un hombre más pendiente de la contemplación, del ocio y del conocimiento, que empieza a querer establecer una vida austera e higienizada donde el valor de las cosas es sinónimo del provecho espiritual o de beneficio psíquico, del crecimiento de su felicidad, y no en correspondencia de su poder adquisitivo o sentido de la ganancia.

Cuando hayamos esbozado en una telenovela esos prototipos humanos, estaremos fomentando una ciudadanía menos cargada de atavismos. Porque tanta brutalidad y dependencia del mundo material tiene al sujeto social fragmentado, dividido -la raíz de cualquier neurosis-, convirtiéndolo en un hombre segmentado, partido en pedazos, con un sueño en su corazón distante e irreconciliable con el sueño del cerebro y, ambos a la vez, divorciados de las metas y apetencias que le desencadenan la publicidad y la mercadotecnia. El hombre avasallado, esclavo y zombi no será nunca capaz de sincronizarse con las complejidades de la vida para la nueva era de acuario, este nuevo milenio regido por un paradigma sistémico y holístico que está demostrando la sincronicidad oculta y misteriosa que existe entre todas las cosas sensibles a nuestros sentidos o no. Entretener pero no timar debería ser la lógica de la nueva televisión mexicana. Le debemos un respeto al tiempo ocioso del espectador, ese resquicio a donde huye del desgaste que le provoca la jornada laboral y las tensiones sociales. Y cito a E.M. Cioran: “La percepción de la eternidad es lo que la actividad frenética y el carácter trepidante del trabajo ha destruido en nosotros” (19).

Basta de intoxicarle la mente a la teleaudiencia con contenidos vacuos. Basta de exhibir como en un circo de monstruosidades a los asesinos, los macabros, los oportunistas, los idiotas, los llorones, los extorsionistas, los nuevos ricos de fortunas mal habida; los traidores, los villanos deformes de una sociedad que apenas reconoce su fracaso moral pues no encuentra la sustancia ética ni siquiera en la ley, esa sustancia que en el pasado le proporcionó la Iglesia con la doctrina del castigo y de la excomunión. Basta de enfrentar a los habilidosos contra un ejército de ingenuos, arribistas, ambiciosos, codiciadores de la riqueza ajena, narcotraficantes, seres indolentes con la muerte, usureros del placer. Basta de promover la enajenación o el acto de la compra como una metáfora de libertad y de mandar al espectador a un callejón sin salida, reiterativo y analgésico. Basta de que sólo los bellos tengan oportunidades y de fabricarle alas al distrófico sueño americano. Basta de adorar y de identificarse con las figuras de los martirios seculares o recientes. Ayudemos a que la humanidad latinoamericana recobre la fe en el hombre. Encausemos el sacrificio humano en pos de conquistar los territorios del saber, de la armonía social y del bienestar equitativo en la colectividad. E.M. Cioran tenía razón cuando dijo: “Todos los fracasos históricos fueron seguidos de un auge del escepticismo. El esplendor intelectual del mundo antiguo se apagó con la penetración del cristianismo. Era inconcebible que mentalidades cultas se aficionaran a un ideal tan ingenuo” (20).

Se impone una nueva perspectiva de lo mediático y del género de la telenovela e incluso de la serialidad dramática actual, pero hay que  romper con la mediocridad del barniz, de las tramas fáciles, de las subtramas predecibles y obvias, de los formalismos anquilosados y del  kitshc en los peinados, las decoraciones, la luz, la puesta en escena, los diálogos. Hay que cambiar la lógica de los conflictos en blanco y negro que glorifican las malas experiencias de los protagonistas idílicos, de los oponentes aborrecibles. Decía Pascal que nuestros hábitos son nuestra segunda naturaleza, por tal motivo hemos de cuidar cuáles costumbres fomentamos. Tenemos el reto de cosechar una buena siembra o recogeremos frutos malogrados. La humanidad entera necesita menos dopamina y más serotonina, menos adrenalina y más endorfinas. No necesariamente la telenovela debe hacer llorar, de suerte también puede hacer reír. Y regreso a Beltrand Russel: “El buen carácter es, de todas las cualidades morales, la que más necesita el mundo. Y el buen carácter es la consecuencia de la tranquilidad y la seguridad, no de una vida de ardua lucha” (21).

 

Muchas gracias

Ponencia de Ernesto Fundora Hdez.

VII Cumbre Mundial de Telenovelas.

Bogotá, noviembre 18 de 2009.

Hotel Dann Carlton.

 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

 

  • Seis ensayos en huelga. Colección Versus. “Vivir a contrarreloj”. Theodor W. Adorno. Pág. 86. Tumbona Ediciones. México 2008.
  • Ídem. “Elogio de la holgazanería”. Beltrand Russell. Págs. 69-70. Tumbona Ediciones.
  • Psicología de la posible evolución del hombre. Piort. D. Ouspensky. Editorial Solar. Pág. 41. Bogotá 2004.
  • Ídem. Pág. 42.
  • “Telenovela: relato cotidiano y configuración de identidades”. Betty Martínez, María Cristina Asqueta, Clarena Muñoz Dagua. Corporación Universitaria Minuto de Dios, Bogotá (Colombia). Google. http://www.alaic.net/VII_congreso/gt/gt_16/gt16%20p14.html
  • Teorías de la comunicación de masas. M.L. Defleur y S. Ball-Rokeach. Paidós Comunicación. México 1982. Pág. 297.
  • Ídem. Pág. 279. “La teoría del cultivo”.
  • El susurro del lenguaje. Roland Barthes. Paidós Comunicación. Barcelona 1987.Pag301. Lectura de Brillat-Savarin.
  • Revista Letras libres. Octubre 2009. NarraTV. México.
  • Annie Leonard, Documentary The story of stuff. http://www.youtube.com/results?orig_query=the+story+of+stuff&search_query=la+historia+de+las+cosas&orig_query_src=2
  • Cultura Visual Digital. Andrew Darley. Paidós Comunicación. Barcelona 2002. Pág. 111. “Imagen transparente y recepción frenética”.
  • Ídem Pág.117.
  • Ídem. Pág. 115,116,117. “Eco y Jamenson: repetición y superficie”.
  • “Martí y el Orientalismo”. Gustavo Pita Céspedes. Centro de Estudios Martianos. Conferencia. La Habana , 2003.
  • Diálogos Borges-Sábato. Compaginados por Orlando Barone. EMECÉ EDITORES. Bs. As./ 1996. Pág. 28.
  • Apocalípticos e integrados. Humberto Eco. Tusquets. “Estructura del mal gusto”. Pág. 84 y 86. México 1995.

     16ª-El protestantismo es un fenómeno religioso, y como manifestación de la vida espiritual, está marcado por las características de la realidad social en la que está insertado. El protestantismo parece las más de las veces otro instrumento del poder que favorece el mantenimiento del orden de cosas y el culto del gran  líder. No hay dudas de que el protestantismo influyó en la formación del capitalismo americano, pero Max Weber exagera el papel de su influencia cuando lo presenta como un fenómeno determinante en la vida social americana, aunque su papel haya sido y siga siendo regente en la vida de América, lo es en el sentido de que encauza una tendencia más profunda que es en sí la determinante. La televisión, el cine y el protestantismo y otras tantas cosas más, dependen finalmente de esa tendencia social y son determinados por ella”. ( acotación de Gustavo Pita Céspedes)

 

  • Demián. Hermann Hesse. Editorial Tomo. México 1998. Pág. 140.
  • “Martí y el Orientalismo”. Gustavo Pita Céspedes. Centro de estudios martianos. Conferencia. La Habana, 2003.
  • Seis ensayos en huelga. Colección Versus. “La maldición del trabajo”. E.M. Cioran. Pág. 90. México 2008.
  • Conversaciones. E. M.Cioran. Tusquets. Pág. 174. Barcelona 2005.

21- Seis ensayos en huelga. Colección Versus. “Elogio de la holgazanería”. Beltrand    Russell.  Pág. 74. Tumbona Ediciones. México 2008.