Ayer un intelectual mexicano lastimó mi amor patrio diciendo que Cuba se merecía a un Fidel Castro porque nuestra nación carecía de mitos fundacionales y que, por ende, el tirano venía a ocupar ese vacío. Tuve que sacar el sable y contarle brevemente “la historia del tabaco”. Aquí les va mi liturgia chauvinista dedicada a mi padre LÁZARO FUNDORA BORDÓN que está cumpliendo 82 años.
Pocos pueblos tienen la cándida y enfermiza vanagloria que presume el pueblo cubano. Creernos una isla bella, “la perla de las Antillas”, “la tierra más hermosa que ojos humanos han visto” , “la llave del Caribe”, marca indeleblemente nuestro mito fundador, una auto conciencia estética de esplendor iniciático que nos define como un narciso que en pleamar se escurre tras las bondades de sus aguas. Porque esa singularidad, reconfortante, enfatiza nuestro paréntesis ventajoso de ser isla, rodeada y bendecida por la circunstancia del agua cachondeando por todas partes. Saberse hermosa ha sido nuestro pilar nacional, nuestro talismán, la evidencia de un destino manifiesto. Incluso hemos logrado prescindir de lo divino para conjeturar esa autoestima. Nos sabíamos bellos antes que la Virgen Oshún se asomara en nuestro cielo, flotando sobre las aguas de la bahía, celadora insuperable de todos nuestros naufragios. Cuba se sabe luz, Cuba se sabe relámpago, Cuba se sabe trueno, Cuba se irriga como las aguas. Los dioses, los conquistadores, los foráneos y los aventureros llagaron a confirmarnos lo que ya sabíamos gracias al reflejo especular y erógeno de sus aguas. Por eso el mundo se asoma allí, por eso casi todos han ido a bebernos como el sediento se zambulle en el manantial buscando alivio, allanando las mil y una satisfacciones.! Qué mejor mito fundador que saberse elegida por y para lo bello, ese absoluto que solo compite con la alegría que lo engendra! Gustarse sobremanera a sí mismo es un don que acompaña al cubano desde que gatearon sobre nuestras dulces yerbas los primeros indios. Cuba tiene una misión y los cubanos la acometemos bailando y llorando, con desazón y martirio, al son obstinado que solo bailan las hormigas. Gozamos nuestra rabia, aceptamos con gloria nuestra buena y mala suerte. Desconocemos el por qué de tamaño designio, pero lo acometemos semejante al monje que obedece una voz superior. Portamos el gen de la desmesura aquilatado por el arquetipo de la ternura. Antes de que el sol se arrodille en el horizonte, los cubanos llevamos a cabo nuestros sueños como un Sísifo empujando su piedra sobre las aguas, a veces surfeando, a veces norteados, a veces como una trucha que se cree salmón y navega a contracorriente. Nunca nos socava el hundimiento. Epicuro pudo haber nacido en Cuba, Buda se hubiera iluminado a la sombra de una palma real, pero no hizo falta semejante hipérbole porque en Cuba nació Martí. Vayan a singar a otra parte y déjennos hacer nuestra propia historia, porque Fidel Castro es apenas un punto y coma en nuestra trama, un charco a superar en nuestras andanzas. Lo que viene en camino es “coquito con mortadela”, la fiesta de la reverberancia, encandilación diluviana. Cada pueblo reconoce la forma en que debe cumplir su misión en la tierra. El cubano nació para llevarse la cerca. Tíralo como quieras que siempre cae de pie.
Ernesto Fundora Hdez
Col. Del Valle. CDMX. Nov 2022.
